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Martes, 14 Julio 2015 04:48

Toronto 2015: Allí donde coronarse sorprende

Escrito por  Harold Iglesias Manresa, especial para CubaSí
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Milagros se llevaba las manos al rostro, Lino aguzaba su mirada y dejaba ver una sonrisa pícara, el polvo blanco del magnesio surcaba el aire con cada nuevo aplauso, o sencillamente quedaba tatuado al dorso...


Milagros se llevaba las manos al rostro, Lino aguzaba su mirada y dejaba ver una sonrisa pícara, el polvo blanco del magnesio surcaba el aire con cada nuevo aplauso, o sencillamente quedaba tatuado al dorso de la vestimenta de Jorge Luis Barcelán, Vicente Gálvez y Félix Machín…

Momentos, gloria, coronación a años de esfuerzo y una imagen eterna. Todo eso puede suceder o escapársete de las manos en fracciones de segundo. No hay cabida para la tensión, se sacan las fuerzas extra, los músculos se tensan y solo respiras con holgura después de que la aleación brillante de metales reposa sobre tu pecho.

Poco a poco se fueron tejiendo las historias: el santiaguero Adriel La O (77 kg) desterró la más mínima sombra de miedo, se vistió de Hércules, preservó el prestigio de Pablo Lara, Idalberto Aranda e Iván Cámbar.

Un número de tres dígitos bastó para que por una nariz le abriese los brazos al cielo en el centro deportivo de Oshawa: 338 kilogramos, desglosados en arranque de 153 y envión de 185. Seguro estoy de que por su mente pasó la posibilidad de escoltar al venezolano y favorito Junior Sánchez, máxime cuando este plantó bandera en el primer movimiento con 155 kg.

Claro, esa era la daga del morocho, y el antillano ripostó con su katana de envión, su tijera impecable y un último esfuerzo válido antes de flaquear en el tercer intento sobre 190. Ansiaba apuntalar con creces su primera incursión dorada, lanzar otro leño al fuego, pero bastó un kilo para inscribirse entre los grandes de América.

Grandes, retumba ese vocablo cada vez que el pinero Yoelmis Hernández se sube y le sonríe a la plataforma, juega con plusmarcas, besa los discos en señal de complicidad. Ninguno de esos gestos faltó hoy, como tampoco la confianza para pulverizar con 370 kg (164-206) las tres cotas continentales precedentes.

En el recuerdo quedaron los 205 de envión del colombiano Carlos Andica en Guadalajara 2011, quien por cuestiones de organigrama privó entonces a Yoelmis de inscribirse como plusmarquista en un ejercicio en el cual exhibe una plata y dos bronces mundiales. Incluso, el pinero de 29 años estuvo a punto de materializar 212 kg en dicha modalidad.

La estrategia de doblar en dicha categoría rindió sus frutos, pues el avileño Yadier Núñez se vistió de grande y escoltó a su coequipero 364 (163-201) con registros que se antojaron marcas personales en su estreno. El bronce se guardó en la alforja del colombiano Juan Francisco Ruiz 347 (157-190).

Entonces tocaría el turno del glamour y la explosividad. La inquieta Marina Rodríguez, a quien ni siquiera los más osados daban como posible subcampeona, pese a haber mostrado sus potencialidades en el Festival de la Mujer de República Dominicana con plata y bronce. Siempre hay una primera vez, y la historia de lunes le reservó un acto de contundencia.

La capitalina de 20 abriles justificó su presencia en Toronto y se vistió de plata 203 (89-114). De seguro concilió el sueño como un ángel, no pensó en los 100 y 200 metros del campo y pista, de donde emigró a la plataforma de la halterofilia, repasó cada movimiento de su secuencia y descompresionó. Regresará a La Habana con Pachi y una presea de plata.

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Únicamente la extraclase colombiana Mercedes Tigrero 235 (103-132) logró superarla, como parte de una secuencia en la que ambas fracasaron en una alzada per cápita del arranque y el envión.

Es una pena que por desajustes de transporte nuestros enviados especiales hayan dejado escapar la posibilidad de un cántico de victoria, otro de muchos que se sucederán en Toronto. Javier Vanega (94 kg) de seguro tendrá mayor oportunidad de expresar su triunfo, si lo materializa este martes.

Guerra, el apellido a la medida

Si usted quiere premiar la constancia, la inteligencia deportiva, la ecuanimidad… sencillamente deletree el apellido Guerra. José y Antonio también parecen ajustarse a la medida de la estirpe del santiaguero de 35 años, ese que lideró el ranking del orbe de la plataforma individual en el año 2005, capaz de escamotearle alguna presea a las máquinas chinas del clavados, y que este lunes igualmente se inscribió junto a su cómplice desde el 2008, Jeinkler Aguirre, en los libros del ornamentalismo.

Su página quedará grabada como la de los primeros cubanos capaces de acceder al oro en la modalidad sincronizada de Juegos Panamericanos.

No podía llegar en mejor momento su rendimiento de sobrada estabilidad: 439.14 unidades (52.20-54.00-79.68-84.48-86.70 y 82.08). Jeinkler nuevamente no había accedido al podio en la lid individual. Recaló cuarto, luego de entrar último a la definición tras las preliminares; José necesitaba una inyección de confianza extra que opacara el velo gris de dos temporadas de poca constancia, de situaciones de entrenamiento en extremo tensas, de pérdida incluso de esa psiquis impenetrable, especialmente a menos de tres semanas del Mundial de Deportes Acuáticos, y con presuntamente tres de las duplas que verán en dicho escenario.

Bajo esa lección de sincronismo y dominio técnico silenciados quedaron los anfitriones Philipe Gagné-Vincent Riendieau (404.34) y los cafeteros Víctor Ortega-Juan Guillermo Ríos (403.23).

El lunes trajo otras alegrías, como los rendimientos sostenidos del canotaje y el remo; igualmente deparó un sabor amargo, pues ninguno de los tres finalistas del judo hizo la cruz en el casillero del oro.

En fin, guardados en mi memoria como en el Scotia Bank y el Code I aztecas hace cuatro años, quedarán, con un sabor más grato esta vez, los pasajes históricos de halterofilia y ornamentalismo.

Visto 3095 veces Modificado por última vez en Martes, 14 Julio 2015 19:46

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