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Lunes, 05 Enero 2015 07:00

Marcos Gómez en el kilómetro cero

Escrito por  Vladia Rubio / CubaSí
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“Restaurar el Capitolio te hace sentir importante. Cuando pasen los años y allí se estén decidiendo cuestiones vinculadas a los destinos del país, podré decir ahí estuve yo".

 

Entre los siete restauradores de pintura mural que trabajan en el Capitolio Nacional está Marcos Gómez. Graduado de la Academia de Bellas Artes San Alejandro en 2011, no se imaginaba que tres años después de aquel verano de fin de estudios,  estaría hoy a varios metros del piso, semioculto el rostro por un naso buco con filtro, rescatando para sus hijos y nietos por venir lo que hicieran artífices de tiempos idos.


“Restaurar un edificio como ese te hace sentir importante. Cuando pasen los años y allí se estén decidiendo cuestiones vinculadas a los destinos del país, podré decir ‘ahí estuve yo’. Entonces, ya no podré recorrer todos sus salones, como hago ahora. Es bello eso de la trascendencia.”


altMarcos en el Salón de los Pasos Perdidos, donde también se encontraba, casi a los pies de la Estatua de la República, el diamante que marcaba el kilómetro cero de la Carretera Central.


Como Marcos, de 22 años, son jóvenes todos los que laboran en la restauración del emblemático edificio, salvo los constructores. En su brigada, comparten trabajo otro egresado de una academia de artes plásticas y muchachos de la Escuela Taller Gaspar  Melchor de Jovellanos, quienes también están repartidos por toda la obra en labores de yesero, metales…


Los encargados como Marcos de restaurar las pinturas murales y otros detalles pictóricos en frisos, techos y otros espacios, primero preparan la superficie: le quitan el polvo de años 85 años que allí se acumula, luego aplican una solución amoniacal, y rellenan con yeso cualquier fisura.


“A los lugares donde detectamos  hongos se les da lija;  y si el yeso está muy maltratado,  hay que tumbarlo y volverlo a hacer,  pero eso le toca a los yeseros”.

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No se puede trabajar sin los medios de protección: además de polvo, hongos y otros microorganismos se desprenden en cascada de los añejos techos.


La fidelidad a las obras originales es la mayor exigencia. Y aunque se toman fotos constantemente para garantizarla, no hay que insistirles mucho a los muchachos. Están convencidos de la grandeza de su anónimo trabajo: “Lo sagrado  inspira respeto, y este lugar es sagrado. El otro día sentí eso mientras estaba subido al andamio y miré toda esa inmensidad que estaba alrededor mío” –ratifica Marcos.


“A veces, al detallar bien de cerca,  tú ves las pinceladas de los que hicieron antes el dibujo original, y te das cuenta de cuánto sabían, de su  profesionalidad. Eso hay que protegerlo –insiste.

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La gran mayoría de las pinturas en los techos se encuentra tanto o más deteriorada que esta

 

El joven artista  devenido temporalmente restaurador cuenta que en oportunidades “Rayamos para buscar la pintura original a ver si no se había retocado con anterioridad. No hace mucho se le hizo una cala a una cenefa -la cala se hace en tres fases-, y encontramos que en realidad era dorada y no carmelita, como la habían pintado luego. Ahora, nosotros estamos restaurando con los colores que en un principio llevaba.”


“El restaurador hace las calas con una cuchilla y yo, como pintor, vengo atrás con el pincel. Nos complementamos, pero no de inmediato porque luego que él indica los colores que deben ir, el supervisor da la aprobación y los mandan a hacer al taller de acuerdo con el contratista.

 

“Me ha gustado muchísimo la restauración. Y lo que más me impresiona son los detalles, la exquisitez con que fue hecho todo, la misma con que ahora se trata de reparar”.  


De aquí, a la Capilla Sixtina


Iniciada en la práctica en 2012, la restauración del Capitolio constituye la obra más completa y de mayor envergadura emprendida por la Oficina del Historiador de la Ciudad.


Tal colosal empeño incluye absolutamente todos los componentes de la edificación, desde el sistema eléctrico, los cerca de 50 baños, los bronces, yesos, carpintería, pinturas decorativas de paredes y techos, patios, jardines, esculturas,  hasta la cúpula, considerada en 1929, cuando quedó inaugurado el Capitolio,  la quinta más alta del mundo.


