domingo, 22 julio 2018, 04:37
Lunes, 05 Octubre 2015 06:00

Jóvenes cubanos: noviazgos bajo el mismo techo

Escrito por  Vladia Rubio / CubaSí
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De un tiempo a esta parte, han ido en aumento los noviazgos convivientes entre jóvenes. De un tiempo a esta parte, han ido en aumento los noviazgos convivientes entre jóvenes.

Portada y contraportada de un fenómeno que ha ido en aumento entre los jóvenes, a veces casi adolescentes, marcando la dinámica de las familias.

Compartir la vida con otra persona puede resultar más riesgoso que almorzarse un San Nak Ji.

Este pulpo, que se come vivo, se apunta entre las mayores delicias gastronómicas en algunos países asiáticos. Pero existe el peligro de que, en el momento de la deglución, sus tentáculos se adhieran a tu garganta, asfixiándote; o que sus toxinas, si no han sido correctamente retiradas, te quiten la vida en minutos.

Aunque decidirse a vivir en pareja significa un reto, está claro que no todo es tan terrible como un plato del famoso pulpito; de lo contrario, los humanos nos hubiéramos extinguido hace rato.

 
Sí que tiene sus ventajas compartir almohada, mesa y corazón, pero en particular los jóvenes cubanos de esta última década parecen estarlas maximizando, sin darse el tiempo para echar una ojeada a la contraportada de esa novela.

No hablo de matrimonios, sino de los noviazgos convivientes, como gusta llamarlos la presidenta de la Sociedad Cubana de Psicología, doctora Patricia Arés.

Casi siempre comienzan porque a él se le hizo tardísimo en casa de ella, y con lo malas que están las guaguas a esa hora… Luego, bastaba con que solo pasaran de las nueve para que él se quedara. Así, sin que nadie se diera cuenta, se fue haciendo costumbre.

A veces, el asunto viene porque la familia de la muchacha, o del muchacho, decide que «si van a estar haciéndolo por ahí, exponiéndose, corriendo peligros que van desde los mirahuecos, un asalto o hasta el sida —porque con el corre-corre no usan preservativos—, mejor que lo hagan en su casa». Eso, sin entrar a analizar la no existencia en la actualidad de espacios, estatales o privados, cuyos precios permitan a los jóvenes —al bolsillo de sus padres— compartir intimidad.

Beca
La beca universitaria no es el mejor de los sitios para compartir intimidad. La inexistencia de lugares asequibles al bolsillo joven está entre las condicionantes de noviazgos convivientes y uniones consensuales a temprana edad. Foto: blog mirajoven

 

Hace un bulto de décadas «la niña tenía que salir de la casa muy bien casada», con mucho sillón roto y chaperona como preámbulo, pero desde hace mucho las cosas han ido al otro extremo. La convivencia parece estar volviéndose sinónimo de modernidad.

Tentáculos viscosos, pero sabrosos

En febrero de 2008, la doctora Arés, reconocida estudiosa del tema familia desde su condición de psicóloga y profesora de la Universidad de La Habana, aseguraba a esta reportera que «Los cubanos demoran cada vez más para decidirse por la unión consensual y por el matrimonio legalizado».


Hoy, aunque los datos de la ONEI siguen ratificándolo, anda asomándose ese otro fenómeno de los noviazgos convivientes, no siempre recogido por las estadísticas.

Como tendencia, tales enlaces se traducen en que algunas veces ella se queda en casa de él y otras, es él quien permanece en el hogar de la muchacha. En esas situaciones, no echan raíces en ninguna parte, y tienen dispersas sus propiedades y afectos en ambas viviendas. En ocasiones invierten horas tratando de encontrar en el closet un jean, peleándose porque uno dice que está en un sitio y otro dice que busque en tal lugar. Al final, lo encuentran días más tarde entre la ropa sucia de casa de la abuela.

Ese es el menor de los conflictos. Lo usual es que dicha dispersión traiga aparejada la ausencia de responsabilidades domésticas y también familiares. Con la consiguiente sobrecarga —y disgusto— para los adultos de la casa, que por un lado quieren y por otro no.

Hace siete años, la doctora Arés interpretaba ese tipo de relación como «una manera de dilatar más el noviazgo, no siempre con miras al matrimonio». Hoy, el aumento en número de esos enlaces entre jóvenes se ha hecho muy evidente, al menos en La Habana y otras ciudades capitales, y parecen tender no a convertirse en matrimonios formalizados, pero sí en uniones consensuales, algunas a edades todavía tempranas.

