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Sábado, 11 Octubre 2014 07:12

Encuestas dan triunfo contundente a Evo Morales

Escrito por  Vicky Peláez/Ria Novosti
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Faltan horas para este domingo 12 de octubre cuando 4,2 millones de bolivianos empadronados elijan a su nuevo presidente.

Lo novedoso de esta contienda electoral es que esta vez en Bolivia hay pocas personas que dudan de que Evo Morales Ayma será elegido por tercera vez para ocupar el sillón presidencial en el Palacio Quemado.

Los que observamos las elecciones bolivianas en el 2005,  cuando Evo Morales las ganó por primera vez con el 54% de los votos, recordamos  la agresiva guerra mediática desatada por la prensa globalizada internacional y nacional contra aquel candidato  que calificaban de “zafio e inculto”, “bobo”, “mestizo impostor”, “indio ignorante”  y que se atrevió a desafiar el “orden” establecido por los ricos y poderosos bolivianos que se turnaban en el poder usando golpes de Estado. En total, desde 1825 hasta 17 de julio de 1980 se produjeron en el país 200 golpes de Estado.

Sin embargo, fue precisamente aquel “indio ignorante” quien promulgó La Ley del Libro y la Lectura aplicando un Impuesto sobre el Valor Agregado (IVA) cero a la venta de libros y publicaciones impresos de producción nacional e internacional. También aquel “bobo” ha sabido dirigir a su país desde 2006, a un desarrollo económico ininterrumpido durante estos años por primera vez en 189 años de la vida republicana. De acuerdo al representante del Banco Mundial (BM) Faris Hadad-Zervos, la tasa promedio del crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) de Bolivia entre 2006 y 2013 era del 5.1% y en el 2013 alcanzó el 6.8%. Y se prevé el crecimiento económico del 5.8% para el año en curso. Por algo dicen los sabios que nadie puede conocer la capacidad de una persona hasta que no la ven actuar.

Ha sido una tarea dura para Evo Morales y su vicepresidente Álvaro García Linera poner en marcha una “revolución política y descolonizadora” en el país que se consideraba el más pobre de Sudamérica, cuyo destino no se decidía en La Paz sino en Washington. En los años 1980 Bolivia fue llamada como un estado fallido que sobrevivía gracias al narcotráfico. En el libro de Ayda Levy “EL Rey de la Cocaína” la esposa del ya fallecido Roberto Suárez Gómez, llamado “El Rey de la Cocaína”, que creó “La Corporación o La General Motors de Cocaína”, cuenta como su cónyuge hacía llegar más de 10 millones de dólares mensuales durante 1980 al Tesoro General de la Nación a pedido del desesperado presidente Hernán Siles Suazo para evitar la bancarrota financiera del país.

Cuenta Ayda Levy que el gobierno de Ronald Reagan también estaba interesado en la cocaína boliviana para obtener dinero para la financiación de la Contra nicaragüense, lo que posteriormente recibió el nombre de “Irán-ContraGate”. Según Levy, “por intermedio del teniente coronel Oliver North, la CIA ofrecía la cobertura oficial para comercializar en el floreciente mercado norteamericano 500 toneladas de clorhidrato de cocaína, que ellos transportaban e introducían dentro de su territorio en sus propios aviones”. Tal fue el negocio que la extensión de tierra para el cultivo de coca en Bolivia creció de 30,000 a 75,000 hectáreas bajo la mirada “atenta” de la Administración del Control de Drogas (DEA) norteamericana.

Bolivia como el resto de los países en América Latina fue objeto de experimentos económicos concebidos en Washington y tuvo que sufrir las consecuencias del programa el Consenso de Washington ejecutado personalmente por el profesor de Harvard Jeffrey Sachs entre 1985 y 1990 que salió desilusionado del país andino debido al completo fracaso de su experimentó que hizo prácticamente quebrar la economía nacional. Posteriormente todos los siete presidentes empezando por Jaime Paz Zamora (1989-1993), Gonzalo Sánchez de Lozada “Gony” (1993-1997, y 2002-2003), Hugo Banzer (1997-2001), Jorge “Tutu” Quiroga (2001-2002), Carlos Mesa (2003-2005) y terminando con Eduardo Rodríguez Veltzé (2005-2006) no supieron orientar la economía de Bolivia hacia la prosperidad y desarrollo. Simplemente cumplían con las recetas neoliberales de Washington que exigía privatización completa y plena libertad para las trasnacionales.

