viernes, 21 septiembre 2018, 23:10
Miércoles, 10 Diciembre 2014 06:55

Cuba: Defender todos los derechos humanos

Escrito por  Redacción CubaSí
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Cuba está permanentemente en la mira de los grandes medios internacionales por «sus violaciones de los derechos humanos». Los raseros no son inocentes. La meta es garantizar el respeto de todos los derechos, sin presiones externas.

El lector habitual de cierta prensa extranjera, el que no haya venido a este país, lo debe tener muy claro: Cuba es el mayor violador de los derechos humanos del hemisferio.


Eso se dice una y otra vez, en un sonsonete que pretende establecer una verdad incuestionable, por el mero hecho de repetir lo mismo.


La noción de los derechos humanos de esos medios, de esos centros de poder, suele ser bastante estrecha: se reduce a puntuales derechos políticos, de expresión y asociación… susceptibles a particulares interpretaciones.


Ignorando muchas de las singularidades del contexto cubano —algunos sin malas intenciones, otros con todas las intenciones del mundo—, afirman que el pueblo cubano es uno de los más oprimidos del planeta.


El concepto de «derechos humanos» es amplio, incluye numerosas facetas que se suelen olvidar. Y en buena parte de esos ítems, el expediente de Cuba es ejemplar.


Ni siquiera muchas de las grandes potencias mundiales, que se erigen en paladines de los derechos humanos en el mundo, tienen un historial impoluto.


El gobierno de los Estados Unidos, con el pretexto de promover los derechos humanos en Cuba, comete una de las más consuetudinarias violaciones a los derechos de un pueblo entero: el bloqueo económico de más de cinco décadas.


A pesar de esa agresión permanente —que tiene consecuencias severas en la economía y en el nivel de vida de los cubanos—, Cuba ha mantenido niveles sociales de referencia en América Latina.


Varias organizaciones internacionales han reconocido los logros de Cuba, hasta el punto de que la isla tiene uno de los más altos índices de desarrollo humano en la región.


Sin desconocer los emergentes problemas en el sistema de salud pública y en la educación, Cuba garantiza la cobertura absoluta de esos servicios. Y presta efectiva colaboración en esos sectores a otros países.


El ciudadano tiene también a su disposición un sistema cultural y una red deportiva que garantizan el disfrute pleno de esas manifestaciones.


El clima de tranquilidad ciudadana es ejemplar. En Cuba no hay secuestros, extorsiones, masacres, tráfico de órganos, narcotráfico organizado, desapariciones… El índice de homicidios es uno de los más bajos del continente.


Están proscritas todas las manifestaciones de discriminación por color de la piel o género. Se trabaja en la erradicación absoluta de los prejuicios que persisten.


Cada día se avanza más en el reconocimiento de los derechos de las minorías, así como de los derechos sexuales y reproductivos.


Hay absoluta libertad para salir o entrar al país, salvo en casos específicos que afecten la seguridad nacional.


Por ley, el ciudadano tiene el derecho de influir en la gestión de gobierno y de escoger a sus representantes. Nadie asume que el sistema sea perfecto, el reto es trabajar por hacerlo cada vez más democrático, de manera que la participación popular sea más efectiva.


Es un debate con absoluta vigencia. La pretensión es ampliarlo y profundizarlo, de manera que sean palpables sus resultados.


Pero no se puede olvidar una circunstancia: Cuba enfrenta las fuertes presiones de su adversario histórico: los Estados Unidos de América.


Las acciones para normalizar las relaciones entre los dos países siempre han encontrado obstáculos por la parte estadounidense.


Estados Unidos ha dejado claro, en numerosas oportunidades, que su objetivo es subvertir el sistema político cubano.


No han escatimado recursos, e incluso han reconocido que sostienen a una «oposición» dividida y desmoralizada.


Ningún país de América Latina ha sufrido una campaña de tales dimensiones. El hecho de que el país la haya soportado durante más de cinco décadas es una prueba de que la Revolución es un empeño popular.


La meta, está claro, es continuar garantizando todos los derechos humanos. Y hacerlo garantizando la soberanía nacional. Sin presiones externas, sin chantajes.


Un proceso nacional, comprometido. El camino de Cuba tienen que decidirlo los cubanos.

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