Dicen (los más optimistas) que en unos años se habrá duplicado y hasta triplicado la cantidad de turistas en Cuba. Habría que ver, lo que es ahora mismo no hay infraestructura para tanto, pero supongamos que las autoridades correspondientes estén tomando las medidas necesarias.
Lo que sí resulta evidente es que ese anunciado auge del turismo en Cuba (impulsado, sobre todo, por una eventual eliminación de las restricciones para viajar a los ciudadanos estadounidenses) va a tener un gran impacto en la cotidianidad del “cubano de a pie”.
Mucha, pero mucha gente va encontrar un nicho de ingresos más o menos formales. Más de los que ahora mismo —para bien o para mal— viven del turismo sin estar oficialmente contratados o autorizados.
Es normal, claro. No hay manera —ni siquiera necesidad— de regular a todo el que le venda agua de coco a cualquier vacacionista extranjero. Pero hay ocupaciones y “ocupaciones”. Cualquiera que pase habitualmente por La Habana Vieja habrá sido testigo más de una vez de las legiones de guías improvisados que ofrecen sus servicios en las cercanías de los hoteles.
“Le enseño lo que quiera de La Habana, mister”.
Nadie espere al típico cicerone de las películas, el tipo simpático y conocedor que muestra una ciudad desconocida y descubre algunos de sus secretos, por el simple placer de mostrarla. Para nada, muchos de nuestros “cicerones” tienen claro su objetivo: “luchar” su dinerito aprovechando la buena voluntad de sus clientes.
En principio no hay mucho que objetar, pudiera parecer una manera legítima de buscar el sustento. Pero lo cierto es que la mayoría de estos individuos tienen escasísimas nociones de historia, geografía, artes y arquitectura. Y más que guiar, terminan por desorientar por completo a los turistas que dicen ayudar.
Fui testigo de este caso el otro día y enseguida publiqué una croniquilla en mi blog. Ni le quito ni le pongo:
LECCIONES DE HISTORIA
Señalando la cúpula del Capitolio, un "buscavida" devenido guía turístico le ofrecía con tono doctoral una explicación a una pareja de extranjeros: "Ese edificio lo construyeron los españoles durante la colonia. Ahí vivía el general de los españoles, que era como decir el rey de España en Cuba. Maceo y Máximo Gómez lo sacaron de ahí durante la guerra". Los extranjeros asentían, al parecer sin entender la mitad de las cosas. Aquello no era historia, no señor. Aquello era literatura fantástica...
Más allá de la vis cómica del asunto, es chocante el desparpajo con que alguna gente pretende ganarse la vida. Si esa persona decidió guiar a los turistas por La Habana lo menos que debió haber hecho es leer un libro de historia o una guía.
La lista de barbaridades que se dice con absoluta impunidad parecería parte de un libro de absurdos.
Y los cándidos turistas que no logran desembarazarse de estos “vivos” o los que los aceptan con absoluto conocimiento de causa, suelen asimilarlo todo con la mejor de sus sonrisas o con caras de asombro.
Los guías improvisados, por supuesto, no solo cuentan historias tremebundas; también ofrecen servicios adicionales: lugares para comer, hospedaje, transporte… y otros prestaciones menos convencionales.
Muchas veces forman parte de un engranaje pensado para sacarles la mayor tajada posible a sus circunstanciales clientes.
Aquí hay solo una solución contundente: ni prohibiciones, ni cacerías, ni multas… Solo los turistas pueden ponerle freno a tanta estafa. Aunque ya sabemos que no son todos los que vienen a Cuba para interesarse profundamente por la historia y la idiosincrasia nacionales.
A muchos de los turistas —muy probablemente a los que escucharon la historia apócrifa del Capitolio— las explicaciones les entran por un oído y les salen por el otro. Cuando pongan sus cabezas en las almohadas ya ni se acordarán del noventa por ciento de las cosas que oyeron por el día.
El visitante que quiere conocer a fondo esta cultura seguramente se las arreglará para contactar con la gente adecuada. A los demás les bastará con un mojito en un bar, una foto en el Morro y un paseo en un descapotable…
Comentarios
Los he visto acosar a los turistas para hablar de cosas que ellos, como cubanos ni siquiera conocen, entonces què historia, què cultura podrian ellos mostrarle al turista que viene a conocer???
Luego del supuesto papel de "guia improvisado", viene el hecho de pedir dinero por el "trabajo que hacen"...realme nte es bochornoso, y causa pena ajena.
Pobrecitos de estos guias, carecen muchos de muy poca dignidad!!
La vida es dura para muchos de los nuestros, hasta en los países supuestamente con mejores niveles de vida que Cuba. Meter a la policía en casos como estos - ¡los pobres! tienen mucho trabajo en los seriales policiacos - no es prudente, ni tampoco inspectores, ni poner en práctica cualquier otra medida represiva, Cuanto más se prohíbe, es peor. Ya hemos tenido esas experiencias en nuestro país, y no hay ni que mencionarlas porque son de dominio público.
Los encargados de fomentar y mantener el turismo en nuestro país son los que se tienen que poner para eso. Cualquier lugar turístico del mundo que se visita, tiene su información en un sitio especial de Internet dedicado a ello, al que se puede acceder con un teléfono inteligente o uno no tan bruto, o están a la disposición de todos, folletos, plegables, hojas sueltas, etc., donde con pelos y señales, se ilustra y se informa de cada uno de los puntos de interés o de cualquier cosa que pueda llamar la atención del visitante, con la colaboración de los que de verdad saben lo que hay que informar.
Esos impresos les pudiera servir a esos mismos señores desinformados o medio analfabetos de la historia, para que no digan que El Capitolio lo hicieron los españoles, o las otras barbaridades que dijo el del cuento de Yuri, y las muchas que pudiera inventar hasta en otros lugares del país.