lunes, 25 junio 2018, 15:13
Sábado, 03 Octubre 2015 09:30

Jorge Drexler: Repentista en La Habana

Escrito por  Paquita Armas Fonseca
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Alexis Díaz Pimienta, casi al despedirse, me dijo: «Mañana tenemos un encuentro con Jorge Drexler en la Casa de la Décima, te invito, pero ni entrevistas, ni nada: lo que él desea es disfrutar de Cuba».


Así arrastré el viernes a mi amiga,  la directora de audiovisuales, Iriana Pupo al encuentro. Ella estaba fascinada por una entrevista que le habían hecho a Díaz Pimienta aunque ninguna de las dos se confesaba fans de Drexler. Incluso, lo declaro, yo no recordaba que era el autor de Al otro lado del río, canción del filme Diarios de motocicleta, con la que ganó un Oscar y que no le permitieron cantar en la  ceremonia de las estatuillas porque era un cantante poco conocido. Por él lo hizo Antonio Bandera, hasta que al recibir el trofeo en vez de decir un discurso interpretó a capela una estrofa de su canción que, a propósito, compuso en pijama con  acompañamiento de guitarra y así quedó en el filme.

Fui una de las veinte o treinta personas que como colofón a un atardecer de poesía, escuché Al otro lado del río, a capela, en voz de su autor que enseñaba una sonrisa espléndida, luego de reír a carcajadas por las improvisaciones de los repentistas cubanos.

La tanda la comenzaron “los menos jóvenes” Laguardia y Aragón, que desgranaban sus versos en homenaje a Drexler, luego que Alexis lo presentara como un amigo de Cuba a distancia, deseoso siempre de pisar la isla y encontrando por el mundo a oriundos de nuestros país.

Le siguieron Rolando Ávalos, con ingrediente Pimienta y ganador de premios desde los 14 años, que “debatió” con Alex, el hijo intermedio de Alexis, otro pichón de repentista, a los que se unió el propio Alexis para contar en versos la historia de la casa vedadense, nido, de “la guajirá” habanera. El mayor de los pimienta dejó que “los chamas” cerraran y se enredaron, rieron, demostraron su agilidad, mientras un Drexler eufórico los seguía.

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Los hermanos Gutiérrez hicieron lo suyo y cuando se iban, Alexis llamó al mayor, a Héctor: “ven, hace tiempo que tú y yo no nos rascamos la espalda”, como se dicen los repentistas antes de un reto a puro verso.

Entonces fuimos testigos de esos momentos excepcionales que ocurren en una improvisación: uno terminaba, y el otro no lo aceptaba, ambos inmersos en la estancia de Alexis en España, que vive, como me confesó un día, “a caballo, entre Almería y La Habana”. Fueron unos cuantos minutos de competencia fuerte, agilidad mental, instantes humorísticos, que pueblan una controversia en la que se dicen verdades tan agudas como la vida misma. A Laguardia, sentado cerca, le escuché decir “esta es para la historia”, como hay otras que se transmiten de generación en generación.

El ambiente contagió a Drexler que improvisó algunas décimas ¡y yo no tenía una grabadora a mano, por hacerle caso a Alexis! El uruguayo aplatanado en España cantó, habló, de su añoranza por Cuba y entre tragos que no abundaban, pero había como en toda canturía, terminó desgranando versos, a este lado del río.

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