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Domingo, 13 Septiembre 2015 06:00

Guatemala: Necesidad de cambio

Escrito por  Arnaldo Musa
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La adopción del neoliberalismo conformó y aupó a una clase dominante que utilizó la corrupción a diestra y siniestra, como antes colaboró en la política imperialista que dejó un cuarto de millón de muertos durante la guerra genocida.

“Guatemala ha caído en un caos”, había dicho uno de los 14 candidatos a Presidente en las elecciones de este domingo, que tendrán una segunda vuelta el 25 de octubre venidero, en las que competirán el comediante Jimmy Morales –el más votado- con otro a decidir entre Sandra Torres y el multimillonario Manuel Baldizón, cuyos partidos están embarrados por el escándalo de corrupción aduanera que depuso y llevó a prisión al mandatario Otto Pérez Molina.

En un hecho sin precedentes, este fue arrestado bajo la acusación de haber estado involucrado directamente en el contubernio mafioso denominado la Línea, que defenestró primero a la ex vicepresidenta Roxana Baldetti, también en prisión, y a por lo menos 14 miembros del gabinete.

Claro que la corrupción no es algo raro en Guatemala, pero sí el actuar consecuente de las instituciones judiciales, las cuales son notoriamente débiles, politizadas y corruptas. Y es que en esta ocasión tuvieron que ver los poderes transnacionales que se esconden tras la Comisión Internacional contra la Impunidad –creada por la ONU y manejada por la inteligencia norteamericana- y la realización de continuadas manifestaciones de rechazo a la impunidad.

Algunas de estas demostraciones fueron más allá, al exigir el fin de la política neoliberal, pero a esto no se le brindó la adecuada cobertura, porque iba mucho más allá de lo que el Imperio pretendía.

De hablar parco y cortante, adquirido durante 34 años de vida de cuartel cuando Guatemala vivía una guerra genocida que dejó más unos 250 000 muertos, Pérez Molina demostró ser un estratega en la colocación de personas afines a él en puestos claves para controlar el ente recaudador de impuestos.

Pienso que su actitud prepotente llegó a chocar con elementos que no quieren obstáculos en sacar provecho de una nación rica en recursos, pero pobre en las mentalidades que la gobiernan, algo común en las últimas décadas.

Y es que en Guatemala, a pesar de estar creciendo económicamente más del 5% anual, hay solo un 2% de desempleo, tiene al 70% de sus 16 millones de habitantes en los límites de la pobreza. Mientras 6 000 de ellos mueren anualmente por la violencia del narcotráfico.

Quizás con excepción del gobierno de Álvaro Colom, durante el cual se hicieron esfuerzos para mejorar la salud y la educación, así como aliviar la extrema pobreza, los restantes mandatarios han sido fieles seguidores del modelo neoliberal impuesto por Estados Unidos y las instituciones donde tiene las mayores prerrogativas.

De ahí que el nuevo gobernante –que asumirá en enero del 2016-, si quiere beneficiar al pueblo, tendrá la difícil tarea de realizar reformas políticas y económicas que desmonten un modelo que solo beneficia a unas minorías tradicionales.

CAUSA NO, EFECTO

Para ello hay que entender que la corrupción no es la causa de la pobreza, ni del desempleo, ni de la moral pública, es solo un efecto visible de un modelo caduco, en lo político y en lo económico, que se llama neoliberalismo, que no es un mito, sino una tragedia nacional.

Lo sucedido en Guatemala ha mostrado que el nuevo sujeto del cambio debería ser la clase media, pero esta, que pende económicamente de un hilo, se ha tragado sin más la ideología de la clase dominante.

En este contexto, un reciente comentario de Telesur afirma que existen tres tareas  concernientes a una revolución democrática: reconstruir el Estado para las mayorías; recuperarlo del secuestro de la plutocracia corrupta, y desconcentrar el poder para democratizar la economía.

El hecho de que el embajador estadounidense, Todd Robinson, usara el podio del Presidente de Guatemala  para aplaudir la toma de decisiones de un congreso nada libre - donde algunos tienen miedo de que descubran su participación en la corruptela-, corrobora que Washington maneja los hilos de la Comisión Internacional contra la Impunidad.

Debe recordarse que cuando se creó la Comisión, sin romper con la institucionalidad del país, fue colocada por encima y a través de esta. Así, EE.UU. canalizó su información de inteligencia para sus objetivos.

Uno de estos ya se consiguió: la depuración del gobierno guatemalteco, alcanzando incluso a particulares, con el tema de la evasión de impuestos que se produce permanentemente en Guatemala, sobre todo con las empresas acogidas al régimen opcional del Impuesto sobre la Renta.

La diferencia en la política estadounidense se observa en que, cuando se derrocó a Jacobo Arbenz en 1954, hubo una intervención clara y con el espectro del anticomunismo; era la época del macartismo en Estados Unidos y podían incluso desembarcar marines donde hubieran querido. Pero en este 2015 la política es mucho más sofisticada, utilizándose la defensa de la probidad.

Se da una nueva forma de colonialismo, en la que no hay necesidad de tropas ni de maniobras militares; basta con desorganizar, con fomentar la conflictividad de un país.

Por todo lo anterior, es una tarea ciclópea, subrayo. lo que le esperará a los nuevos gobernantes, si tienen intenciones de que se respete la soberanía guatemalteca y mejore la calidad de vida de la gran mayoría.

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