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Domingo, 02 Agosto 2015 03:30

Milián y la provocación de sus mariposas saltando al vacío

Escrito por  Octavio Borges Pérez/AIN
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José Milián, ese animal auténtico del teatro cubano, en toda su obra como dramaturgo y director, se empeña en poner en evidencia esa intrincada madeja de las relaciones humanas y sus avatares.

 

En definitiva, el hombre tiene como conflicto esencial esa lucha permanente entre la vida y la muerte; todo lo demás es escenografía y circunstancias.


   
Precisamente, si se quiere vivir con dignidad; la única opción es el auto reconocimiento personal y la comunicación franca con los demás.


 
José Milián, ese animal auténtico del teatro cubano, en toda su obra como dramaturgo y director, se empeña en poner en evidencia esa intrincada madeja de las relaciones humanas y sus avatares, siempre desde la óptica de la dignificación de la condición humana.


 
Ahora, por séptima temporada y con la complicidad de sus actores Falconerys Escobar, Ernesto Planas, Lissete Soria, Ernesto Codner y Olivia San Román; banda sonora, de Enrique Jaime; diseño de vestuario, de Carlos Repilado, de luces, de Marvin Yaquis; y la asistencia de dirección de Fernando Yip, retorna a su impactante pieza Las mariposas saltan al vacío, estrenada el 18 de noviembre de 1994 en el mismo Café Teatro Brecht.


   
Milián suele ser pionero en el abordaje de temas polémicos, espinosos y esenciales, y esta vez también ocurre lo mismo. Fue el primero que puso en la escena cubana las interioridades de un sanatorio donde se mezclan heterosexuales y homosexuales infectados de Sida, donde el travestismo y las consecuencias éticas de esa pandemia conviven en un mínimo espacio.              
   


También estrenada en Puerto Rico, México  y Colombia, la obra resultó traducida al inglés para usarla como texto de estudios teatrales en la Universidad Estatal de Rutgers, New Jersey, Estados Unidos.
 
Ahora, en temporada a partir de este primer fin de semana de agosto, Milían confiesa a la AIN que estas mariposas vienen con algunos cambios, producto de la época, de las circunstancias que nos rodean y también por necesidades, porque el personaje de El Gresil desaparece. 


 
Destaca que lo más difícil fue esto último: prescindir de El Gresil sin afectar las intenciones ni el sentido que quiso darle al texto original, por su propia decisión porque  el conflicto que representaba, de amante interesado del personaje de La Gorda, ahora lo da con otros matices y de  otra forma en la nueva versión.


   
Precisa que la obra no se circunscribe a la circunstancia de la enfermedad del Sida, sino que habla, sobre todo, de la amistad, las relaciones humanas, el amor, en una parábola sobre la vida y la muerte.


    
Cree que la pieza es totalmente vigente y algunas personas le han confirmado que ciertos parlamentos parecen estar escritos ahora mismo.


 
Sigue con su costumbre de trabajar con jóvenes, a quienes prefiere por encima de los consagrados, lo cual atribuye a su frustración como pintor porque le gusta tomarlos vírgenes e irlos moldeando de acuerdo con los requerimientos de la puesta en escena.


 
Acerca del calificativo de farsa que algunos atribuyen a Las mariposas saltan al vacío, aclara que ese tono lo da la forma de la puesta en escena, la manera en la que se mezcla la realidad con lo imaginario, lo fantástico.


 
Otro de los cambios resulta el relativo a la banda sonora, a cargo de Enrique Jaime, quien trabaja con él desde que fundó Pequeño Teatro de La Habana, hace 26 años.
 


Jaime señala que la música en las puestas en escenas de Milián tiene la categoría de un personaje más, que participa en todos los ensayos  y se va creando al mismo ritmo que va tomando el montaje y no como habitualmente ocurre con otros directores que una vez realizado todo el montaje es que se dedican a crear la banda sonora.


 
Tener el lujo de poder asistir a uno de los ensayos, constituye la oportunidad para constatar como el magisterio, desde el convencimiento y la atracción sutil hacia un propósito, sin imposiciones, funciona en Pequeño Teatro de La Habana, gracias al estilo, al parecer tan desenfadado con el cual José Milián conduce a los actores.


 
Ernesto Planas, uno de los jóvenes actores, proveniente de la pantomima, elogia la flexibilidad del maestro, quien es capaz de sacrificar el texto y hasta una idea de montaje en beneficio de las necesidades de los actores.


 
Falconerys Escobar, a cargo del difícil personaje de Lavinia la salvaje, quien se trasviste de hombre a mujer, precisa que Milián crea una alquimia, capaz de convertir algo en bruto en puro oro.


   
A este joven intérprete, en los últimos tiempos le ha tocado encarnar, con gran acierto, papeles bien complicados, como la Dulcinea de El de la Mancha no entra al paraíso y ahora la Lavinia la salvaje, un hombre que se trasviste en mujer, pero que- según él- va más allá de la sexualidad y representa ese poder casi mágico de la amistad que puede trastocar, en los momentos más difíciles hasta las situaciones aparentemente sin salida.
 


Para no caer en los clichés habituales, Falconerys dice que asume esa carga sentimental como en un instante de gracia, donde hay mucho de él como persona, pero también toda una latente potencialidad con la cual se deja arrastrar hasta encontrar los matices adecuados a su personaje.      


 
Lissete Soria, una de las fundadoras del grupo y quien comenzó como música, coreógrafa y bailarina, ahora encarna al Payaso y afirma que todo lo que ha logrado lo debe a Milián y que esta obra deviene un himno a la amistad, una exhortación para que las personas no se queden encerradas en lo que les plantean, sino que intente ir más allá.


 
Esta nueva temporada de Las mariposas saltan al vacío, a todas luces, emerge cual otra oportunidad, para desde el buen teatro, seguir cuestionándonos retos esenciales de la existencia humana; para desde la irreverencia y la aguda reflexión, volver sobre esa eterna asignatura pendiente del auto reconocimiento, la franqueza, el respeto al otro y la amistad, como increíbles fuerzas que pueden, en momentos oscuros, prender luces y descubrir alternativas, para -al menos- afrontar hasta las mayores tragedias con la serenidad de empeñarse en algo por lo cual vale la pena arriesgarlo todo.

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