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Lunes, 09 Enero 2012 16:52

Guerras irrentables y corruptas

Escrito por  Jorge Gómez Barata
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Al provocar sus guerras los intereses de las élites de poder están completamente divorciados de los de la nación y el pueblo estadounidense paga los costos de las aventuras imperiales.

Para bien o para mal, la globalización abarca al planeta. Debido a las sanciones norteamericanas, Irán deberá encontrar compradores para casi tres millones de barriles diarios, mientras Europa, Japón, Corea del Sur, India y otros grandes consumidores necesitaran otro proveedor capaz de suplir a Persia y todos requerirán más dinero.

 

La mala noticia es que nada de eso existe: no hay un Irán de repuesto, ni clientes alternativos y mucho menos dinero para cuando el petróleo triplique su precio. Si hay guerra habrá crisis para todos; de alguna manera el mundo será implicado. 

 

En el pasado no era difícil compartir el punto de vista de que, a corto plazo, al disparar la demanda, promover la generación de empleos y aumentar el gasto público, en las metrópolis, las guerras estimulaban la economía y al exigir soluciones urgentes, incentivaron la investigación científica y la innovación tecnológica. La política imperial en la era global ha desactualizado el precepto.

 

Con costos humanos comparativamente bajos, para Estados Unidos la Segunda Guerra Mundial cuando se confrontó al fascismo fue un evento de elevada justificación moral, cohesionador de la sociedad y sobre todo de alta rentabilidad económica; no ocurrió así con las contiendas de Vietnam y mucho menos con las de Irak, Afganistán e incluso Libia, en las cuales los intereses de las élites de poder está completamente divorciados de los de la nación y el pueblo estadounidense que sin motivación alguna paga los costos de las aventuras imperiales.

 

Por otra parte, debido a las abismales asimetrías entre los agresores y los agredidos, en los conflictos actuales la técnica militar no se destruye y no es por tanto necesario reponerla, sin embargo no por ello las guerras se han abaratado; abusar también cuesta y la corrupción hace la diferencia. Carente de motivaciones patrióticas e incluso ideológicas, las guerras se han convertido en un macabro negocio. 

 

En Estados Unidos las guerras mundiales influyeron positivamente en el desempeño de la producción, la innovación tecnológica y científica y la productividad. Aquellas contiendas crearon millones de puestos de trabajo y llenaron las arcas del Estado. Actualmente ocurre exactamente lo contrario, se engendran enormes déficits, se incrementa el desempleo y al amparo del erario público, de modo ilegitimo, se amasan enormes fortunas. El auge del mercenarismo, llamado hoy contratistas, es un resultado repugnante de las nuevas realidades.

 

Entonces la economía norteamericana funcionaba con gran nivel de autarquía; por lo cual el armamento y los equipos utilizados por su ejército y parte del de sus aliados eran creados por empresas estadounidenses con capitales, materias primas y energía producidos en el país por trabajadores norteamericanos. En aquellos conflictos, la técnica militar se destruía casi al mismo ritmo en que era creada, por lo cual para renovarla las fábricas trabajaban a tiempo completo.

 

En la realización del Proyecto Manhattan, para fabricar tres bombas se gastaron unos 20 000 millones de dólares al cambio actual y se emplearon 130 000 personas agrupadas en más de dos mil fabricas, empresas y centros de investigación. Durante la II Guerra Mundial fueron hundidos 4051 buques mercantes aliados y 942 de guerra, entre ellos 20 portaaviones y 418 submarinos. Hasta 1942 la pérdida de buques mercantes superaba la capacidad de los astilleros para producirlos.

 

Para resolver el problema en 4 años sólo de la clase Liberty, en 18 astilleros norteamericanos se fabricaron 2 751 barcos. Aunque según los planes se necesitaban 244 días para construir cada nave, la innovación consistente en construirlos en serie, mediante pieza prefabricadas que, en lugar de con remaches se unían con soldadura redujo el plazo a 42 días. El programa generó 1,5 millones de empleos. La batalla en el mar se ganó cuando se fabricaron más barcos de los que eran hundidos.

 

A principios de la contienda en el Frente Soviético-Alemán, la sobrevivencia de una pieza de artillería era de cinco meses, un tanque cuatro y un avión tres. Cada mes se reemplazaba el 20 por ciento de las armas pesadas. Las guerras imperiales de hoy se libran abusivamente, sin apenas sufrir daños en la técnica y el armamento.

 

En 1943 la Octava Fuerza Área norteamericana que realizaba los bombardeos sobre las ciudades alemanas con masas de hasta mil aviones, perdía alrededor de 60 aparatos en cada misión, ocho mil en todo el conflicto mientras que hoy, diez años después de haber intervenido en Irak las huestes estadounidense se han retirado con la misma técnica con que invadieron diez años atrás. En más de 40 000 misiones sobre Libia no fue derribado un solo avión de la OTAN y no recuerdo la última vez que escuché de un acorazado, destructor, portaaviones o submarino norteamericano que fuera hundido por fuego enemigo.

 

Es difícil encontrar alguien que desee que se realice el escrutinio conque se amenaza pero, según afirman sus militares, políticos e incluso ayatolas, Irán pudiera marcar la diferencia. Ojalá ninguno de los adversarios sea puesto a prueba y ninguno tenga que probar sus palabras. Allá nos vemos.

 

Publicacion original en el blog cubano1erplano  

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