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Jueves, 15 Octubre 2015 09:36

Relaciones Públicas e inclusión en América Latina: escala en Medellín (+ Fotos)

Escrito por  Daynet Rodríguez Sotomayor/Fotos: Elisa Alfaro y Daynet Rodríguez
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En esta ciudad colombiana, donde el trabajo de imagen parece haberle cambiado el rostro a la que hasta hace muy poco era conocida en todo el mundo como la capital de la narcoviolencia, se reunieron profesionales, académicos y estudiantes de todo el continente, en el XXX Congreso Internacional de la Confederación Interamericana de Relaciones Públicas, CONFIARP 2015.

 

Medellín, la ciudad de la eterna primavera y el motor industrial de Colombia, no muestra a simple vista la cara del terror. El trayecto de 45 minutos desde el aeropuerto es una montaña rusa de curvas zigzagueantes, que termina en un valle intramontano, a 1475 metros sobre el nivel del mar, y en una estela monocorde de modernos edificios, altos y rojos, por la característica construcción de ladrillos, que más tarde sabré es un material abundante en la zona.

 

Joven, si se compara con otras ciudades latinoamericanas, Medellín apenas tiene huellas del pasado colonial, ni construcciones e iglesias espectaculares de la época española. Lo que impresiona, entonces, es su trazado urbanístico y cómo bajan en cascadas, por las laderas mismas de las montañas, las moles de 20, 30 pisos, en un alarde de ingeniería e innovación.


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Precisamente en esta ciudad colombiana, donde el trabajo de imagen parece haberle cambiado el rostro a la que hasta hace muy poco era conocida en todo el mundo como la capital de la narcoviolencia, se reunieron profesionales, académicos y estudiantes de todo el continente, en el XXX Congreso Internacional de la Confederación Interamericana de Relaciones Públicas, CONFIARP 2015, auspiciado por la Corporación Universitaria Remington y la Alcaldía de Medellín, entre otras.

 

La Confederación Interamericana de Relaciones Públicas, CONFIARP, nacida hace 55 años en Ciudad México, busca el fortalecimiento del ejercicio profesional de las Relaciones Públicas y apoya, decisivamente según sus miembros, los esfuerzos gremiales en América Latina y el Caribe. Esta vez convocó durante tres días a unos 300 participantes para analizar las mejores prácticas y las dinámicas más actuales de las relaciones públicas en la región, así como las posibilidades de la disciplina para viabilizar la inclusión social.


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Cuba, presidente pro-tempore de la CONFIARP para el período 2014-2016 por intermedio de la MSc  Rosa María Pérez, abogó por mirar las Relaciones Públicas como el ejercicio del respeto a las diferencias y como otro esfuerzo en los anhelos de integración de América Latina y el Caribe.

 
La también presidenta de la Asociación Cubana de Comunicadores Sociales, expresó en sus palabras de apertura que las Relaciones Públicas son una demanda cada vez más creciente en el continente, y consideró que se ha elevado la conciencia por la investigación para legitimar la profesión.

 

Por su parte, el Profesor James Grunig, reconocido como el Padre de las Relaciones Públicas modernas y actual catedrático de varias universidades norteamericanas, disertó en la intervención inaugural sobre la gestión de las relaciones públicas hacia la inclusión desde un enfoque empresarial y desde la escuela tradicional, burguesa, que ha dominado la academia y los debates.

 

En el encuentro se propiciaron paneles gremiales y empresariales para debatir sobre la responsabilidad social de las empresas en la inclusión; y como tendencia, los conferenciantes y expertos mostraron cómo se ha dejado de lado el paradigma de que las Relaciones Públicas forman parte del Marketing para asumir una visión holística de la disciplina. Y también hubo destellos de que las Relaciones Públicas pueden comenzar a ser vistas en América Latina y el Caribe como una herramienta más en el arduo camino de la integración.

 

Realidades y desafíos

 

¿Cuál es la realidad de las Relaciones Públicas en América Latina, tanto en la academia como en la vida práctica? ¿Cómo mostrar en el imaginario a un continente con realidades tan parecidas y a la vez, tan diversas?

 

Para el investigador español José Daniel Barquero, conferenciante en el XXX Congreso de la CONFIARP, el ejercicio de las Relaciones Públicas no solo en América Latina sino a nivel internacional, encuentra un escenario cada vez más complejo:  “¿A qué nos enfrentamos? A una competencia cada vez más feroz para obtener imagen de marca por parte de los medios de comunicación, las organizaciones, las empresas y empresarios, y los políticos”, explicó.