Ocurre que dichas uniones, a veces entre jóvenes que no han terminado sus estudios de pre, politécnico o universidad, traen consigo los mismos signos de cuando eran novios convivientes. Es decir, como siguen sin disponer de una entrada económica, el aporte de la pareja a los ingresos del hogar es nulo, aunque los gastos se duplican: son dos las bocas a comer, las ropas a lavar, la electricidad que se consume, etc., etc., etc.

Cuando la falta de contribución financiera la joven pareja la compensa con una redistribución de las tareas domésticas, compartiendo o asumiendo, por propia decisión, una parte de los quehaceres de la casa, entonces la dinámica familiar parece marchar más distendida.

Pero si ambos siguen esperando a que los demás hagan las cosas, el ambiente se caldea y surgen conflictos.

Sin embargo, no siempre ellos son los únicos ¿culpables? Mamá y papá, o uno de los dos, pretendiendo salir de un lío, se han metido en otro más grande.

Al permitirles la convivencia, es verdad que les propiciaron esa necesaria intimidad, cuyos inicios deberían siempre contar al menos con mínimas condiciones de confort y privacidad, pero no previeron que vistiendo a un santo, desvestían a otro.

Porque en no pocos casos tales uniones consensuales, condicionadas por factores externos, sin ser resultado de la reflexión de la pareja sopesando los pro y los contra, al final terminan en fracaso.

Y sí, los muchachos despegaron con buen viento en su vida sexual, pero lo que aprendieron de la vida en pareja fueron solo tropezones y disgustos, con sus consiguientes cicatrices.

foto 2
Los estrenos de la convivencia son siempre alentadores, pero cuando se empiezan a compartir también los días de mal humor del otro o la otra, respuestas violentas, su ropa sucia regada…, entonces la cosa empieza a despintarse. Foto: Bohemia

 

«A veces, a las parejas les faltan habilidades comunicativas para dilucidar sus problemas, y eso está asociado al aprendizaje que tuvieron en sus familias (…). Estuvieron más entrenados en situaciones de desavenencias y desencuentros que de afecto. No se ha generalizado todavía una cultura para alcanzar relaciones de amor maduro».

Así comentaba a esta reportera la psicóloga Patricia Arés. Aunque lo dijo hace años, pareciera que fue ayer.

¿Hogar o albergue?

Lo ideal sería que la joven pareja, antes de unirse bajo un mismo techo, se diera la oportunidad —hay que enseñarla, si hace falta— de intercambiar sobre qué esperan uno del otro, sobre el respeto a la individualidad de cada cual, y otros puntales que mantienen la armonía y preservan el amor.

De lo contrario, la casa se volverá albergue para muchas parejas del hijo o la hija, porque cuando se apaguen la pasión y el embullo, la unión tenderá a disolverse por falta de raíces.

Lo peor que podría pasar, y pasa, es que de ese enlace, a veces impensado y sin conocerse a fondo, surja un embarazo, con la posible «cola» de estudios inconclusos, falta de preparación y condiciones para criar a un hijo, así como otros signos negativos.

Hay quien asegura que la convivencia previa es una forma de evitar sorpresas desagradables en el matrimonio. Pero al decir de entendidos, en nuestra sociedad alienta una interesante contradicción: los jóvenes cada vez inician más temprano las relaciones sexuales, mientras su madurez psicológica, como seres autónomos y responsables, acontece cada vez más tarde.

La inmadurez es un viento en contra para asumir esa vida acompañada donde, casi inevitablemente, aparece la rutina; se comparte con las virtudes, pero también los defectos de cada uno, y a la vez, por las limitaciones de vivienda, resulta obligada la convivencia con la familia «del otro». Lo cual puede resultar muy bueno o muy malo.

La convivencia de varias generaciones
La convivencia de varias generaciones no siempre favorece los nexos de pareja ni de familia en general.

 

Aunque es posible que ese tipo de convivencia marque el inicio del fin para la joven pareja, también puede reportarle  ventajas.

Además de ser una aventura —para los de menos edad, un «jugar a ser grandes», aunque explícitamente nunca lo reconozcan—, puede reportar un enriquecedor aprendizaje mutuo, el despliegue de proyectos comunes, así como un impulsarse y apoyarse entre sí. Crecer en pareja también deja huellas imborrables y para bien.

Una investigación sobre la «Funcionalidad de parejas jóvenes camagüeyanas en etapa de formación del ciclo vital familiar», de la camagüeyana Isis Angélica Pernas Álvarez, máster en Psicología de la Salud, licenciada en Psicología y Pedagogía, evidenció que la mayoría de las parejas estudiadas resultaron disfuncionales y sentían la necesidad de aprender a compartir mejor.

