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Lunes, 01 Diciembre 2014 12:59

La fotomanipulación o la verdad en tiempos de Photoshop

Escrito por  Selecciones.com
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En 2011, por ejemplo, la Agencia de estándares publicitarios del Reino Unido exigió a L’Oréal que retirara publicidades de maquillaje que mostraban el rostro de la actriz Julia Roberts, porque el “aura de piel perfecta” En 2011, por ejemplo, la Agencia de estándares publicitarios del Reino Unido exigió a L’Oréal que retirara publicidades de maquillaje que mostraban el rostro de la actriz Julia Roberts, porque el “aura de piel perfecta”

Con la llegada de la fotografía digital, la alteración de fotos se volvió una práctica común. Casi siempre la modificación es estética, pero uno nunca sabe si una fotografía es la imagen fiel de una persona o el registro real de un evento.

No es inusual que individuos o intereses creados traten de influir sobre los puntos de vista políticos de la gente y presenten imágenes falsas y engañosas de los hechos. El resultado convincente que se logra con el software para manipular fotografías hace que la práctica sea aún más artera: ninguna fotografía, de ninguna época, es confiable ahora, porque siempre existe la posibilidad de que haya sido alterada. Al mismo tiempo, se ha vuelto difícil mantener indefinidamente el engaño de una imagen alterada, porque alguien, en algún lugar, conoce la original y puede hacerla pública por Internet.

En consecuencia, la fotomanipulación política es ahora más eficaz cuando se usa como arma de guerrilla, para influir en la opinión pública de manera temporaria pero decisiva, mientras que en el pasado, cuando las fotografías se alteraban con propósitos políticos, la intención era cambiar el registro histórico para siempre. En la campaña presidencial estadounidense de 2004, por ejemplo, una fotografía del candidato demócrata John Kerry de principios de la década de 1970, cuando era muy joven, fue empalmada digitalmente con una foto de la actriz Jane Fonda de esa época, para que pareciera que ambos compartían un estrado en la misma manifestación contra la guerra de Vietnam. La composición tuvo amplia publicidad y, hasta que se develó el truco, ayudó a reforzar la impresión, entre algunos votantes conservadores, de que las credenciales patrióticas de Kerry eran tan cuestionables como las de “Hanoi Jane”.

Las cosas se invirtieron cuatro años después, durante la siguiente elección presidencial, cuando un desconocido demócrata pegó, mediante fotomanipulación, la cabeza de la candidata republicana a la vicepresidencia, Sarah Palin, al cuerpo de una mujer que lucía una bikini con la bandera norteamericana y portaba un rifle. Esta imagen, en cierto sentido misógina, circuló ampliamente por Internet y tuvo éxito en fomentar la impresión de que Palin era vulgar, carecía de seriedad, y era políticamente irresponsable en cuanto a su actitud sobre el control de armas.

Una tez diferente

La imagen corporal es un área en la que la fotomanipulación puede hacer un mundo de diferencia, y juguetear con la verdad visual suele ser ahora una cuestión comercial o de vanidad personal. Es muy normal que las personalidades famosas insistan en que sus fotos sean “retocadas” antes de la publicación, para verse con una luz mucho más glamorosa. Y ha habido instancias en las que las empresas de cosméticos han dado por sobrentendido que sus productos tienen el poder, digamos, de quitar arrugas, cuando de hecho el efecto fue magnificado por un habilidoso artista digital.

En 2011, por ejemplo, la Agencia de estándares publicitarios del Reino Unido exigió a L’Oréal que retirara publicidades de maquillaje que mostraban el rostro de la actriz Julia Roberts, porque el “aura de piel perfecta” mencionada en el texto que acompañaba la imagen había sido lograda, en parte, a través de lo que la empresa llamó “técnicas de posproducción digital”. La apariencia de la piel es fácil de alterar, y a veces el cambio implica más que la mera exageración. En 1989, una revista de programación norteamericana colocó la cabeza de la estrella de TV de tez negra, Oprah Winfrey, en una foto de archivo de la actriz blanca Ann-Margret, que llevaba un vestido de cóctel. Naturalmente, el tono de la piel de Ann-Margret tuvo que ser alterado también. La intención parece haber sido que Winfrey luciera más atractiva, pero ninguna de las celebridades sabía del engaño de la revista, y ambas se indignaron cuando esto salió a la luz.

Un caso más problemático que involucró también el color de la piel ocurrió en 1994, cuando la revista Time publicó la foto policial del actor O. J. Simpson, que acababa de ser arrestado como sospechoso de homicidio. La imagen fue alterada para hacer que la cara pareciera más oscura. El fotógrafo dijo después que solo quería que la imagen fuera “más artística, más atractiva”, pero Time fue acusada de intencionalidad racista, porque parecía querer enfatizar que Simpson era negro.

La manipulación digital de las características raciales es peligrosa aun cuando se haga con buenas intenciones. En 2000, la Universidad de Wisconsin agregó un alumno negro a una multitud de fanáticos de fútbol blancos en la tapa de su revista interna. El objetivo era ilustrar la diversidad, y la universidad después afirmó que había buscado sin éxito una fotografía que reflejara la verdadera mezcla racial de su cuerpo estudiantil. Pero la imagen publicada seguía siendo una mentira.

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