 

La doctora en Ciencias María Aparecida Ferrari, docente e investigadora en la Escuela de Comunicaciones y Artes de la Universidad de São Paulo, cree que “la realidad de la comunicación corporativa en los países latinoamericanos es muy variada”.


En la región, un debate muy interesante se da en torno a la pertinencia o no de las asociaciones gremiales. En ese sentido, Lina María Alvarado, presidenta del Centro Colombiano de RRPP y Comunicación Organizacional (CECORP), las cree necesarias como voceras y representantes directas para respaldar y defender la profesión, e intercambiar ideas y compartir conocimientos, entre otros beneficios.


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Antonio Carlo Lagos, presidente de la Asociación Brasileña de Relaciones Públicas, coincide con ese criterio, y piensa que son esenciales  para “construir redes de integración de los mercados entre naciones, instituciones, profesionales y estudiantes utilizando estrategias políticas y acciones de comunicación”.

 

La práctica de Perú al respecto, es positiva: hace solo diez años existe una asociación gremial en Arequipa, pero desde entonces ha sido un factor clave no solo en la defensa de los derechos y la dignidad de los relacionistas públicos, sino también en la superación profesional de sus miembros.

 

Cuba, por su parte, mostró la experiencia de una Asociación de Comunicadores Sociales que se ha ido ganando un espacio en la sociedad y ha hecho renacer una disciplina que en algunos momentos perdió protagonismo, explicó en el panel de Casos de Éxito Rosa María Pérez. En la ACCS se agrupan hoy diseñadores, comunicadores, relacionistas públicos y otros profesionales y cuenta con disímiles soportes para el ejercicio y la divulgación de la profesión: revistas, sitio web, premios.

 

Además, la delegación cubana promovió entre los participantes en Medellín, el VIII Encuentro Internacional de Investigadores y Estudiosos de la Información y la Comunicación (ICOM 2015) y el IX Congreso Internacional Unión Latina de la Economía Política de la Información, la Comunicación y la Cultura (ULEPICC 2015) que organizan la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana y la Unión Latina de la Economía Política de la Información, la Comunicación y la Cultura (ULEPICC, del 7 al 11 de diciembre, en La Habana.

 

Mientras, con varios años de experiencia en la academia y en el servicio público, la doctora panameña Maritza Mosquera de Sumich, exministra, es toda una personalidad para contar la realidad de los canaleros. “En Panamá las relaciones públicas nacieron en los años sesenta, pero empezó primero como periodismo, y luego se introdujeron algunas asignaturas de relaciones públicas. Ya en los años 80 se crea lo que es la carrera de Relaciones Públicas y yo pienso que a partir de ese momento es que se puede hablar de profesionales de relaciones publicas”. Hoy, nos explica, viven un renacer de la disciplina, que la entusiasma. Y la pujanza se vio en la propia delegación panameña: la más juvenil, alegre, participativa, e inquisidora en los debates.

 

Integración, ¿el camino?

 

Varias veces se escuchó la palabra integración en el plenario: entre academia y empresariado, entre profesionales y públicos, entre gremios y empleadores, y en definitiva, entre los países. Y la Confiarp, coincidieron los participantes, juega un papel fundamental en ese objetivo.

 

Para el presidente de la Asociación Brasileña de Relaciones Públicas, está muy clara que entre las funciones de su gremio, y de los profesionales de las relaciones públicas, está “promover la integración de los pueblos”.

 

¿Cómo desde las relaciones públicas podemos aportar al orgullo de ser latinoamericanos?, se le preguntó a la doctora María Aparecida Ferrari, quien respondió: “Ayudando a construir una marca-país. Mi sensación es que eso se hace muy bien en Medellín. Yo no tengo que entrevistar a nadie, eso a mí me lo dice el taxista, el hombre de la calle. Y ese taxista tiene un orgullo y un amor por la ciudad y lo transmite. Las relaciones públicas trabajan la identidad y cómo se refleja en la sociedad. Nosotros somos únicos, somos latinos, no somos asiáticos, ni europeos, ellos tienen experiencia válida pero nuestra realidad es otra. Y deberíamos escribir más sobre nuestra experiencia. Lo que nos falta en este minuto es desarrollar contenidos que tengan que ver más con nuestra realidad”, en un criterio que insta a rebasar lo que nos ha venido escrito y ha sido norma desde las escuelas europeas, y norteamericana, para seguir construyendo un enfoque desde el Sur.


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En la introducción a su intervención en el panel de casos de éxito de inclusión, donde Panamá presentó el trabajo de relaciones públicas con su delegación a las Paraolimpiadas, la doctora Maritza Mosquera fue emotiva. Habló de los doscientos años de la Carta de Jamaica y del anuncio de una fecha para culminar el proceso de paz entre los colombianos, recién divulgado por esos días, para aludir a dos antípodas en la historia de nuestro continente, donde todavía estaban por cumplirse grandes sueños: el de la inclusión y de la integración. Y confió al auditorio su esperanza de que los profesionales de las relaciones públicas en América Latina y el Caribe contribuyan más en la consecución de esos sueños.

