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Miércoles, 08 Febrero 2012 21:13

La defensa de Ileana y el Herald al bloqueo a Cuba: Contra Dios y el mundo

Escrito por  Nicanor León Cotayo
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Ahora, a la distancia de medio siglo de formalizado el bloqueo contra Cuba, Ileana y su periódico El Nuevo Herald se atreven a defender una política repudiada por casi todo el planeta.


Un periódico de Miami cálidamente aliado a grupos ultraderechistas     de origen cubano radicados allí comentó este miércoles a su manera el medio siglo de impuesto el bloqueo de gobiernos de Estados Unidos a Cuba.

Se trata de El Nuevo Herald, que busca apoyo a esa tesis con declaraciones de la congresista Ileana Ros-Lehtinen, la cual hace años salvó de la cárcel al hoy fallecido terrorista Orlando Bosch Avila y ahora defiende con ardor a otro de igual plumaje, Luis Posada Carriles.

La señora Lehtinen, presidenta del Comité de Relaciones Exteriores de la Cámara de Representantes, dijo que tal política de aislamiento entraña “una posición moral contra la dictadura” castrista. Después agregó:

“Durante los pasados 50 años el embargo ha servido como una forma de solidaridad con el pueblo cubano. Soy optimista de que una Primavera Cubana llegará a Cuba mientras mantengamos y reforcemos políticas que apoyen el anhelo del pueblo cubano de vivir en libertad”.

Ni Ileana ni su periódico recordaron que desde el año 1992, hasta el presente, la Asamblea General de la ONU ha suscrito en 20 ocasiones una condena, no al titulado “embargo” sino al bloqueo a Cuba.

Durante su última reunión anual, en octubre pasado, la Asamblea rechazó y exigió el fin de esa política con una votación de 186 países a favor, dos en contra y tres abstenciones.

Volvió a llamar la atención el hecho de que hasta importantes gobiernos aliados a Washington se sumaran una vez más a la desaprobación de tal cerco económico, comercial y financiero.

Según el Herald, tal “embargo” surgió bajo el gobierno de Kennedy en febrero de 1962, inexacto, porque de manera real ya desde 1959 la Casa Blanca ejecutó medidas que lo anticipaban.

Una de ellas ocurrió en octubre de 1961, cuando al concretar una insinuación hecha por el vicepresidente Nixon, prohibieron casi todas las ventas que hacían a la isla, con excepción de medicinas y alimentos.

Tres años más tarde, el 14 de mayo de 1964, la Casa Blanca extendió su bloqueo a esos productos. El mejor análisis sobre esto último corrió a cargo del periódico The New York Times:

“Los alimentos y las medicinas habían sido hasta ahora las únicas mercancías que podían ser embarcadas para Cuba sin permiso del gobierno. Ahora se necesitarán licencias específicas, claramente para rebajar los embarques.

“No es esta la manera de ganar la guerra fría contra Cuba, ni es el modo de presentar al mundo una imagen de los Estados Unidos como país humanitario y magnánimo. Los Estados Unidos nada ganarán hambreando más a los cubanos ni ganarán amigos en Cuba haciéndolos sufrir por falta de medicinas.”

La vida ha dado la razón al Times, como lo demuestra un rosario de ejemplos.

Cuando el papa Juan Pablo II visitó Cuba en enero de 1998, durante una gran misa realizada en la Plaza de la Revolución abogó por eliminar el bloqueo a la isla, debido –manifestó- a que se trata de medidas “injustas y éticamente inaceptables”, “impuestas desde afuera del país”.

Unos trece años después, el 30 de marzo de 2011 y en el transcurso de una conferencia de prensa efectuada en La Habana, el ex presidente estadounidense James Carter se inclinó a favor de “poner fin” al bloqueo contra Cuba.

Quizás uno de los casos que más sintetizan hasta dónde ha llegado esa política de Washington hacia la isla fue protagonizado por una maestra de Estados Unidos, Joni Scott, residente en el estado de Indiana.

El 11 de noviembre de 2003, ella se presentó en el Congreso federal, luego de visitar con anterioridad La Habana junto a integrantes de su iglesia, oportunidad en la que distribuyó Bíblias  en Cuba.

“Fui a Cuba a entregar las Biblias y resulta sorprendente que el Gobierno me quiera poner una multa de 10 000 dólares”, por hacerlo, declaró entonces Scott a la agencia británica Reuter.

La presencia de esta maestra en el Capitolio tuvo lugar 24 horas antes de que Ileana Ros-Lehtinen y Lincoln Díaz-Balart lograran sabotear un acuerdo del Congreso que levantaba el bloqueo a los viajes con destino a La Habana.

Ahora, a la distancia de medio siglo de formalizado el bloqueo contra Cuba, Ileana y su periódico El Nuevo Herald se atreven a defender una política repudiada por casi todo el planeta.

Tan gallardos, ¿serían capaces de pronunciar algunas palabras a favor de la justa lucha que lleva adelante Argentina en defensa de su soberanía sobre Las Islas Malvinas?

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¿Se atrevería Ileana Ros-Lehtinen  a tomar posición respecto a las salvajes golpeaduras que la policía lleva a cabo contra los “indignados” que protestan contra agudas injusticias sociales?

Un multimillonario que aspira a la candidatura presidencial del Partido Republicano de Estados Unidos, Mitt Romney, acaba de manifestar públicamente su total indiferencia hacia los más pobres.

Al hablar desde Tampa en el primer debate de sus elecciones internas en la Florida, con calculada intención Romney llegó a decir que festejaría una noticia sobre la eventual muerte de Fidel Castro.

Desde que en 1989, cuando aspiró por primera vez a un asiento en la Cámara de Representantes, la señora Lehtinen respaldó fieramente al terrorista Orlando Bosch Avila.

El esposo de Ileana Ros-Lehtinen ha sido acusado por una tribu cercana a Miami de haberle mentido y provocado gastos jurídicos por millones de dólares.

Ahora, cuando se produjo la salida a la calle de González Schwerert, otra vez la congresista norteamericana Ileana Ros-Lehtinen dio la nota  más notoria al justificar implícitamente la necesidad de matarlo.

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