viernes, 22 junio 2018, 11:41
Viernes, 04 Diciembre 2015 01:33

MIRAR(NOS): Nostalgia sí, porque ayuda a crecer

Escrito por  Liz Martínez Vivero/Especial para CubaSí
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Por segunda vez, ahora lo recuerdo bien, he subido a un barco. Y en esta oportunidad también se respiraba el olor a mar, confundido con nostalgias, «adioses» e incluso, aún más fuerte, con la turbia sensación...

 Ante esta vela que parte yo solo sé que me quedo…

Nicolás Guillén

 

Por segunda vez, ahora lo recuerdo bien, he subido a un barco. Y en esta oportunidad también se respiraba el olor a mar, confundido con nostalgias, «adioses» e incluso, aún más fuerte, con la turbia sensación que dejan los recuerdos.

 

Reivindiqué mis propios «hasta luego», evoqué despedidas acaso porque caí en el rejuego de esa casa navegante que aleja de todo y, al mismo tiempo, nos acerca.

 

Pensé en mi abuelo pescador y en el azul de su desvelo. Imagino sus noches, con poquísimas lunas para iluminar el siempre complicado trayecto que imponen las olas y más que ellas, lo desconocido, o por lo menos aquello tan distante de nuestros dominios.

 

No en vano los nórdicos nunca viajan de noche. Antes bien, prefieren atracar su barco al atardecer y esperar hasta el alba. Me consuelo con la idea de que es un temor recurrente, universal y sólido, tan grande como una casa.

 

En su inmensidad, siempre el mar me ha parecido lo más idéntico, así de forma tangible, a la nostalgia. Remota y profunda toda vez que también puede, en lo más hondo, convertirse en algo peligroso, siempre está ahí, como expectante, y somos nosotros, en nuestro afán de medir las fortalezas interiores, los que vamos hacia ella.

 

Hace unos días aprendí una frase nueva de la mano de la poetisa y narradora Rosa Montero. De esas formas en que te puede enseñar alguien a quien no conoces, supe que la frase ideomática ships passing in the night (barcos pasando en la noche, en el español de Cervantes) tiene que ver con los desencuentros que el azar procura. ¿Tantos no? Argumentaba ella que es fácil visualizar dos grandes trasatlánticos cuajados de luces cruzándose en el mar, demasiado lejos el uno del otro, y perdiéndose lenta y majestuosamente en la noche, sin haber tenido conciencia de la existencia del otro.

 

Hasta hoy se han rodado decenas de películas románticas y se han escrito muchas más novelas rosa con idénticas curvas dramatúrgicas; siempre el bueno es muy bueno; el malo, muy malo, y los protagonistas cargan con el mundo a sus espaldas, incluso la naturaleza se interpone en el que luego descubrimos que era inevitablemente su desenlace feliz. Excepto Romeo y Julieta, desde entonces a la fecha, no mucho ha cambiado en materia de romance.

 

A causa de tanta «repetidera» disparatada sería complicado creer en el asunto de la media naranja, al fin y al cabo, no del todo descabellado ni infantil.

 

Científicamente hablando, el ser humano, incluso por cuestiones reproductivas, necesita querer y sentirse querido como una premisa de su vida o en la justificación de su existencia.

 

No es difícil reciprocar afecto, lo realmente complicado es brindarlo cuando no lo recibes y dejar de lado tus sentimentalismos, pero, en lo que pudiera resultar paradójico, sin poner freno a tu barco y a expensas de que te pueda carcomer hasta los huesos la nostalgia.

 

Si todo acaba, valga aclarar, si todo acaba. Porque no podemos ir por la vida pensando en el final. Hay que pensar en principios. No puede uno privarse de caminar por la arena, a sabiendas de que se borrarán las huellas, porque impetuoso y colérico, el mar siempre borrará las pisadas, pero en lo más hondo, a voz en cuello o con ella quebrada por la emoción, lo más saludable siempre será crecer.

Visto 1327 veces Modificado por última vez en Viernes, 04 Diciembre 2015 11:40

Comentarios  

 
#4 H 05-12-2015 11:01
Yo, me gusto mucho tu comentario tambien, esta vez liz me puso todos los sentimientos a flor de piel, imagino todos los que lean este articulo sentiran lo mismo, pero sin dudas como dices uno no se puede detener hay que seguir caminando con la vida un saludo para ti. me identifico con tu nostalgia.
 
 
#3 H 05-12-2015 10:56
Créeme que le huyo a la nostalgia y me fue imposible leer tu articulo sin sentirla y sin echar una pequeña lagrima, fue genial la forma en la que lo enfocaste, pero no tanto la forma en la que me sentí al leerlo, nos pasamos la vida dejando algo atrás y es como dices de las huellas en la arena hay que seguir caminando sin pensar en que las cosas se van borrando a tu paso, pero es muy difícil. Muy lindo tu escrito gracias. Saludos yo.
 
 
#2 yenny 04-12-2015 12:39
Maravilloso...G racias.
 
 
#1 yo 04-12-2015 09:16
Buen dia liz, esta estupendo tu articulo, perdido en el entramado de tus palabras veo delante de mi la nostalgia personificada por detalles repetidos que vienen ha desembarcar en mi vida toda vez que la tristeza tira ancla y recoge velas en mi puerto. En verdad la negacion ha seguir adelante luego de habernos encontrado con esta dama se nos hace dificil, pero hace algun tiempo aprendi algo con lo cual me despido de mi comentario,dice : "Si caminas, la Vida caminara contigo, si te detienes la Vida seguira caminando"...
 

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