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Sábado, 07 Junio 2014 13:06

Documental Korengal reflexiona sobre la guerra en Afganistán

Escrito por  Sara Puig/AFP
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Soldados y marines de EE.UU. combaten cerca de la localidad afgana de Laui Kalay, en el Valle de Korengal, el 12 de octubre de 2009 Soldados y marines de EE.UU. combaten cerca de la localidad afgana de Laui Kalay, en el Valle de Korengal, el 12 de octubre de 2009 AFP/Archivo

Tras el documental Restrepo, donde tres soldados narraban el conflicto en Afganistán, los mismos protagonistas se atreven en Korengal a hablar de los remordimientos, las adicciones y las amistades que crea una guerra.

Tras el documental Restrepo, donde tres soldados narraban el conflicto en Afganistán, los mismos protagonistas se atreven en Korengal a hablar de los remordimientos, las adicciones y las amistades que crea una guerra.

«Quise entender más profundamente cómo es la experiencia de la guerra y cómo afecta a hombres jóvenes», cuenta a la AFP el periodista estadounidense Sebastian Junger sobre su nuevo documental, que se estrena este mes en Estados Unidos. «Es el complemento de Restrepo», por el que él y el periodista británico Tim Hetherington ganaron una nominación al Oscar.

Ambos convivieron de junio de 2007 a junio de 2008 con un pelotón destinado 15 meses en Korengal, un pequeño e idílico valle con frondosas montañas de hasta 1500 metros de altura situado en la frontera noreste con Pakistán. «Parecía un paraíso», según algunos soldados. Pero también es conocido como «el valle de la muerte». Las tropas estadounidenses sufrieron allí medio centenar de bajas en los combates con los talibanes, que lo conocen al dedillo y lo usan para entrar armas desde el país vecino.

Adrenalina y arrepentimiento

Tras compartir la intimidad con los soldados, ambos periodistas los entrevistaron en su base de Vicenza (Italia) para saber cómo se sentían tras el fin de la misión. «Echaban de menos la guerra», dice Junger. Muchos admitieron que volverían a Korengal sin pensarlo.

«La guerra tiene dos drogas muy potentes», explica Junger. «Una es la adrenalina. La otra, la proximidad con el ser humano. Estos hombres dependieron el uno del otro durante un año, totalmente desconectados del mundo. Desarrollaron una fraternidad imposible de repetir cuando volvieron a esta sociedad fragmentada».

Como parte de la adrenalina está disparar, un «deporte» que da a los soldados momentos de «felicidad», lo que, según el periodista estadounidense, la audiencia debe entender. «Si vamos a enviar a jóvenes a la guerra, es muy importante entender toda la realidad que esto conlleva», apunta. «Una parte son los daños y el trauma causados, otra que se lo pasan bien. Creo que parte del juego de un combate es matar al que intenta matarte».

Pero las tropas también tuvieron que enfrentarse en Korengal a la hostilidad del entorno, a la soledad y al tiempo muerto, que dio pie a profundas reflexiones sobre el sentido de la guerra y el remordimiento. «No sé si Dios me perdonará alguna vez por esto», confiesa uno de ellos en el documental. «Yo no hago esto para lograr el reconocimiento de mi país. No me importa lo que la gente piense, excepto los chicos que están a mi lado», dice otro.

Camino hacia la paz

Korengal estaba en la mente de los dos periodistas cuando hicieron Restrepo. Pero la muerte de Hetherington en abril de 2011 mientras cubría la guerra en Libia aplazó el plan, reconoce Junger. Después de dirigir un documental-homenaje sobre su compañero, se vio con fuerzas para retomar el proyecto.

El estreno del documental coincide con el anuncio del presidente Barack Obama de retirar todas las tropas estadounidenses en Afganistán antes de 2016, una «buena decisión» que «evitará un desplome político», cree Junger.

«Además, acaban de celebrarse unas elecciones muy importantes, el 60% de la población votó, mucho más que en este país (Estados Unidos). Los talibanes tienen ahora un gran problema de imagen. Es fácil decir que atacas al ocupante, pero ¿cómo justificas atacar a un gobierno elegido por los afganos?», cuestiona.

Echando la vista atrás, «Afganistán es un país totalmente transformado y creo que hay realmente una oportunidad para la paz», asegura Junger, a pesar de «los grandes errores que Estados Unidos ha cometido en esta guerra».

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