domingo, 22 abril 2018, 04:18
Lunes, 27 Julio 2015 06:00

Grecia: Del mal, el peor

Escrito por  Arnaldo Musa
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Tsipras no pudo soportar la presión de la troika Tsipras no pudo soportar la presión de la troika
El eterno miedo de salir de la zona euro echó al fuego la decisión del pueblo griego de resistir el hegemonismo alemán prevaleciente en la abusiva troika acreedora    


Una semana después de que el Parlamento griego aprobara el acuerdo entre Grecia y sus acreedores, se vuelve espuma la “consideración humanitaria” del Fondo Monetario Internacional (FMI) de que se debe reestructurar la deuda helena, algo ya manido y que se vuelve infantil  por la imposibilidad de pagarla en plazo alguno, sea cual fuere su monto.

Han continuado las manifestaciones de protestas iniciadas desde que el denominado primer ministro de izquierda, Alexis Tsipras, aceptara leoninas condiciones impuestas por la “troika” integrada por el propio FMI, la Unión Europea (UE) y el Banco Central Europeo (BCE), controlado por Alemania, en realidad peores de las expuestas anteriormente a Atenas.

Situación esta extremadamente difícil para el pueblo griego, si incluso nos atenemos a declaraciones de las llamadas agrupaciones progresistas europeas, como la española Podemos, que plantean una especie de resignación, con el fin de no caer “en los brazos de la ultraderecha fascista y de Rusia”.

Es decir, se llama a la genuflexión total ante una airada Alemania y seguidores, como Finlandia, molestos por la soberana decisión del pueblo griego de decir no a la política de austeridad impuesta por sus acreedores y que el gobierno de Tsyriza fue incapaz de plantear.

Tsipras reconoció que "no creía" en estas medidas que "no" iban a "beneficiar a la economía griega", pero indicó que las únicas alternativas eran un default caótico del país o una exclusión temporal de la zona euro, planteada por Alemania.  A su vez, espera obtener en un tercer plan de ayuda de al menos 80 000 millones de euros.

Realmente, la política del miedo ha hecho mella a lo largo de Grecia, por lo que encuestas revelan que el 70% de la ciudadanía acepte un convenio que deja virtualmente la soberanía, algo preocupante.

Tsipras firmó con la esperanza de poder abrir posteriormente una discusión sobre un reordenamiento de la deuda griega, que se acerca al 180% del PIB.

En su ayuda, ha acudido de forma inesperada el FMI, al afirmar en un informe que la deuda griega es "totalmente inviable", y propone una amplia prolongación de los plazos para devolver sus préstamos o bien una reestructuración.

LA SOBERANÏA EN EL PISO

Antes de empezar a negociar el tercer rescate los griegos deben llevar a cabo una serie de medidas legislativas en el menor plazo de tiempo posible, como aprobar un aumento del IVA, reformar el sistema de pensiones para hacerlo sostenible, salvaguardar la independencia de la agencia de estadística griega, introducir recortes automáticos de gastos en caso de que no se logren los ambiciosos objetivos de superávit.
Además, cambiar el sistema judicial para que sea más eficiente, transponer la directiva europea sobre resolución de entidades bancarias (ojo con los depósitos griegos)

Una vez el parlamento griego haya aprobado todo lo anterior podrán empezar las negociaciones para un tercer rescate, que recoge una serie de puntos mínimos que Grecia deberá cumplir:

Recorte en las pensiones con implementación de cláusula de déficit cero, reforma en el mercado interior griego para que sea más competitivo, para liberalizar sectores cómo el de las farmacias, leche, aperturas de tiendas en domingos, etc.; privatizar el sector energético, llevar a cabo una vigorosa reforma del mercado laboral e y reforzar el sector financiero.

Para asegurar que se llevará a cabo un programa agresivo de privatizaciones, el gobierno griego transferirá activos de su propiedad a un fondo independiente que procederá a venderlos, apoderándose así de los bancos griegos, bajo la tutela y supervisión directa de la troika.
Y hay más, y peor, Y uno se pregunta el porqué Tsipras accedió a tal acuerdo, cuando contaba con la mayoría del pueblo griego para no hacerlo.

Según Tsipras, “durante la reunión del Eurogrupo, el gobierno heleno ha recibido serias amenazas y chantajes que de materializarse tendrían graves consecuencias para el pueblo griego, ya que existe un plan perfectamente detallado (que ya estaba siendo aplicado) para lograr un aislamiento completo del país a todos los niveles, incluyendo el colapso de los bancos y la falta de provisiones de todo tipo. Por lo tanto, con el fin de sobrevivir y no sucumbir, el gobierno se ha visto obligado a aceptar compromisos muy duros, aunque también algunas victorias”.

Las victorias a las que se refiere Tsipras son muy pocas y poco relevantes: 1) alivio de la deuda pública (sin detallar y condicionado a la aplicación de otras medidas), 2) fijación en Atenas y bajo control griego (y no en Luxemburgo bajo control de la Unión Europea) de un fondo independiente destinado a privatizar los activos públicos de Grecia, y 3) no alteración de algunas leyes como las que afectan a los nuevos empleados del sector público.

Tsipras no resistió el pulseo, cuando salir de la zona euro era el mal menor, y así evitar la alternativa de plegarse a una elite avasalladora.

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