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Lunes, 20 Febrero 2012 15:44

Irán - Israel: La guerra improbable

Escrito por  Jorge Gómez Barata
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Sería difícil definir si las concentraciones aeronavales de Estados Unidos en el golfo Pérsico, el Océano Indico y el mar Arábigo son para amenazar a Ahmadineyad o para contener a Netanyahu.

 

Sería difícil definir si las concentraciones aeronavales de Estados Unidos en el golfo Pérsico, el Océano Indico y el mar Arábigo son para amenazar a Ahmadineyad o para contener a Netanyahu.

 

Se conoce que las posibilidades militares de cualquier país se sustentan en tres variables: capacidad para atacar, resistir y contraatacar. Israel puede atacar a Irán pero tal vez no pueda paralizarlo ni impedir su réplica que puede ser contundente.

 

Estados Unidos y Rusia son los países militarmente más poderosos porque a sus enormes capacidades de ataque basadas en fuerzas coheteriles y aeronavales estratégicas y grandes ejércitos mecanizados, suman una invulnerabilidad derivada de eficaces sistemas defensivos, capacidades industriales y poblaciones que les permiten recuperarse de los golpes iniciales, reproducir los medios perdidos y cubrir las bajas.

 

La profundidad estratégica del territorio de la Unión Soviética (22 millones de kilómetros cuadrados) anuló la estrategia alemana de “guerra relámpago”, estiró hasta lo insoportable las líneas de abastecimiento e hizo imposible la retirada. El dilema del Alto Mando Alemán, no era sólo cómo tomar las ciudades soviéticas sino llegar a ellas. Protegido por los océanos Atlántico y Pacífico, Estados Unidos, estuvo siempre fuera del alcance de Alemania y de Japón.

 

Entre otras cosas, soviéticos y norteamericanos ganaron la guerra porque fueron capaces de producir más barcos, tanques, aviones, y submarinos y de movilizar más hombres de los que alemanes y japoneses podían destruir o matar. La bomba atómica se fabricó a diez mil kilómetros de donde fue lanzada, en Nuevo México, un lugar inaccesible para el enemigo. Los tres artefactos atómicos utilizados costaron 2000 millones de dólares de entonces, cifra que sólo Estados Unidos podía gastar. 

   

Israel no tiene nada parecido a esas posibilidades. Con una extensión de 21 946 km² y un territorio donde la mayor distancia entre una frontera y otra es de poco más de 100 kilómetros y la menor de diez, sin bosques, grandes ríos  ni elevaciones que sirvan como obstáculos naturales que favorezcan su defensa y costas al Mediterráneo, es un territorio vulnerable.

 

Si bien el Estado judío ha suplido sus carencias con unas fuerzas armadas, aunque relativamente pequeñas, extraordinariamente motivadas, excelentemente entrenadas, con impresionante movilidad y dotadas con los más modernos armamentos suministrados en cantidades ilimitadas por Estados Unidos lo cual, unido a una doctrina militar ofensiva y a una eficaz capacidad de intimidación, le ha proporcionado un empuje impresionante y una enorme sagacidad para explotar el éxito. No obstante, Israel carece de aquello que los militares llaman profundidad estratégica.

 

Las fuerzas amadas de Israel han probado ser competentes para realizar operaciones relámpago en sectores terrestres, avanzar sobre sus adversarios con enormes masas de blindados, infantería mecanizada y miles de bocas de fuego con total dominio del aire, arrollando ejércitos árabes mal preparados con mandos incompetentes y escasamente motivados.

 

Lo nuevo es que ninguna de esas posibilidades son utilizables en una guerra contra Irán, situado a 1500 kilómetros y con tres estados de por medio y a donde habría que entrar por mar o aire para librar una lucha en teatros lejanos y soportar bajas que pueden sumar decenas de miles de hombres.

 

Anulada su mejor arma, que son las tropas terrestres mecanizadas, Israel subordinaría todo el éxito de sus operaciones contra el país persa a la eficacia de su aviación que, carente de portaviones, está obligado a operar desde aeródromos distantes más de mil kilómetros a los que deberá ir y regresar volando por encima de tres países presuntamente hostiles donde tal vez no encuentren fuego antiaéreo, aunque tampoco ninguna colaboración.

 

A todo ello súmese la actividad de Hamas, Hezbolá, la Organización para la Liberación de Palestina en su retaguardia y nadie debe omitir el hecho de que si Irán es capaz de resistir la embestida inicial y conservar capacidad para contragolpear, Jordania, Arabia Saudita, Siria e incluso Egipto pueden verse tentados a saldar viejas cuentas.

 

Definitivamente, sin Estados Unidos involucrado a plena capacidad, la guerra de Israel contra Irán no será fácil ni breve y el pronóstico es reservado. Tal vez en una escala mínima, la certeza de la destrucción mutua asegurada contenga los aprestos bélicos y den un chance a la paz. Falta que hace. Allá nos vemos.

 

  

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Comentarios  

 
#1 José Pereira 06-12-2012 12:54
La estrategia ofensiva solo es superior que la defensiva cuando logras alcanzar el punto culminante del ataque: matar al enemigo o desarmarlo. La guerra comienza con la activación de la defensa; mientras no se lo haga, podrá haber agresión armada y ocupación militar, pero no hay guerra. En guerra de grandes proporciones, la estrategia adecuada es empezar a la defensiva y terminar a la ofensiva....
 

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