La Bolivia que recibió Evo Morales en 2006 era un “país mendigo” que ni siquiera era sujeto de créditos porque no tenía capacidad de endeudamiento. El índice de la pobreza era alrededor del 80% y el de la pobreza extrema, 41.2%. El narcotráfico y las remesas de inmigrantes, que proporcionaban cada uno alrededor de mil millones de dólares al año, ayudaban a mantener el presupuesto estatal a flote. En el campo y en especial en Amazonía, el gobierno, según el vicepresidente Álvaro García Linera, tuvo que desmontar “el patrimonialismo que fusionó la administración estatal a la gran propiedad”. En Amazonía tuvieron que romper también “una tenebrosa alianza entre patrones de la tierra, empresarios que procesan las materias primas, empresas y gobiernos extranjeros que desde hace 30 años atrás han creado una soberanía extraterritorial”.

El gobierno de Evo Morales emprendió también con éxito la nacionalización de los sectores de la economía y empresas estratégicas, como los hidrocarburos, la minería y telecomunicaciones lo que facilitó la repartición de los recursos mediante bonos asistenciales. En 2011 Bolivia dejó de considerarse como el país más pobre de Sudamérica. La pobreza se redujo al 36% y la extrema bajó, de acuerdo al Informe del Instituto Mundial de Desarrollo Humano del 41.2 al 18%. A la vez en ocho años se cumplió la promesa de Evo Morales de contar Bolivia con servicios básicos, principalmente en el área rural. Las Reservas Internacionales del país crecieron de 1,400 millones de dólares en 2006 a 15,494 millones de dólares, lo que constituye el 51 por ciento del PBI que es de 30,381 millones de dólares.

No ha sido fácil la tarea de transformar el país que emprendió Evo Morales con el apoyo de su Movimiento al Socialismo (MAS) para “deshacerse de los amos y obtener aliados”. La oposición nacional dirigida por Washington decidió detener en 2006 el proyecto “estatal, autoritario e indigenista inspirado en el chavismo”. El embajador estadounidense Philip Goldberg quien llegó a La Paz en 2006, según el periodista francés Maurice Lemoine, se convirtió en el coordinador de la oposición de la Media Luna – los departamentos ricos en hidrocarburos y gas que incluyen Santa Cruz, Tarija, Beni y Pando. Sus líderes quisieron crear un estado nuevo, independiente de La Paz. Sin embargo, la voluntad popular, las acciones decisivas del gobierno y la expulsión de Philip Goldberg y posteriormente la DEA norteamericana terminaron con el terror sembrado por los paramilitares y con el intento del Departamento de Estado norteamericano de balcanizar el país.

Ahora Bolivia está preparándose, para iniciar otro proyecto del desarrollo nacional, llamado por Álvaro García Linares “Revolución Económica Post Capitalista” que consiste en consolidar y expandir el modelo económico social productivo simultáneamente con la “construcción de la plurinacionalidad”.

En las condiciones en que se encuentra el país y en vísperas de las elecciones, la oposición presentada por la derecha no puede ofrecer un proyecto alternativo pues el país está prosperando. A la vez el sector privado está apoyado por el gobierno sin ser privilegiado. El principal candidato de la oposición Doria Medina habla de la necesidad de privatización justo cuando la economía está creciendo más del 6 por ciento. Esta propuesta es rechazada por la mayoría de la población.

Entonces como afirma Álvaro García Linera y lo piensan muchos empresarios, inclusive los de la Media Luna, “si este es el único carro en competencia y lo está haciendo bien, para qué cambiar de chofer que a su vez es su mecánico constructor”. 

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