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Jueves, 13 Agosto 2015 09:10

¿Cómo hablamos, qué decimos?

Escrito por  Eduardo Luis Martin, AIN
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Sabemos que el idioma está en constante evolución, y al  repetirse las palabras se les incorporan nuevos significados y adquieren matices, pero...según el contexto en que se dicen, sin olvidar la intencionalidad del hablante y  los niveles de interpretación de los receptores.

Sabemos que el idioma está en constante evolución, y al  repetirse las palabras se les incorporan nuevos significados y adquieren matices,  según el contexto en que se dicen, sin olvidar la intencionalidad del hablante y  los niveles de interpretación de los receptores.


Al releer el libro Ayer de Santa Clara, del médico y escritor sobre costumbrismo Florentino Martínez, publicado en la primera mitad de la centuria anterior, advertimos cómo  recoge muchas formas de expresiones populares de esa época y del Siglo XIX.


En las disquisiciones sobre el lenguaje, los pregones,  las frases y vocablos de moda del investigador villaclareño, se puede apreciar que después de surgir la comunicación entre los seres humanos con los sonidos convertidos en palabras, el fenómeno del vocabulario es tan antiguo como el hombre mismo.


Por estos tiempos resulta muy común escuchar con bastante frecuencia, más bien al despedirse dos hablantes,  la expresión DALE, cuestión que llama la atención por lo reiterado de su uso, fundamentalmente en las conversaciones telefónicas.


Al detenernos a observar quienes la utilizan  con mayor asiduidad, vemos que son los jóvenes, al parecer sin darse cuenta, lo que en otros momentos pudo ser: está bien, bueno, chévere,  nos vemos, ok, chao, bárbaro, ándale (propio de los mexicanos) y así muchas otras formas de despedirse, ya en desuso.   


En las indagaciones algunos explican el hecho de no hacer muy extensa la conversación por el teléfono celular y el tiempo de uso, que tiene un costo superior al tradicional y conspira contra el dinero.


DALE es una forma de cortar el diálogo de manera cordial y evitar que se extienda la plática y agote el saldo que les queda.


La palabra en cuestión no se dice de manera consciente, constituye más bien un modismo y por lo regular se pronuncia con más alargamiento en la primera sílaba y aparece DAAALE,  una forma imperativa, algo así como un consejo, un deseo de éxito, cuídate,  haz lo que te digo.


Al parecer la susodicha frase está tan generalizada, que al pasar cerca de una joven cubana residente en el exterior ensimismada en la comunicación telefónica  escuché la despedida que utilizaba con mucha naturalidad el término DAAALE.


A nadie se le ocurriría en estos momentos aparecerse con una de aquellas frases utilizadas en las décadas del 50 del siglo anterior como Pelencho que bien me siento, Aquí en el tíbiri- tábara, abre que voy, ni pita camión, anota Flora o completo Camagüey, Yo te voy a hacer tremendo caso, algunas extraídas de canciones, comerciales, programas humorísticos o simplemente del habla popular.


Hay otras más recientes que se prestan para un saludo como entrada: ¿qué bolá?, ¿ cómo está la cosa?.  Y el reiterado asere, entre los adolescentes. También se escuchan algunas palabrotas innecesarias, de mal gusto, dichas en ocasiones por jóvenes de uno y otro sexo, que denotan pobreza de vocabulario y falta de respeto y educación.


Con el tiempo dejarán de existir muchas de esas frases y palabras, las que serán sustituidas por otras y cada generación impondrá su forma de comunicarse.


Ojalá desaparezcan cuanto antes algunas blasfemias a veces dichas sin sentido, como para destacarse, por carecer de alguna virtud, que dejan mucho que desear y le restan tanto a los esfuerzos de profesores, padres y las instituciones culturales y educacionales que tanto hacen por elevar la cultura de los cubanos

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