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Martes, 03 Enero 2012 12:03

Ormuz: Estrecho o Caja de Pandora

Escrito por  Jorge Gómez Barata, especial paraCubasi
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La trampa está armada, el cebo a merced del depredador, pero la alerta la lanzó Fidel Castro. Es preferible no comenzar algo que sólo puede terminar en tragedia y donde las ventajas suman cero. Allá nos vemos.

 

Cuando carecen de estrategias de salida las aventuras militares suelen  convertirse en trampas. No sucedió así en la II Guerra Mundial donde la meta era derrotar a Hitler y restablecer la situación anterior; aunque sí en Corea, Vietnam, Irak y Afganistán, conflictos de los cuales Estados Unidos no previó cómo salir.


La explicación es que no se trata sólo de correlaciones cuantitativas sino de la presencia de diversas variables políticas, económicas, nacionales, de seguridad y otras que están presentes en el contencioso del Golfo Pérsico donde sin objetivos legítimos ni definidos, Estados Unidos amenaza con involucrarse en una guerra de implicaciones globales.


Contra Irán, además de Estados Unidos e Israel, están prácticamente todos los estados de la región y la OTAN. Cuatro de ellos poseen arsenales nucleares y cada uno, medios convencionales mucho mayores. En conjunto la superioridad de la Entente imperialista es abrumadora. “Técnicamente” Irán no puede ganar, lo cual no significa que una agresión israelo-norteamericana sea rentable.  

  
Más que en las posibilidades de derrotar a sus poderosos adversarios, algunos de los cuales, incluyendo a Estados Unidos, están fuera de su alcance,  las fortalezas del Estado persa radican en su capacidad para hacer pagar a sus agresores precios tan altos que convertirían en pírrica su probable victoria. Esa certeza puede obrar como disuasivo.


Por experiencias históricas y hechos recientes, se sabe que la determinación de sus líderes y la cohesión de su pueblo, hacen de Irán un Estado letal cuya cohetería, aviación y unidades navales, pueden alcanzar las instalaciones y los grandes contingentes militares norteamericanos en Irak, Arabia Saudita y los Emiratos Árabes, así como impactar los grandes buques desplegados en sus costas. Las instalaciones civiles y militares de los países ribereños del Golfo y sus poblaciones están también expuestas al potencial militar persa.


Aunque Israel está a unos 1000 kilómetros de distancia, también se encuentra al alcance de los cohetes y aviones iraníes que no perdonarían las grandes ciudades ni las instalaciones militares, incluyendo la planta nuclear de Dimona. Si en la Guerra con Irak hubo voluntarios capaces de avanzar sobre los campos de minas para abrir paso a las tropas, también puede haber pilotos que ataquen blancos sin solución de retorno.


 En otros ámbitos, un conflicto armado en gran escala contra Irán, detendría su propia producción petrolera y la de la región y al obstaculizar la navegación de súper tanqueros por el estrecho de Ormuz, impediría que lleguen a Estados Unidos, Europa y Asia el 40 por ciento del crudo que consume el mundo.


EL ESTRECHO DE ORMUZ


El estrecho de Ormuz es un angosto brazo de mar de unos 50 kilómetros de largo, entre 50 y 100 de ancho y escasa profundidad (30 metros como promedio), paso obligado de los grandes buques que cargan petróleo en Irán, Arabia Saudita y los Emiratos Árabes y por el golfo Pérsico, salen al mar Rojo donde unos ponen proa al canal de Suez y el Mediterráneo rumbo a Europa y Estados Unidos y otros a China, India, Japón y demás consumidores asiáticos.


En caso de un conflicto en el cual se cruce la línea de no retorno, Irán ha advertido que cuenta con capacidad para cerrar el paso por el estrecho, cosa que por otra parte puede resultar irrelevante. Cuando se destruyan las capacidades de extracción y se dañen las terminales de embarque del Golfo Pérsico, el estrecho puede estar abierto o cerrado, de todos modos no habrá  crudo que transportar y el precio del barril pudiera superar los 300 dólares, ejerciendo un impacto devastador sobre la crítica economía mundial.


No obstante el peligro mayor radica en la desestabilización de la situación internacional y en el deterioro de las condiciones de seguridad derivada de la activación de los dispositivos militares y de las capacidades de respuesta no sólo del Medio Oriente, sino también de Europa y Asia, en particular de Rusia y China, Corea del Norte y del Sur, India Pakistán y los Estados Unidos, dotados con arsenales nucleares. En una situación así alguien pudiera tirar del gatillo atómico. Bajo tales tensiones un disparo escapado puede desencadenar la guerra.


A todo ello habría que añadir la movilización de los militantes musulmanes radicales asentados en todo occidente, muchos de los cuales se presumen suficientemente organizados y preparados para actuar. Una agresión a Irán puede desatar la temida guerra de civilizaciones.


A todo esto: ¿Cuál es la estrategia de salida de Estados Unidos? ¿Lanzar bombas atómicas sobre Irán, matar millones de personas, hacerlo regresar a la edad de piedra y envenenar la atmósfera de la región hasta hacerla inhabitable? ¿Ocupar Irán?     


La trampa está armada, el cebo a merced del depredador, pero la alerta la lanzó Fidel Castro. Es preferible no comenzar algo que sólo puede terminar en tragedia y donde las ventajas suman cero. Allá nos vemos.

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