viernes, 22 junio 2018, 07:37
Martes, 22 Diciembre 2015 06:25

Brasil: No hay peor “cuña” que Cunha

Escrito por  Arnaldo Musa, especial de CubaSí
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Eduardo Cunha Eduardo Cunha

Portaestandarte del Imperio en el Congreso, el multimillonario Eduardo Cunha se desprestigia aun más y hace perder fuerza al movimiento golpista contra Dilma Rousseff

 

El tiro le ha salido por la culata al principal promotor local del “golpe blando” que se incoa contra la presidenta brasileña, Dilma Rousseff, al salir a la luz más pruebas de su participación en variados escándalos corruptos, el más notorio el de Petrobras.

A pesar de salir indemne hasta ahora, sin tener que dar cuenta a nadie de sus fechorías, la policía allanó una de las mansiones del presidente de la Cámara de Diputados, Eduardo Cunha, y la Fiscalía se dispone a montar un proceso aun más fuerte en su contra, en los momentos en que este hacía penetrar una “cuña” en el quehacer oficial de Dilma, con repercusiones negativas para el Partido de los Trabajadores y su líder y expresidente Luiz Inácio “Lula” da Silva.
Cunha podría perder su cargo, al iniciar la cámara baja un proceso de destitución por haber recibido un soborno de cinco millones de dólares, a fin de facilitar contratos para la construcción y uso de embarcaciones sonda para la estatal Petrobras.

La Justicia de Suiza también aportó pruebas concretas de la existencia de cuatro cuentas bancarias asociadas a Cunha en el país europeo por valor de 9,6 millones de reales (2,55 millones de dólares).

Se habla de la manifestaciones promovidas por Cunha y la extrema derecha, con el consentimiento ingenuo o cómplice de la ultraizquierda -como se quiera estimar- contra la Presidenta, pero están siendo más nutridas y numerosas las que lo rechazan a nivel nacional, mientras Dilema recibe el apoyo de miles de jóvenes ante el proceso jurídico que se trata de abrir en su contra para deponerla.

Los millones de dólares de Cunha y el apoyo de la oligarquía lo han hecho hasta ahora inmune, pero tiene en su contra la unanimidad del país, y estimo que es cuestión de tiempo para que se defina cuando termina su gestión.

FARSANTES

Para el Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), que no es una cosa ni otra, sino un ardoroso defensor de las tesis neoliberales implementadas durante las dos presidencias de Fernando Henrique Cardoso, lo único que importa es alcanzar, por la vía de un golpe en el Congreso, lo que las urnas electorales le negó en cuatro ocasiones consecutivas.
Para eso cuentan con el respaldo de dos partidos de derecha. Y en este punto surge la gran incógnita: ¿cómo se situará el Partido del Movimiento Democrático Brasileño, el PMDB, al cual pertenecen tanto Cunha, como el del presidente del Senado y del Congreso, Renan Calheiros, además del vicepresidente de la República, Michel Temer?
Vale recordar que tanto Cunha como Calheiros han sido denunciados ante la Corte Suprema por cobro de coimas y participación en escándalos de alta corrupción. El caso de Cunha, como explicamos antes, está más avanzado, y su destino está sellado: o pierde el mandato por decisión de sus pares y va a dar con las costillas en la cárcel, o padece el mismo destino por decisión de la Corte Suprema.

La investigación sobre Calheiros va más rezagada, y eso se explica por su larga trayectoria de experimentado negociador en las tinieblas, de los que no dejan pistas o pruebas (o creen no haberlas dejado).

Analistas brasileños coinciden en considerar que Cunha, dispuesto a no morir solo, tratará de manipular la Cámara a su libre albedrío, intentando al mismo tiempo postergar su fulminación y fulminar a la mandataria. Calheiros persistirá en un juego nebuloso: tanto puede favorecer como perjudicar a Dilma. Surge, entonces, el tercer y más grande misterio: ¿cómo se portará Michel Temer, quien, en caso de destitución de la mandataria, asumiría la Presidencia de la República?

Callado y discreto, se reúne constantemente con líderes empresariales y los más altos dirigentes de la oposición. No hizo ningún comentario, pero quedó claro, para analistas políticos y estrategas de Dilma, que su vice está estructurando la base de apoyo de lo que podrá ser su gobierno.

Al mismo tiempo, trata de auscultar a su partido, el muy fraccionado PMDB. Si detecta que la mayoría apoyará la destitución de Dilma, se sumará a los rebeldes. Si ve un escenario nebuloso, mantendrá su silencio a espera de que el panorama se defina. De una manera u otra, deja claro que no respalda a la mandataria amenazada.

Pero estos peones imperiales no han contado con que ni la intensa propaganda controlada por la reacción, ni planes en los que participan elementos mercenarios han podido impedir la intensificación de las manifestaciones en favor de la Presidenta, mientras disminuyen las contrarias.

Y es que, pese a la fuerte ofensiva enemiga, Dilma Rousseff, mantiene su postura de no rendirse y tratar de cumplir los restantes tres años de su mandato, en los que pretende rectificar errores, combatir las consecuencias de la crisis económica mundial que afectan a Brasil y mantener programas sociales que han beneficiado a millones de brasileños.

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