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Miércoles, 28 Octubre 2015 06:02

Estrenos de cine: Xenia

Escrito por  Diana Castaños, especial para CubaSí
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Fotograma del filme Fotograma del filme

En Grecia la nacionalidad no se adquiere por nacimiento, sino por herencia paterna. Y si un padre no reconoce a su hijo, este puede ser deportado.


El conflicto de la cinta Xenia comienza justo en esta traba burocrática: Para no ser desterrados de Grecia, Dany y su hermano Odysseas, de 16 y 18 años respectivamente, viajan por Grecia buscando a su padre, un hombre griego que nunca han visto. Albaneses por parte de madre, los chicos son extranjeros en su propio país y esperan que su padre los reconozca para obtener la nacionalidad griega.


Panos H. Koutras, bautizado como “el Almodóvar griego”, muestra en Xenia una Grecia muy alejada de las ruinas arquitectónicas que le han merecido la envidia mundial y de las tragedias griegas que han marcado hito en la cultura universal. La Grecia de Koutras se mueve entre el maremoto económico, ideológico y social. Él, en tanto, se acerca  a la realidad desde una órbita que hace maravillosos equilibrios entre el fiel retrato de historias de vida de gente común y el más punzante surrealismo.


La película se fabrica con un hilo argumental que propone tres miradas distintas, que se complementan orgánicamente entre sí: primero, la subjetividad e introspección de la pareja protagonista; después, la enajenación a un universo paralelo mágico en el que suenan todo el rato canciones de Patty Pravo como mecanismo de defensa ante el mundo inhóspito que rodea a la adolescencia; por último, un recorrido descarnado por las secuelas sociales y psicológicas de un país que vive en crisis.


Es una historia que cambia de tono constantemente, que pasa del melodrama al thriller con la misma facilidad con que recorre los caminos de una road movie o los de una comedia musical, de la crónica social a una película fantástica. Sin embargo, contrario a lo que pudiera pensarse, Xenia sale ilesa de su ambición: a pesar de sus muchos temas y sus muchos tonos la cinta conserva un frescor y una pureza que conmueve, sobre todo por la verdad que hay en la desolación de esos chavales, enfrentados solos ante el mundo.


También, y en algún trasfondo del filme, los excesos sociales se desahogan: la xenofobia, la homofobia, la intolerancia hacia religiones no cristianas, la prostitución como mecanismo rápido y efectivo para obtener dinero. Pero no son estas las principales costuras de Xenia, son más bien un decorado social que certificada dramaturgia.


Película divergente, peculiar y extraña, trata varios temas sensibles y peliagudos con la tranquilidad de quien quiere sugerir no imponer. La asfixiante pobreza, la desestructura familiar, el llanto desesperado de ayuda urgente, la valentía de la homosexualidad, la incertidumbre del extranjero... Todo ello se muestra en Xenia con un ritmo activo, alegre y fresco, sin llanto ni apenas esfuerzo.


Y a pesar de todo, las ansias de vivir como telón de fondo. Ese optimismo que cura cual bálsamo: “Somos extranjeros en todas partes, pero en todas partes tenemos un hogar”.  Energía inusitada, plena de carisma y de originalidad, que logra una empatía a toda prueba con los protagonistas.


La misma empatía que logra el vívido compás de todas las escenografías deliciosas que hacen los dos hermanos protagonistas de las canciones italianas. Danzan con el descuido fogoso de la juventud, ese que no ha tenido aún el tiempo suficiente para pecar, pero sí para padecer los sinsabores de un mundo que no construyeron, pero que los construye.


Xenia, amabilidad en griego, quizás clame precisamente por eso. Sin excesos melodramáticos, sin reflexiones que aturdan. La cinta pone el dedo en la llaga, y ante su certeza tan solo podemos asentir… Tan solo vivir entre la gentileza y la cortesía, ¿acaso no es un pedido universal?

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