Este majestuoso edifico abrió sus puertas durante el gobierno de Gerardo Machado como sede al Senado y la Cámara de Representantes. Con el paso del tiempo se transformó en museo y posteriormente, sirvió de enclave al Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente (Citma) y a la Academia de Ciencias de Cuba. Oficialmente ha sido anunciado que al concluir su reparación, esta  edificación, Patrimonio Nacional,  acogerá al Parlamento cubano.


Marcos confiesa a Cubasí que en oportunidades, durante sus escasos ratos libres, se ha puesto a desandar los salones, donde puede percibirse el eco de los pasos a pesar de la caótica sinfonía que componen los ruidos de las labores constructivas.  Durante esos andares meditabundos, en una oportunidad dio de frente con los 17 metros de altura  (contando el pedestal) y 30 toneladas de  la Estatua de la República, hecha en bronce fundido, dorada electrolíticamente  y considerada, de entre las estaturas bajo techo,  la tercera más alta del orbe.  Se le quedó mirando y concluyó, según relata a la reportera: “Es el peso de la historia”.


Una vez más, ante la gigantesca mujer dorada, en el Salón de los pasos perdidos, justo donde comienza el kilómetro cero de la carretera central,  se recordó a sí mismo  la tanta suerte que había tenido de poder poner su granito de arena donde no pocos quisieran trabajar, en la restauración del Capitolio Nacional, “porque de aquí, para la Capilla Sixtina,  ¿no?

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Comentarios  

 
#4 elder 06-04-2015 10:10
bellisima edificasion ,,,me gustaria que hubiera asi obras en otras provincias y no sea todo pa la habana y santiago
 
 
#3 Robert 06-01-2015 10:04
OPP cuidado con intentar borrar la historia compañero u omitir las causas y efectos y su importancia actual porque podemos también caer en no considerar el valor metodológico de la misma y pecar de nuevo. No basta con el estilo ese de estar felicitando por todo o por la realización de cosas que son parte de la responsabilidad de instituciones y personas y querer borrar la parte de la historia que no nos gusta escuchar ni reflexionar, más bien hace falta trabajar con consciencia para darle lo que merece esa instalación, y eso no solo es de los restauradores. Además lo pasado si importa y mucho compañero o es que no se ha dado cuenta que siempre estamos apelando a ello.
De buenas intenciones estamos dotados todos pero hace falta materializarlas con resultados óptimos y eso no son cosa superficiales ni que se logran con una simple felicitación.
 
 
#2 OPP 05-01-2015 15:51
Ya lo pasado , pasado esta, nunca es tarde si la intencion es buena , saludos a los restauradores que hacen un buen trabajo.
 
 
#1 Robert 05-01-2015 12:12
Es una pena que nos dimos cuenta del valor de esa edificación tan tarde y que únicamente haya sido asociado a la política de la manera que se hizo como si la edificación fuese un participante activo más en las cosas tan atroces que se hicieron contra nuestra nación y que muchas se fraguaron allí, y que tratando de borrar su presencia se tomara para cede de ministerios u otros fines. Tal vez como museo hubiese tenido mejor suerte.
Realmente es una réplica muy bien lograda arquitectónicam ente. Es penoso ver como sus aceras se convirtieron en baños públicos, terrenos de pelota, lugar donde dormir personas de la calle, etc. O que a algunos se les ocurrió hacer oficinas en su espacio interior, no quiero pecar con errores por el tiempo que ha pasado, pero creo recordar que hasta habían perforados los pisos, en fin que el abandono fue muy significativo. Del entorno ni hablar: paradas de guagua, área de vendedores, etc. y todo en detrimento de sus jardines. En fin…
La primera vez que entré en él quedé maravillado, no solo de su majestuosidad si no también por las oficinas improvisadas allí que no me concordaban. Nunca vi el famoso brillante, y la estatua, una de la más grande bajo techo en el mundo, estaba bañada en suciedad y necesidades de reconocimiento.
Ahora, indiscutiblemen te, estamos ante un gasto extraordinario para devolverle sus valores patrimoniales.
 

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