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Jueves, 15 Octubre 2015 06:00

Rubén Darío Salazar: la fórmula para crear es romper la fórmula (+ Fotos)

Escrito por  Giusette León García/CubaSí
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Rubén Darío Salazar Rubén Darío Salazar

Rubén Darío Salazar es mucho más que un actor o un director de teatro, es un orquestador de emociones e ideas que ha sentado escuela dentro de la escena cubana.

Sobre los caminos y presupuestos creativos de Teatro de las Estaciones, conversó con CubaSí.

¿De qué fuentes bebe estaciones?

Como líder del grupo, tengo que decir que mi referente principal es mi formación, o sea, el hecho de ser graduado de una Universidad de las artes como el ISA. Allí yo aprendí, estudié, me formé, trabajé con todas las artes. Estábamos juntos los pintores, los músicos, los bailarines, los de teatro y las artes se complementaban. Creo que siempre tuve eso en mente para pensar en un teatro de arte. La formación técnica se la debo a Papalote, con el maestro René Fernández a la cabeza, que tenía una experiencia vasta en cuanto a técnica, a la manera de conformar un espectáculo, de mover un muñeco animado. Mezclando mi formación académica, con la experiencia auténtica de René, surge Teatro de las Estaciones, que apuesta siempre por un teatro muy contaminado, en el buen sentido de la palabra, con las diferentes artes, no importa que sea para niños o para adultos, estamos hablando de arte en letras mayúsculas y eso es lo importante: ofrecer un producto teatral con toda la calidad y con toda la riqueza que cada arte puede aportar.

¿Cómo logran incorporar a grandes figuras de todas las especialidades artísticas en sus puestas?


Tienes que seducir, y no puedes seducir con frivolidades ni superficialidades, tienes que seducir con un amor auténtico, enjundioso, una palabra con criterio, una vocación fuerte y un claro sentido de servicio hacia la sociedad y hacia el arte como tal de todos los seres humanos, si uno no va con todas esas herramientas a conquistar las diferentes aristas que forman una puesta en escena ¿qué vas a hacer? Tú tienes que ir a prometer: vamos a hacer esto porque va a dar tal cosa. Ya cuando tienes todo a tu disposición debes saber equilibrar bien la composición de todas esas artes, o sea, el protagonismo verdadero es del teatro como tal y no de alguien, no se puede ser megalómano  a la hora de hacer teatro porque corres el riesgo de que el espectáculo sea muy visual, o muy musical, o con muy buena animación de títeres y actores, pero muy malo en lo demás, como director te toca la misión de equilibrar todas las manifestaciones para que sea el protagónico el teatro, el espectáculo, la propuesta artística, poética y la estética que tú defiendes y para eso vas a enamorar a la gente y la gente confía en ti, porque te ha visto trabajar en otras cosas y sabe que se van a meter en un proyecto hermoso, que vale la pena, que va a tener una trascendencia más allá de lo artístico, va hacia lo humano, hacia lo espiritual, hacia la emoción, hacia el sentido vital de existir.

 

altCon Dora Alonso

¿La transdisciplinariedad podría decirse que es la fórmula de Estaciones?

No somos personas que nos hemos enquistado en el teatro de títeres como si fuera un fuerte, un fortín inexpugnable. Siempre vamos recibiendo, enriqueciéndonos, adquiriendo motivaciones en todas las cosas y ya no solamente artísticas, sino también en todas las aristas de la vida, o sea, no nos limitamos a hacer títeres per se, vamos buscando qué le puede servir al títere, sea de la ópera, del ballet, de la música, de la moda, de la artesanía, con qué lo podemos hacer siempre nuevo, diferente, atractivo, sugerente, renovador, siempre un foco de atracción para cualquier público, sean niños o adultos o adolescentes. Uno lo que quiere es compartir la idea, el deseo enorme de hacer teatro y cómo se comparte, con todo el mundo, uno no puede compartir algo consigo mismo, porque corres el riesgo de oírte a ti mismo y ni siquiera oír nada entonces.

