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Miércoles, 01 Abril 2015 08:26

LSB: Monarcas, reflexiones y quimeras

Escrito por  Harold Iglesias Manresa, especial para Cubasí
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Primero el horizonte. Tanto para el comisionado nacional José Ramírez, como para los timoneles Alberto Zabala y Daniel Scott, como para los propios jugadores y todos los amantes del baloncesto en Cuba, hay que crecer.


La recién finalizada Liga superior de Baloncesto lo evidenció. Más allá del epílogo con sabor a gloria, a tabaco y pintada de añil para Pinar del Río, capaz de retener su cetro en la versión femenina al imponerse 78-70 a Capitalinas en el sexto juego, y los azules Capitalinos alzando sus manos al cielo, dejando asomar lágrimas de emoción luego de reencontrarse con una corona esquiva tras cuatro años de espera, igualmente ceñida al caer el sexto acto con favorable 68-63.


Incuestionable el hecho de que  vueltabajeras y giraldillos mostraron el accionar más estable apuntalados en respectivos balances de 26-2 las chicas de Armando Pérez y 27-0 los discípulos del debutante Raynel Panfet, cadena extendida en su caso a 32 sonrisas. Eso no significa que incluso ellos estén aún distantes de lo que pudiera exigir una competición de calidad en el llamado deporte ráfaga.


NÚMEROS QUE DICEN


Las pinareñas estuvieron avaladas por aceptable 42% en tiros de campo (824 aciertos en 1 961 intentos), 29% en canastas de tres puntos (162 en 556), 900 rebotes, 463 asistencias y 66% en tiradas libres (300 en 453), además de 432 pérdidas, estos dos últimos rubros inferiores al 75% y la relación de una pérdida por cada dos asistencias, consideradas por muchos especialistas notables en lides de rigor.


Al lado opuesto de la duela mostraron paridad en varios departamentos sus rivales citadinas, quienes encestaron para el 43% (853 en 2007 disparos), 952 rebotes, 404 pases de canasta y 428 desaciertos con la esférica. Uno de sus puntos débiles fue el pobre 59% desde la línea de los suspiros (353 en 595).


En la definición salió a relucir la profundidad de su plantilla, con Arlenis Romero en la conducción, Anisleidys Galindo y Taimí Fernández haciendo daño con sus penetraciones y lances desde la media y larga distancias, unidas al dúo Arlety Povea-Anay García batallando en la zona de restricción. Todas ellas miembros de la preselección nacional, con el oxígeno adicional de la veterana de 42 años Ayame Ochandorena y la novel de 19 Yusleydis Miranda.


Rivalidad notable y en sentido general buen baloncesto, amén de que en algunas ocasiones la tensión propia de los desafíos de envergadura provocó fallos en contragolpes fáciles, desaciertos en pases y jugadas básicas, sumados a situaciones tácticas sin balón cuestionables.


Fisuras que contribuyen a moldear los criterios que distancian nuestra competición del nivel de otras ligas de América y Europa.


Con todo y eso cargaron individualmente con el poderío de las campeonas Romero (124 puntos y 39 asistencias), Galindo (101 unidades y 32 rebotes), y Fernández (94 rayas y 37 capturas bajo las tablas).


Mientras las subtitulares dependieron de la veterana de 34 abriles Zuleira Atiez (125 cartones y 55 tableros) y la delantera de 22 Dairis Tornell (74 tantos y 32 recuperaciones) las de mejor performance.


Guantánamo, Sancti Spíritus, Santiago de Cuba, Camagüey, Villa Clara y Artemisa completaron la tabla de posiciones.


LOS HOMBRES EN BUSCA DE SU DIMENSIÓN


Si bien el baloncesto femenino cubano ha logrado mantenerse entre las mejores 15 potencias mundiales —exhibe en la actualidad el escaño 13 del ranking universal y el cuatro de América con 131 puntos— los hombres, anclados en respectivos escalafones 58 y 14, necesitan bregar mucho más en busca de una órbita cercana al panorama continental, especialmente los jugadores que no han tenido presencia alguna en las preselecciones élite, entiéndase la mayoría. En el recuerdo ya empolvado se encuentra el vellocino dorado del Centrobásket 1999 acá en La Habana.


Ahora vayamos a los rubros estadísticos de los dos finalistas en la fase clasificatoria: Capitalinos, indiscutiblemente dueño de la plantilla más profunda, trabajó para el 44% de campo (746 válidos en 1 705 intentos), aceptables 30% en cualquier ámbito más allá de los 6.75 metros (181 en 604), capturaron 784 rebotes, con 350 asistencias ante 349 pérdidas, sumado al discreto 64% en el cobro de libres (384 en 601).


Ciego reboteó como ningún otro quinteto (944), sin embargo, su balance de jugadores asistidos (300) frente a pases erráticos (430), dejó mucho que desear, al igual que en las tiradas libres (360 en 630 para famélico 57%).


En la definición, los índices de efectividad de ambos mermaron considerablemente. Los análisis no deben ser fríos, y si bien es real que la presión se convirtió en un enemigo adicional, resultaba inconcebible ver errar lances abiertos y cometer violaciones que denotaban lagunas técnicas. Si esos deslices pesaron en las dos legiones de mayor calidad en la Liga, con 17 trofeos en su haber, a razón de ocho para los Búfalos avileños y siete para los giraldillos, imaginen qué depararles al resto de los quintetos inmersos en la justa.


Otro handicap perenne desde hace algún tiempo es la falta de talla y peso corporal de nuestros baloncestistas, además de que al transitar de la categoría juvenil a la Liga llegan con lagunas en el dominio de los fundamentos del baloncesto, ya sea con el balón en su poder o en el juego posicional y de rotaciones.


De vuelta a la serie por el oro, como es lógico a la hora cero el peso ofensivo de Capitalinos recayó en el centro de 21 años y 2.04 metros Jasiel Rivero, quien a sus 98 cartones adicionó 40 rebotes, secundado por el alero Lisván Valdés (66) y el pívot zurdo Orestes Torres (63-40). William Granda (85) y Yoan Luis Haití (79-32 capturas bajo el aro) devinieron los mejores por los derrotados. Todos ellos, miembros de la legión tricolor.


Cierra el análisis el desempeño arbitral, con falencias en casi la totalidad de los desafíos presenciados. Los imparciales tampoco escapan de la tensión, pero deben estudiar más las reglas del deporte, atemperarse con el baloncesto actual y ser más rigurosos en sus veredictos, para no pecar de abogados del diablo en consonancia con el escenario de juego, y preservar la calma y el control de los choques, que en ocasiones se les escaparon de las manos.


Urge mirarse por dentro, profundizar en toda mínima cuestión que coadyuve a elevar el techo de nuestro baloncesto. El 2016 se avista próximo al aro. Espectáculo y calidad son palabras de orden, y no podemos permitirnos no aspirar a volverlas recurrentes.

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