lunes, 25 junio 2018, 05:45
Sábado, 05 Julio 2014 08:00

Resolución: La clave semifinalista de Alemania y Brasil

Escrito por  Harold Iglesias Manresa, especial para Cubasí
Valora este artículo
(1 Voto)

El fútbol es deporte, es poesía y es épica. Hoy fue todo eso y más, fue historia y resolución. De lo contrario como explicarse los triunfos de Alemania y Brasil sobre Colombia y Francia.

Justamente Colombia y Francia, dos de los onces que a mi juicio, habían brindado mejor imagen. Pero de nuevo Lineker y su contundente frase, de nuevo el peso de las estrellas (ocho versus una de conjunto); una testa salvadora y la sobriedad oficio y gol de dos centrales para tirar del carro, cuando el jogo bonito parecía desterrado de por vida, cuando el toque decidió abandonarlos, y cuando el gallo afilaba sus espuelas para picar, pero la madurez les pasó factura a los botines galos, digo madurez, bien acompañada de las manos enguantadas de Neuer.


Entonces pesó la casta, aunque Benzema se haya quitado el traje de gato y haya calzado vestimenta de tigre fiero, aunque hayan exhibido de conjunto todos los recursos posibles y hayan enfilado afanosamente rumbo a la victoria, aunque Pogba refrendara su imagen de chico malo, talentoso e imponente en el medio sector.


Hoy, pese al cabezazo de Hummels,  el testarazo de Thiago Silva y el derechazo bendito salido de los botines de David Luiz, prefiero quedarme con una imagen: el abrazo de este último, el pedido más que merecido de ovación por parte del defensa central del Chelsea para el cafetero James Rodríguez, la comunión de Dani Alves en el gesto, y el intercambio de camisetas.


Porque en definitiva ambos tomaron el Castelao de la ciudad de fortaleza, porque el nacimiento de un crack lo acuñó este Mundial, porque ganó el fútbol con el amor y la entrega de ambos.


LA SOBRIEDAD VS. ¿LA INMADUREZ?


Sí señores, porque no dudo que esta Francia desplegará su cartel de temible pronto, tan pronto como crezca el kilometraje del propio Pogba, Mattuidi, Varane o Griezzman, tan pronto como Benzema se erija como verdadero líder, pero este viernes, en su duelo ante los teutones, los franceses se antojaron aún retoños.


Entonces afloró esa sangre fría, herencia del Reich, se fusionaron una hornada de futbolistas que se saben de memoria, que han experimentado un enorme crecimiento juntos, desde que ganaron el certamen europeo sub 21 en el 2009.


Y cobró cierto matiz el engaño de enviar a Miroslav Klose a la alineación titular por Götze, de frente al arco rival y por delante de Müller, y surtió efecto el retrasar a Phillipe Lahm. Y hasta tuvo el control del balón la Mansschaft, en una versión de pases y pases, si bien desligada de su tradicional verticalismo y acierto definidor, capaz de ir absorbiendo a sus contrarios, de diluirlos en su entramado de toques.  


Hummels desnudó a Varane en el salto, Kross emergió como regulador de situaciones tensas en el medio campo y Francia cayó, pero no fue una caída como la de Napoleón en Waterloo, fue una de cabeza erguida y luz larga puesta en el futuro. No se inclinó la balanza a favor de los galos, quienes ostentaban cinco sonrisas, un empate y un desliz ante los bávaros previo el acto de este viernes. Acceden así los de Joachim Löw a su cuarta instancia semifinalista consecutiva en Copas del Mundo, decimotercera en la historia, toda vez  que anotaron su gol número 43 de cabeza, maestros en ese arte. La sobriedad germana, pese a no exhibir todo su fútbol, pese a soportar los embates furibundos de una Francia sedienta, pese a adormecernos incluso por momentos en un simulacro de batalla a media máquina, terminó una vez más por vencer.


CASTELAO… ¿O ARCO DE KURSK?