La también profesora auxiliar de la Universidad de Ciencias Médicas Carlos J. Finlay, encuestó en 2007 a 366 parejas heterosexuales, de entre 18 y 30 años de edad, residentes en el Distrito Cándido González Morales, de Camagüey. De ese total, más del 50 por ciento se ubican en el rango de disfuncionalidad, y 265 consintieron en ser ayudadas por especialistas para mejorar su relación.

El 60% de estas parejas vivía con otras personas, el 64% en ambos miembros eran hijos de padres divorciados.

En el 71% de estas relaciones, la unión fue de tipo consensual, y el 79% de ellas refirió que el motivo que los llevó a formar pareja fue la atracción física.

 
«Las parejas están ávidas de preparación para la convivencia, para aceptarse a partir del conocimiento mutuo, para comunicarse de la manera más asertiva posible; sienten la necesidad de dejar un legado o trascendencia en la familia que recién se construye», asegura la investigadora.

En el tema de las uniones consensuales o noviazgos convivientes entre jóvenes, es imposible hacer lapidarias predicciones o dar recetas. Tantos estudios y artículos hay vaticinándoles el descalabro como pronosticándoles bienaventuranza.

Pareja de jóvenes
«Y nada ni nadie puede impedir que sufran, que decidan por ellos, que se equivoquen…», asegura Juan Manuel Serrat en su canto, que también a propósito de este tema resulta una innegable verdad. Foto: cadenagramonte

 

Lo cierto es que se trata de un fenómeno en aumento, en particular el del noviazgo conviviente; habrá que estudiarlo más y, sobre todo, alimentar convencimientos y crear condiciones para ayudarles como pareja.

Como dijera el Papa Francisco hace unos pocos días en tierra cubana: «Las familias no son un problema, son una oportunidad. Una oportunidad que tenemos que proteger, que cuidar...». Resulta una sentencia válida para creyentes y no creyentes, todo el mundo la aplaude. Lo complicado es que no todos la llevan a la práctica.

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Comentarios  

 
#19 David 24-08-2016 09:31
Todos está muy bien, la investigación realizada, los criterios, las valoraciones... pero hay algo que no entiendo: ¿es acaso un "problema" social o simplemente es una posición social respecto a una política?
En nuestra Cuba hace muchos años los universitaroas (jóvenes) tienen que hacer maromas para vivir en pareja: hace muchos años no existen las posibilidades para que los "arrivantes" a la madurez convivan en paz, no hay condiciones. Hace muchos años...
 
 
#18 JC PALOMO 07-10-2015 18:44
El problema es serio antes del periodo especial con diez pesos tu podia ir a una posada o a un hotel de tercera categoria, ahora no hay posada ni hotel de tercera, que hacer porque hay que hacerlo.Es real que el gobierno tiene muchas ocupasiones pero esta deberia ser una mas a resolver porque en años anteriores lo hizo.
 
 
#17 Rafael Cantero Pérez 07-10-2015 15:14
Soy un "puro" de 54 años, quien para satisfacer sus necesidades fisiológicas sexuales (mi primera experiencia fue a los 19 años en la Universidad) tenía que esconderse porque no se lo permitían los padres. Ahora los jóvenes, desde los 14 años tienen esas experiencias. ¿Será más difícil la situación económica actual que la prerrevoluciona ria?, eso no es lo que me contaron mis padres, ambos nacidos en la década del 20 del siglo XX. La Economía debe mejorar, no sólo por lo que explica la periodista Vladia rubio, sino por situaciones más importantes como es la continuación de este fenómeno social llamado Revolución, el cual debe buscar variantes para que los jóvenes, que se parecen más a su tiempo que a sus padres, le vean futuro; pero cada pareja buscará las vías y formas para satisfacerse.
 
 
#16 katy 06-10-2015 16:06
Bueno me sumo a que es un buen comentario que se tendría mucho que hablar, mirandolo desde el punto de vista social y actual, antes mi generación vivimos una etapa super linda donde las parejas se amaban en lugares diferentes con respeto y se hacian las cosas sin tener que llevarlas al seno del hogar, imaginense si cada una de las parejas que se tienen tiene que pasar por la casa, que ejemplo para los hermanos menores, primos, abuelos etc, lo que tenemos es que buscar la solución al problema actual no botarlo y ya, del recuerdo no se vive hay que poner los pies en la tierra, ellos son de esta epoca y hay que ayudarlos, no basta con las orientaciones a cerca de la sexualidad hay que buscar sus espacios especificos, ya el problema de la vivienda es otro o de otro planeta que creo ver en otra vida.
 
