jueves, 26 abril 2018, 15:21
Sábado, 10 Octubre 2015 06:38

Vivir muchas vidas en una sola

Escrito por  Liz Martínez Vivero/Especial para Cubasí
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Lo conocí con otro nombre y también en otra profesión. Luego fue Lavinia, la salvaje y el día en que conversamos era Macbeth: en otra de esas transfiguraciones que logran poquísimos actores como Falconerys Escobar.

 Con todo y capa señorial accedió gustoso al diálogo con CubaSí.

Lo conocí con otro nombre y también en otra profesión. Entonces vestía la piel de Don Juan de Prado, Malleza Portocarrero y Luna, Cisneros, Girón, Bravo y Laguna, Mariscal de campo de los ejércitos de su majestad, Superintendente General de la Real Hacienda, Cruzada y Tavacos, Juez Conservador de la Real Compañía y Gobernador y Capitán General de la Isla de Cuba y de la ciudad de San Cristóbal de la Habana, y Director General de las Tropas y Milicias de la misma y de la Florida un personaje, cobarde por definición, que en efecto había existido en la Cuba de 1762.

 

Luego fue Lavinia, la salvaje y el día en que conversamos era Macbeth: en otra de esas transfiguraciones que logran poquísimos actores como Falconerys Escobar. Con todo y capa señorial accedió gustoso al diálogo con CubaSí. Entre sus mayores credenciales exhibe los dos premios Caricato 2013, en las categorías actuación escénica humorística masculina  y protagónica de teatro, por su destacada participación en la obra El de la Mancha no va al paraíso, dirigida José Milián, Premio Nacional de Teatro.


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¿Cómo llegas a Pequeño Teatro de La Habana?

 

Llegó porque un actor que iba a trabajar con José Milián en una obra no trabajó. Él mismo me presentó a Milián que iba a montar una obra grupal que se llamaba Fastos del Infierno. Ya él me conocía y me dice que a partir de mayo iba a trabajar con él, y ahí se quedó. Luego me puse en contacto con él y me dijo que iba a actuar en la obra La Mancha no va al paraíso.

 

¿Qué recuerdas de aquella primera obra?

 

Fue una pieza que disfruté muchísimo, toca puntos neurálgicos y el personaje era muy bueno. Desde que yo leí el texto quería hacer ese personaje. Cuando yo llegué, los actores ya estaban para los personajes. Resultó que desempeñé el papel de Dulcinea, se mueve en una sillita de oficina, pero en un momento el personaje perdía la silla. Como yo era más alto que el Quijote permanecí sentado, montando coreografías, frenando la silla con los zapatos, que de paso digo, quedaron gastados completamente. Al principio incluso me caía de espaldas.

 

Antes de Pequeño Teatro…

 

Falconerys sonríe, seguramente en la evocación de un recuerdo no tan lejano. Antes de Pequeño Teatro había trabajado con Teatro Buendía de Irene Borges, con Ester Cardoso, también con Mefisto Teatro… hice muchísimos cosas. Formé parte del elenco de Los siete contra Tebas y Por los caminos del mundo, donde obtuve un premio. Pequeño Teatro es un antes y un después. Milián me ha dado la posibilidad de excelentes personajes y muy buenos textos. Es importante tener un director que sabe lo que quiere, eso te obliga a buscar dentro de ti lo mejor para el personaje.


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De todos esos personajes…

 

Es difícil elegir uno, todos han sido muy buenos. Lavinia es un personaje adorable, los dramaturgos dicen que desde la construcción dramática es muy rico por sus contradicciones. Sin dudas de los mejores que he hecho en mi vida, a nivel de emociones y de despertar tantas cosas. Lavinia es capaz de sobreponerse a su dolor con tal de atender a los otros personajes. Tiene un momento final muy emotivo donde todos se despiden de lo que en algún momento han dejado ir.

 

¿Cómo se viven, a nivel personal, esos personajes?

 

Oí a un actor decir el otro día que caminaba por la calle e iba haciendo el personaje. Mis personajes siempre tienen un conflicto, algunas veces parecido al mío, pero diferentes en cuanto al contexto. No puedo ir por Línea pensando que soy Juan de Prado, dando órdenes y Lavinia (RÍE) es muy mordaz, a la vez simpática y yo soy más bien apagado. Cada personaje desde su concepción es diferente del otro. Cuando en el año haces varias obras te exige como actor a desarrollarte más, a dar más.

¿Qué ha representado entonces Pequeño Teatro?

 

Lo que más me gusta es la relación de trabajo con Milián, no permite dar menos que todo. No puedo ahorrar ni un gramo de emoción. Cuando llegué tuve que acoplar con la estética del grupo, musicalidad, expresividad del cuerpo, coreografías, creo que me he convertido en un actor más completo.



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¿Cuánto tiempo llevas actuando?

 

(Ríe) Ya caeríamos en temas de la edad, siempre me preguntan sobre la edad. Actúo desde los 15 años, llevo 17 sobre la escena. Parecen pocos pero cuando piensas que han sido 17 años trabajando entonces sientes una gratificación. Cuando terminé La toma... tenía una culebrilla producto del estrés, luego Lavinia la salvaje, igualmente intensa y ahora, en el plano físico, me siento un poco cansado, antes ensayaba un espectáculo por la mañana, otro por la tarde y uno por la noche.

 

Eres ahora mismo un actor de primer nivel ¿Qué te falta?

 

Me falta todo, no sé nada, no he aprendido nada. (Ríe) Lo que tengo claro es que estoy haciendo lo que siempre deseé. Creo que si algo me ha permitido esta carrera es vivir muchas vidas en una sola. La mayor tristeza que tengo es cuando termina una función y el teatro está vacío, esa incertidumbre que queda sobre si el trabajo si pudo o no cambiar la vida al menos de una persona que no te necesita para vivir pero que tú has llenado de luz.

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