La agonía sigue siendo palabra de orden en este Brasil, y si me preguntaran, aún siendo ateo, diría que es un castigo de los dioses del fútbol, por haberse desprendido de su leyenda, de su alma, del tiqui-taca, del jogo bonito. Sufrieron hasta la médula con Chile, definido ese duelo por un cobro magistral de Neymar en la tanda de penales. Neymar, médula, adiós. Esas extrañas asociaciones que suele deparar este deporte. Dos héroes no podrán alinear en su encontronazo semifinal ante los tanques teutones: Neymar, quien abandonó el Castelao en camilla tras sufrir fractura en una de sus vértebras producto de un rodillazo que le propició Zúñiga, y Thiago por acumulación de cartulinas amarillas.


Y puede que esto último les parezca extraño, especialmente por la timidez, casi parálisis, evidenciada por el árbitro español Velasco Carballo, en un partido trabado de principio a fin, donde las faltas y entradas bruscas se antojaron el mecanismo para frenar las avalanchas del talento rival, y en el cual 54 faltas, devinieron argumento más que suficiente. Ese mismo Carballo que en la Liga Española promedia casi siete cartulinas por encuentro y acá apenas dio aire a cuatro.


En ese cauce Brasil logró intimidar a la armada de Pekerman en los primeros compases, la tempranera perforación de Silva lo enseñoreó un tanto y la anulación de Cuadrado en esa yunta envidiable con James devino factor clave en la consecución del objetivo semifinal. Ah, y no podía faltar el peso de la historia y la presión. Esa que le permitió a Silva encontrar la Brazuca sin marca en el segundo palo y batir a Ospina, esa acuñada con el hecho de que hasta entonces Colombia, en nueve visitas al Gigante sudamericano, sumaba tres empates y seis descalabros, con cuatro dianas a favor y 23 en contra.


Pero nada de eso hubiese valido si James y compañía hubiesen capitalizado el milagro. Y créanme si lo buscaron, con la inyección que produjo la entrada de Bacca en la vanguardia artillera, con el penal que provocó y cobrado magistralmente por James, con el asedio a la cabaña de julio César pese al cerco de centrales y contenciones practicado por Felipao. Ese mismo Felipao que pedía a voz en cuello el pitazo final desde el banquillo. Ese mismo Felipao que metió a Ramires y Hernanes en rol de candados. Ese mismo Felipao que predicó con el pragmatismo en Korea-Japón 2002. Quizás lo que no acaba de interiorizar Felipao es que aquellla versión del Scratch contaba con las cuatro R prodigiosas: Ronaldo, Rivaldo, Ronaldinho y Roberto Carlos, y que este ya tan siquiera dispondrá de los servicios de su chico maravillas, Neymar.


Y la viva estampa del pragmatismo, o más bien la razón más sólida de semejante práctica lo constituye, además de la enorme desconexión en el medio campo y la ausencia de un mariscal-cerebro con criterios certeros de salida, el hecho de que los centrales auriverdes, hayan tenido que vestir los galones de una delantera sombría, de nombre Fred, Oscar y compañía.


Hoy festejo y sufro, como pocas veces antes me embarga la angustia. Por un lado veo a un Brasil grisáceo en su más completa acepción continuar su andadura, mi Brasil. Por el otro como si estuviesen poseídos por la atmósfera de la sede o reencarnado una práctica cautivadora, le digo adiós a una Colombia que sin falhar portugués, asumió como suya el jogo bonito, despido a un crack de nombre James Rodríguez con orgullo.


Sus lágrimas completan este cuadro, su dorsal diez, le vino como anillo al dedo. Sus seis perforaciones lo inscribieron, junto a Stábile, Leonidas, Ademir, Jairzinho, Kempes y Ronaldo, como los únicos sudamericanos capaces de anidar seis o más balones en una misma Copa del Mundo. Me uno a la ovación del público congregado en el Castelao, me sumo al abrazo de Dani Alves y David Luiz, porque en definitiva, este último y James, tomaron Fortaleza.

Visto 3054 veces

Escribir un comentario

Código de seguridad
Refescar