La fórmula para crear es romper la fórmula, sencillamente, si hoy hiciste una cosa que es de música sinfónica, en la otra va a ser música popular cubana o de otra parte del mundo, con otros muñecos… cada vez que hacemos un proyecto tratamos de que sea completamente diferente al otro en cuanto a propuesta, en esencia va a ser igual porque somos los mismos y porque va a ser igual el respeto al público, el respeto a los géneros artísticos, la seriedad de la investigación, la entrega, el compromiso y la responsabilidad que tenemos  para hacerlo, eso sí va a ser igual, lo que va a ser diferente es lo que nos proponemos hacer.


altCon Bárbara Llanes


¿Cómo seleccionan las historias?

Yo creo que un teatro también es un dador de posibilidades culturales. Me gusta promocionar la buena literatura, la buena música, los buenos sentimientos, todo lo que pueda contribuir a hacer al hombre y a la mujer del futuro un ser humano mejor y en la selección, casi siempre, se toma de conjunto hacia dónde queremos llegar, qué hace falta en ese momento, a qué queremos contribuir. También hemos hecho cosas por encargo, a eso no hay que tenerle miedo, por encargo fue la Capilla Sixtina y es lo que es, si sirve para algo y creemos en ese encargo eso va a ser una maravilla, porque le ponemos todo el amor y toda la pasión del mundo a esa tarea que nos han puesto. A mí no me gusta tampoco casarme con una cosa en específico, Zenén ha pintado con Sosabravo, he trabajado con Norge Espinosa, Dora Alonso, Lorca, Centeno, Villafañe o Martí, con una música como Elvira Santiago, Raúl Valdés, Debussy o Los Beatles, o sea, nunca tenemos límites. Yo como director también voy buscando diferentes posibilidades del género titiritero en cuanto a técnicas, o sea, no podemos cansarnos ni sentarnos a acomodarnos en la manera creativa porque el mundo no se acomoda, el mundo sigue caminando, los niños siguen creciendo y se van renovando con otros niños, es vivir a la par de esos niños, ver también los muñequitos que miran ellos, jugar los juegos que juegan ellos, ver el mundo en que se mueven. Si creemos que a ese mundo le faltan cosas, pues el teatro tiene que ponérselas.

¿Se proponen la espectacularidad?

Mi idea es que cuando la gente venga a ver un espectáculo de Estaciones no sepan que se va a encontrar a nivel estético, pero que sí sepan que se van a encontrar algo que los va a hacer sentir felices de haber ido al teatro, que sepan que no va a ser igual, que si van a ver Por el Monte Carulé, no es Los zapaticos de rosa, pero la pregunta tan hermosa de un público, porque yo me la he hecho: ¿qué van a hacer con este espectáculo? Bueno, a descubrirlo. La responsabilidad de hacerlo diferente, distinto, inesperado, es nuestra. Si tú miras bien, un espectáculo como Pinocho o Alicia, no tienen gran escenografía, son elementos, pero el uso, la utilización, el recurso dramático como se utilizan es el que puede ser espectacular o atractivo para el público, ahí está la imaginación de uno, hacer con poco que parezca mucho.

¿Cuál sería el público ideal para Estaciones?


Para mí el público ideal es el que yo forme, o sea, venir aquí al teatro es disponerse a saber que el teatro  es un lugar limpio y agradable, que van a encontrar una sonoridad mesurada, acorde con lo que van a ver después, que van a encontrar un lugar estéticamente hermoso, porque si no es hermoso con una belleza clásica, sí va a ser atractivo por los colores, por la forma que van a encontrar, o sea, a mí me gusta el público irlo formando yo, pero no reniego de ninguno, nosotros hemos ido a Contramaestre, al Escambray, a Viñales, a Guantánamo, a Nuevitas y el público que esté uno lo toma de la mano y lo lleva a vivir una experiencia que después te hace responsable de ese público, porque  ese público, aunque se vaya y te parezca que no recibió nada algo recibió, porque si que entregaste y diste con toda la fuerza de ti como ser humano, algo pasa…

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¿Qué retos les plantea hacer títeres para adultos?

