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Sábado, 04 Abril 2015 07:06

Agresión a Yemen: Indecisa «Tormenta Decisiva»

Escrito por  Arnaldo Musa, especial para CubaSí
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Antes, Arabia Saudita compraba voluntades con camiones cargados con piedras preciosas; hoy, se apoya en lo peor de la zona, bajo la tutela de Israel y Estados Unidos.

Cuando oía de la cooperación israelí y norteamericana para que una coalición reaccionaria árabe encabezada por Arabia Saudita agrediera a la agrupación rebelde huti en Yemen, recordaba aquella conversación con el fallecido periodista francés Eric Rouleau (Le Monde), quien fue testigo de cómo con camiones cargados con piedras preciosas, Riad compraba a jefes tribales para hacerlos combatir contra los revolucionarios en lo que era la sureña República Popular Democrática de Yemen.

Hasta medios progresistas han sido confundidos con la propaganda de que los bombardeos aéreos contra Sanáa, la capital, y otras regiones de la nación están dirigidos contra efectivos del terrorista Ejército Islámico –de creación imperial-, cuando realmente su objetivo principal son los rebeldes huties del grupo Ansarolá (Ansar Allah), que goza de las simpatías de la mayor parte de la población.

La cadena 10 israelí ha revelado que el régimen de Israel ha brindado apoyo estratégico a Arabia Saudita para acabar con la resistencia islámica en Yemen, en tanto a Estados Unidos no le costaba trabajo alguno para que Gran Bretaña y otros aliados europeos de la región hicieran lo mismo con países integrantes de la Liga Árabe sumados a la agresión.

“Tenemos intereses comunes con Arabia Saudita, porque tanto Riad como Tel Aviv son enemigos de la Resistencia Islámica en la región, liderada por Irán, confesaba un portavoz israelí, mientras otras fuentes sionistas expresaban su preocupación por la llegada al poder de un gobierno yemenita progresista que apoya tanto a Teherán, como al gobierno sirio y al movimiento libanés Hizbullah, protagonista de reveses militares al ocupante ejército de Israel.

Lo cierto es que Riad está enojado por haber perdido su patio trasero en la zona, cuando fue depuesto el impopular gobierno del exdictador Ali Abdullah Saleh, quien buscó asilo político en uno de los países árabes ribereños del Golfo Pérsico, en tanto Washington maniobró para que Naciones Unidas reconociera otro gobierno con sede en  Adén, que tiene como presidente a Abdul Rabu Mansur Hadi, quien estimó que la denominada operación Asifat al-Hazm (Tormenta Decisiva) no durará semanas, sino solo unos días.

“Los bombardeos de la coalición han logrado infligir grandes pérdidas en las filas del movimiento Ansarolá, razón por la cual no creo que esta operación dure semanas, sino solo unos días”, ha afirmado Yasin en una entrevista concedida a la cadena de noticias Al-Arabiya, pero ya se reportó el derribo de por lo menos tres aviones -dos sudaneses y otro saudita- y la captura de varios soldados agresores en zonas fronterizas.

La intervención saudita con el visto bueno del Imperio, está respaldada por Egipto, Jordania, Sudán, Paquistán y los integrantes del Consejo del Golfo, excepto Omán., además de que Turquía se sumó a última hora.

Pero lo más grave es el sufrimiento que esos bombardeos están causando a la población de la capital y de otras zonas en el sur, donde el Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF, por sus siglas en inglés) advirtió de una próxima crisis humanitaria, y culpó de ello a los ataques indiscriminados de la aviación.

Lo cierto es que en todo esto se muestra nuevamente la doble moral del imperialismo, que  dice salir en ayuda del “gobierno legítimo” yemenita, cuando, por el contrario, ha conspirado contra el de Yanukovich, en Ucrania; Bashar al Assad, en Siria, y Nicolás Maduro, en Venezuela.

No hubo pesar, sino hasta calificaron como resultado de la “ira popular”, la acción de un grupo de nazis que encerraron y quemaron vivos en un edificio de Odessa a un grupo de personas, así como apoyaron bajo la sombra a los bárbaros que aniquilan y destruyen la vida de los sirios, y emiten injustificadas sanciones y amenazas a Venezuela, cuando Caracas defiende la Revolución Bolivariana.

Consecuencias de la acción en Yemen ya se hicieron sentir, como la subida de los precios del petróleo y la puesta en peligro de un posible acuerdo entre Estados Unidos e Irán sobre el problema nuclear, en beneficio de la política del sionismo.

Por eso, desde el principio señalamos la inexactitud de la propaganda de los enemigos de los pueblos, cuando en un inicio trataron de vincular la agresión al pueblo yemenita con el accionar del Estado Islámico.

Es porque, realmente, Yemen, el país más pobre del mundo árabe, no constituye una amenaza a la seguridad de Arabia Saudita, ni a los países del Golfo Pérsico y del Mar Rojo, como esgrimió el reino wahabita para justificar su agresión militar, en tanto no advierte ninguna hostilidad proveniente del régimen sionista israelí, que posee uno de los mayores ejércitos en el mundo.

De acuerdo con un despacho de PL, Nasralla,  líder de Hizbollah o Partido de Dios, la principal agrupación de la resistencia chiita libanesa, declaró que esa actitud belicista "no es una conducta religiosa ni humanitaria";  y que si el objetivo de la agresión era rescatar al pueblo yemenita, es contraproducente el abandono durante décadas de los palestinos por Riad y sus aliados.

"El pueblo palestino está aún suplicándoles (ayuda) y las casas de miles de gazatíes (residentes en la Franja de Gaza) fueron destruidas. Ellos son musulmanes sunnitas y apelaron a líderes árabes que ni pestañaron", criticó Nasralla, quien apuntó irónicamente que durante años los palestinos y países vecinos de Israel “nunca sintieron una ‘Tormenta Decisiva’, ni siquiera una brisa decisiva".

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