martes, 20 noviembre 2018, 09:17
Viernes, 21 Agosto 2015 09:52

MIRAR(NOS): Equilibrando emociones

Escrito por  Liz Martínez Vivero/Especial para CubaSí
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Al menos en el plano personal, en muchísimas oportunidades me he descubierto mitad caballo, no únicamente por la representación de mi signo zodiacal.

 

«¿Qué problema hay con andar en cueros...?»

Israel Rojas

 

Justo el día de su boda, Romina descubre que Ariel le ha sido infiel con una de las invitadas. En lo que resultaría la franca analogía de la cólera de Aquiles, desatada al enterarse de la muerte de Patroclo, se desencadena la ira desmedida de Romina.
 
En su afán de venganza, promete que hará imposible la vida de su flamante esposo; en buen cubano: un yogurt. Haciendo que Ariel llegue a vomitar, ella termina teniendo sexo con uno de los cocineros del hotel.

 

Después de un ensarte de acciones descabelladas, incluso de un atentado físico contra la amante confesa de su novio de toda la vida, en la escena final y a ojos de atónitos invitados, a media luz Romina y Ariel terminan haciendo el amor en la misma mesa del cake.

 

Así culmina la laureada cinta argentina Relatos salvajes, del realizador argentino Damián Szifrón. Y más allá del reparto de lujo y de la buena acogida, tanto por el público como por la crítica, creo que lo más plausible en esta película es la propuesta que trae a colación.

 

Viene a ser, y ahora pido perdón a los que no la hayan visto, un desesperado grito de S.O.S. en medio de una sociedad consumista más preocupada por seguir lo establecido que por ayudar al prójimo. En apretado resumen, podría decirse que en cada una de las historias sale de los personajes protagónicos el animal que llevan (¿llevamos?) dentro.

 

Con más de ochenta años de adelanto, la filósofa y escritora rusa Ayn Rand postuló sus teorías sobre el egoísmo racional y el individualismo.

 

Defendía que la verdadera libertad empezaba en el individuo, en uno mismo. Para conseguir el equilibrio personal es necesario defendernos ante todo lo que pueda, en algún segundo, perturbar nuestros estados de calma.

 

No se trata de arremeter contra la atmósfera debido al calentamiento global, antes bien, de encontrar el punto medio donde los demás nos valoren, pero primero tenemos que valorarnos nosotros.

 

Al menos en el plano personal, en muchísimas oportunidades me he descubierto mitad caballo, no únicamente por la representación de mi signo zodiacal. Me cuesta controlarme, para que me entiendan, preciso que alguien frene mis instintos y STOP, no piensen lo que no es, no estoy aludiendo a ningún desenfreno sexual.

 

En las diferentes mitologías, no solamente los centauros aludían a la mitad animal; también el minotauro, la hidra y algunos más que ahora no recuerdo.

 

Recientemente alguien me dijo que los seres humanos, en algún momento lejanísimo, también fueron peces. Sonriente pensé, porque la mente humana es como es y asocia en diferentes momentos escenas, incluso del pasado, que no vienen al caso, ¡qué bien nos vendría en este agosto tan intenso volver a ser peces!
 
(…) Y luego también añoré aquella etapa del pasado cavernícola cuando andar desnudos era la moda, y el preciso instante en que empezaron a burlarse de aquel pionero en cubrirse con las calurosas pieles.

 

Por supuesto, ahora mientras escribo, gracias a las nuevas tecnologías sentada frente al cine Yara, lo pienso mejor. No oculto mi estupor de aldea cuando imagino semejante espectáculo para este muchacho que saborea su pan con perro y que corre presuroso porque se le va el P5.

 

Con cara de tormento aquella señora parece que suplica al semáforo para que aumente unos segundos hasta que pueda instalarse en la otra esquina; su andar lentísimo no la libra de mi preocupación si ella anduviera desnuda.

 

Aclaro, no me he puesto a imaginar cómo lucirían cuantos me rodean. Pienso que nadie repararía en ello, ni siquiera yo, que siempre presto atención a todos los detalles que me circundan. Probablemente, entonces existiría la paz en el mundo, pero eso es algo que no sabremos.

 

No se puede especular sobre lo que no pasó, me recordaría hasta el cansancio mi profesor de Historia Universal. En la vida muy real, también este viernes de agosto llevamos un animal por dentro, y lo tenemos desde que abrimos los ojos al mundo, aunque la gente anduviera en cueros.

Visto 2433 veces Modificado por última vez en Viernes, 21 Agosto 2015 15:38

Comentarios  

 
#5 Mike 23-08-2015 06:56
"El odio virulento y larvado hacia el prójimo es la expresión del dolor de uno mismo.", Tahar Ben Jelloun

En cada uno de nosotros hay un animal, que se comporta en la medida que seamos mas humanos, es nuestra diferencia con el reino animal.

Como el Ying y el Yang, unos son ovejas y otros son lobos, en que bando estaría Usted ?
 
 
#4 r@f@ 21-08-2015 14:55
por suerte mi "cromagnon" no sale mucho a la luz publica todo tenemos una animal dentro avido de violencia o descenfreno que es mejor dejarlo guardado.
 
 
#3 Arquero 21-08-2015 13:41
El cerebro humano base de nuestro inteligencia es a su vez un gran desconocido para la ciencia, muchas veces son especulaciones frias las cosas que se hablan de él y las funciones de sus diferentes partes. Nuestro yo pude sentarse algunas veces ante nosotos mismos y no reconocerlo ocurre. ¿Por qué no lo hice?; ¿Por qué actue así?, ¿Por qué me quedé callado?, etc. son interrogantes que nos acompañan durante toda nuestra existencia. Si es verdad y no mitologia que tenemos de silenciosos peces, de caballos, de aguilas, de cerdos, de serpientes, etc. Todo depende de que el animal adecuado aparezca en el momento oportuno. Si eso falla nos pueden decir arrastrado, cobarde, cochino, etc concierta razón.
 
 
#2 Ali 21-08-2015 11:38
Segun Freud los seres humanos piensan en sexo las 24 horas del dia solo que la evolucion ha impuesto un control sobre la mente y el cuerpo para poder convivir todos en paz, asi que si todos estuvieramos desnudos al cabo de un tiempo seria costumbre que pasaria desapercibida.
 
 
#1 Aníbal 21-08-2015 10:53
Entiendo que, mas que la desnudez del cuerpo es la del alma la que importa, viene bien sacarse el corazón de vez en cuando y restregarlo muy fuerte de todo el egoísmo, aunque nos cueste renunciar a algo por el bien de otros, yo acabo de hacerlo, pero no dejo de sentir el animal que todos llevamos dentro.
 

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