 

El Congreso Internacional de Relaciones Públicas de la CONFIARP cerró sus puertas con la entrega de los premios Chasqui y CECORP a personalidades e instituciones relevantes de la disciplina en la región, y la convocatoria al próximo encuentro en Río de Janeiro, Brasil, en el 2016.

 

La ciudad y su gente

 

Tras la clausura, los organizadores nos reservaron un recorrido por las zonas más conocidas y publicitadas de la ciudad. Al extranjero, Medellín le ofrece un clima cálido y una amabilidad desbordada, mientras la obra del maestro Fernando Botero está en todas partes para convertirse en una marca-ciudad y un aliento: el parque Botero, con sus 23 estatuas al aire libre, que el artista recubrió con pátina, una técnica que protege del sol y la lluvia pero no inmuniza frente al sudor que aquí y allá ha bronceado y aclarado los pedazos más manoseados y cercanos a la gente, como la "gorda" de Botero, que le da la espalda al Banco de la República, para sus habitantes una burla a los comadreos financieros. O el famoso monumento a la barbarie, donde yacen dos obras del maestro: las palomas de la guerra y la paz. La primera, mutilada por una bomba puesta allí en un día de concierto que dejó cientos de muertos, una obra sin reparar por deseo expreso de Botero, para que nunca se olvidara la tragedia; y la segunda, símbolo de un nuevo tiempo.



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Todos, lugares de encuentro de jóvenes y viejos, de madres que retratan a sus hijos, de cientos de vendedores ambulantes que te imploran que compres algo, de bellísimas artesanías de la cultura paisa: sombreros, ponchos, chivas (camioncitos); de réplicas de las esculturas de Botero, de jugos y un guarapo que en realidad es nuestra limonada.

 

No se puede palpar en cinco días el alma de una ciudad. Probablemente solo vimos la vitrina, lo típico. El circuito turístico solo enseña la opulencia y esconde la pobreza. Pero una cosa sí sentimos: el paisa, el antioqueño, el habitante de estas tierras, es un ser noble, atento y preocupado por la seguridad del visitante, orgulloso de su cultura y de sus costumbres.

 

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Las huellas del horror no son visibles pero siguen, de alguna manera, latentes: en Medellín, en un lugar que no visitamos, se explora la fosa común al aire libre más grande del mundo, donde se supone que hay restos de unas trescientas personas. La prensa cuenta cómo diariamente muchos van al lugar a ver si por fin reciben alguna noticia de sus desaparecidos, y otros ni siquiera han abandonado la vigilia desde que comenzaron las excavaciones.

 

El propio día en que gobierno y guerrilla anunciaban el plazo de seis meses para firmar un acuerdo de paz, caminábamos por uno de los tantos centros comerciales de la ciudad. En los televisores, de todas las marcas y tamaños, una misma imagen se repetía: el presidente Juan Manuel Santos, en vivo desde La Habana, daba la noticia. Nadie se paraba a mirar. ¿Son los colombianos, los habitantes de Medellín, indiferentes? No lo creo. Me atrevo a conjeturar algunas razones de esa aparente insensibilidad: los centros comerciales están hechos para comprar, gastar, “despejar”, no para estas grandes emociones; la desconfianza de tantos años de conflicto ha dejado sin dudas sus marcas como para pensar que será distinto esta vez; y cada colombiano debe haber sufrido el dolor del conflicto, pero ese se conversa y se comparte en casa, entre los seres más queridos, los únicos capaces de entender de recelos y esperanzas.

 

A nosotras, par de cubanas que viajamos como delegadas al Congreso, nos confundían con costeñas, de Barranquilla, Cartagena, Santa Marta, por nuestro "hablar tosco", pero cuando decíamos ¡Cuba!, más de uno iluminaba su rostro y hacía el intento de chocar sus puños con los nuestros, en señal de respeto y cariño.

 

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Medellín nos dejó, igualmente, el recuerdo de su tráfico trepidante y de los artistas callejeros en sus semáforos, que ofrecen su arte a cambio de unos pesos; la energía y familiaridad de la Plaza de los Pies descalzos; la admiración por la belleza típica del Pueblito Paisa y su mirador a la ciudad, los deseos que desde el bus lanzamos a la Plaza de igual nombre, y la temprana nostalgia por una ciudad acogedora y, a su manera, hermosa.

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