Hacer teatro es un reto. Hacer teatro de títeres es un reto mayor, porque por ignorancia, por desconocimiento, se piensa que es para niños y no es así, el teatro de títeres nació en las calles en los mercados, en las plazas en otras épocas y era para todo el mundo, luego decayó y fue quedando para los niños, porque le daban a los niños lo que sobraba, yo no le doy a los niños lo que sobra, yo le doy a los niños lo mejor de mí y se lo doy tanto como a un adulto, yo le doy lo mejor de mí al teatro como tal, sea para niños, para adolescentes o para adultos, le doy todo lo que lleva, todo lo que soy capaz de crear, de pensar y de producir, entonces no tengo en eso ningún tipo de limitación ni cliché, ni caja. Para mí el teatro es una puerta que uno abre a un mundo otro, tan rico, tan fascinante, tan mágico, que puede ser conmovedor, o puede ser agresivo o puede ser que te exalte o puede ser que te ilusione, yo creo que es un mundo tan polisémico, tan plural, tan distinto, que cuando esa magia no se haga para atraerte el teatro va a estar muerto, siempre que uno va al teatro uno sabe que va a encontrar con un ser humano haciendo algo que no está hecho con una máquina, ni está hecho por un aparatico sofisticado, está hecho por ti, por el hombre, con todo, en vivo, es ese recurso donde tú sientes respirar a las personas y cantas en vivo, bailas, sacas el títere en una cortina y accionas delante del público como si fuera la última vez, para mí al menos es así.

Estaciones es un grupo que estrena bastante. ¿Cómo saben que una obra ya terminó su ciclo y que es necesario trabajar en otra?

Un espectáculo uno tiene que madurarlo antes de hacerlo y después que está hecho uno tiene que madurarlo. Por ejemplo, Los zapaticos de rosas, El patico feo, Por el monte Carulé, se siguen poniendo, se pueden seguir poniendo, La niña que riega la albahaca es del 1996, se sigue poniendo, se puede seguir poniendo. Un teatro cuando tiene una sala tiene que vivir del repertorio, tiene que tener un repertorio activo y vivo y los estrenos son parte de la gente que llega nueva, las cosas nuevas que tienes que decir, los encargos que hay que cumplir, los festivales que nos invitan con una temática determinada, o sea, vivir con los pies en la tierra te va dando el norte real de lo que tienes que hacer y también las preguntas a las cuales uno se aboca: por qué peleamos, por qué amamos, por qué trabajamos, por qué vivimos, también esas preguntas hay que irlas respondiendo. Uno tiene la responsabilidad de hacer al niño, a la niña, una mejor persona y para eso necesitamos hacernos preguntas nosotros mismos. Pinocho es una pregunta a la infancia, Alicia es una gran pregunta a la infancia y a los padres y a la cultura toda, es caminar el camino que ya yo caminé con mis padres y me llevaron hasta aquí, quiero también que los niños que van a verme al teatro vivan ese camino que yo caminé de sentirme que no hay como la familia, que no hay como mi país, que no hay como saber, conocer del mundo, eso nos salva, a Alicia se salva de que la reina la decapite, porque ha estudiado, aunque no le gusta estudiar, pero la madre la ha obligado y mira, para algo le sirvió, por tanto, cada vez que Alicia se va a ir en pos del conejo se va a ir con la mochila… o sea, es también sugerir cosas. El teatro no lo puede responder todo, pero puede preguntar  mucho y es eso, son muchas preguntas sin responder que tienes que responderte tú viviendo…

 

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¿Cuánto crece y se transforma la puesta en su vida con el público?

Empieza a vivir de verdad cuando se encuentra con el público. Hay públicos y públicos, hay un público que se comporta mejor, otro se comporta peor, otro que te escucha, otro que parece que no hay nadie ahí, pero también eso es parte de la historia. Yo soy muy soñador y soy muy quimérico, pero a la vez, en tanto tengo ese cincuenta por ciento de idealista, utópico, también tengo un por ciento de práctico y de realista y sé que a partir de que se estrena el espectáculo ya no solamente es mío: es mío y también del público. Y el público tiene que llegar a entenderme y para eso tengo que hablar claro, articuladamente,  y no me refiero solamente a la enunciación, me refiero a la entrega, a la realización, al encuentro, que es un encuentro donde yo siempre digo, los titiriteros, los actores, somos toreros y no podemos ir a que el toro, el público, nos meta la espada, somos nosotros los dueños, los que mandamos, vamos nosotros con las banderillas, las espadas y la capa a decirle ¡Ole! Y el mejor resultado es ese aplauso sincero que te entregan y la vuelta al espectáculo una y otra vez.

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Comentarios  

 
#1 Mirtha 15-10-2015 13:53
Gracias, Rubén por tu entrega y la de tus compañeros. Gracias por enorgullecer a los matanceros.
Por favor, continúa trabajando el tema José Martí.
 

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