 
#15 Miriam Ruiz García 06-10-2015 13:48
Qué pena por los que creen que es Cuba el único país donde viven varias generaciones en una misma casa, hay otros peores dende varias generaciones donde viven es en la calle, y que en esos lugares los jóvenes tiene dinero para pagarse hoteles, discotecas etc, etc,cuando tampoco tiene ni para comer, hay que interesarse más por laa realidad del mundo en que vivimos para no creernos que estamos en el peor lugar del mundo, nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde
 
 
#14 Robert 06-10-2015 10:08
Muy buen articulo, sabemos realmente las condiciones economicas del pais y de la familia cubana que no son las mejores.Lo cual obliga a que anden como nomadas de un lugar a otro por falta de recursos financieros y un pais que busca escusas en discuros politicos y en culpas ajenas.Lo cual hace que los jovenes cubanos piensen nada mas que en la migracion o pirarse como se dice en el lenguaje popular ante la insatisfaccion de vivir en un pais que no piensa como nacion.
Ahora este estudio se enfocó en estudiar a las parejas heterosexuales, imaginemonos por un instante que dificil debe ser para una pareja homosexual la convivencia intrafamiliar con su pareja.Que por ciento de parejas homosexuales viven en casa de sus familiares? Me atrevo a decir que muy pocas, por que las parejas homosexuales no aparecen en los sensos ni se contabilisan ni se establecen estrategias de participacion ciudana con estas personas que son parte de nuestra nacion, que tienen que sufrir la presion social,de un pais diverso pero que no respeta ni tan siquiera la diversidad de opiniones englobandonos a todos en una uniformidad de pensamiento.
 
 
#13 guisver rolando 05-10-2015 20:03
bueno este tema, me gustaria que lo hicieran mas a menudo, problemas son muchos pero la juventud lo resuelve, en mi caso me he casado 2 veces y el mayor problema que enfrento es el vivir agregado ya sea con la familia de mi pareja o la mia, a nosotros los jovenes nos deben de dar mas facilidad en algunas cosas, aqui en nuestro pais el estado no tiene la manera de alquilar viviendas sabemos los problemas del bloqueo pero hay muchos terrenos osciosos que podemos aprovechar, asi se resolveria un gran problema que es la natalidad...
 
 
#12 ARIEL RAMOS 05-10-2015 17:17
Y ¿¿¿CUANDO SE RESOLVERÁ EL PROBLEMA DE LA VIVIENDA?????????
¿POR QUÉ NO REPARTEN VIVIENDAS COMO ANTES POR SINDICATOS????? ???????? YA NO ESTAMOS EN PERÍODO ESPECIAL,BASTAN TE DINERITO QUE NOS ESTÁ ENTRANDO CON LAS MISIONES Y ETC...,USTEDES NO SE IMAGINAN LOS PROBLEMAS QUE HAY EN LAS FAMILIAS CON TRES GENERACIONES,HA STA CUANDOOOOOOOOOO OOOOOOOOOO!!!!! !!!!!!!!!!!!!!
 
 
#11 CRIPTO 05-10-2015 17:16
En el mundo entero existe los noviazgos convivientes, donde quiera que se estudia existe, donde quiera que existan los jóvenes presente estarán, muy detrás quedó la prohibición del divorcio, en Cuba, es muy diferente, no existen condiciones acordes para materializarlos , el resultado, seremos muy pronto una sociedad muy envejecida, las carencia de condiciones materiales, de necesidad de protección, de necesidades de afectos, de la propia necesidad de humanos, sexo por satisfacción lo emplean muy pocos animales, el delfín y no recuerdo el otro, somos de sangre caliente, somos latinos, cubanos, el mundo evoluciona, la familia es cierto que ayuda, pero miro mi casa como referencia, alrededor solo una, no viven tres generaciones, el promedio de edad para las niñas tener su primera relación sexual en Cuba creo que es de 11 años, nosotros, no nos reservamos las necesidades sexuales hasta la primavera, es el aliciente fundamental hasta tomar una decisión definitiva.
 
 
#10 chinocubano 05-10-2015 16:11
Ciertamente no hay posadas, como se llaman los lugares que asisten las parejas para tener "intimidad", pero si analizamos la siutación de la vivienda en nuestro país, creen que se deberían de priorizar las posadas o las viviendas, si en definitiva una posada es para un rato y las viviendas son el techo de las familias. Recuerdo que mis padres cada rato que pasábamos por un lugar decían entre ellos: "mira recuerdas ése lugar, eso era una posada antes". Eso es herencia de nuestro período especial. Esperemos que algún día cambie todo y no sólo tengamos posadas sino también hoteles para vacacionar al alcance de nuestro propio y honrado sudor.
 

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