domingo, 23 septiembre 2018, 23:41
Martes, 20 Diciembre 2011 22:00

Plan de becas: cambio de rostro para la universidad cubana

Escrito por  Vladia Rubio, especial de Cubasí
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Desde los comienzos de la Revolución, en la Isla han alcanzado título universitario estudiantes de 159 países; hoy, suman cerca de 27 mil 391 los becarios extranjeros que cursan aquí estudios superiores.

Aunque desde principios de año comenzó a celebrarse el aniversario, fue este noviembre cuando el Plan de Becas de la Educación Superior en Cuba cumplió medio siglo.

 

Pudiera parecer un aniversario más, algo sin gran trascendencia, pero una buena parte de más del millón 82 mil profesionales egresados desde el triunfo revolucionario, deben su título a esta alternativa de alojamiento que en un inicio recibió el nombre de Plan de Ayuda para la Formación de Técnicos.

 

Pedro Hernández Soto fue uno de ellos, y ahora, con 72 años, evoca para Cubasí cómo aquella posibilidad le cambió la vida.

 

Luego de un primer y fallido intento de hacerse universitario en 1956, se había preparado como Maestro Químico Azucarero y laboraba como inspector de centrales, pero al escuchar el llamado de Fidel a los jóvenes para que estudiaran carreras técnicas, «me decidí de todas-todas a graduarme de alguna ingeniería, y dejé el trabajo donde llegué a ganar hasta 450 pesos mensuales para convertirme en un becario que devengaba ocho pesos al mes. Pero lo hice con gusto y convencido».

 

Pedro estuvo entre los primeros becarios de la Universidad Central de las Villas (UCLV) Marta Abreu, de donde egresó con su título de Ingeniero Químico, y, no precisamente por azar, un tiempo después  fue director de Becas, además de haber fungido como profesor en la Escuela de Ingeniería Química, jefe de Departamento y vicedecano de la Facultad de Tecnología.

 

Gracias a la alternativa que abrió la posibilidad de la beca, Hernández Soto, de origen muy humilde y completamente consagrado a la Revolución naciente, pudo dejar la llamada «casita del maíz», donde se guardaban los aperos de labranza, fertilizantes y pesticidas para las labores agrícolas de la finca universitaria, que como albergue compartía con otros cuatro compañeros de estudio, y transitar de una manera confortable por los años de su carrera. 

 

Al invitarlo a compartir sus recuerdos de aquellos primeros becados, Pedro comenta cómo algunos eran campesinos, y entre ellos no olvida a un capitán del Ejército Rebelde. «Fue un compromiso del colectivo que todos promovieran, y para eso les dimos nuestra ayuda en el estudio. Se creó una autodisciplina que permitía que los profesores no estuvieran todo el tiempo cuidando los exámenes, las taquillas no podían tener candados y nada se perdía, todo el mundo cumplía con su deber».

 

El capitalino edificio ubicado en la intersección de las calles G y 25, en el Vedado, fue de los primeros en recibir a los primeros alumnos becados, como una manera más de concretar la Reforma Integral de la Enseñanza, que defendiera Fidel en su autodefensa conocida como La Historia me absolverá, durante el juicio a los asaltantes del Cuartel Moncada.

 

A partir de aquel año 60, y mostrando el carácter humanista de aquella joven república con todos y para el bien de todos, las becas universitarias significaron la solución a «lo difícil que era llegar a la universidad antes del triunfo de 1959, no solo por falta de recursos, sino por la distancia que separaba a los alumnos de las únicas tres academias que entonces existían en Cuba», como recordara el ministro de Educación Superior Miguel Díaz-Canel Bermúdez al comenzar el pasado enero la jornada de celebración por los 50 años de este empeño. 

 

Fue precisamente en la Universidad Central de las Villas, la que formó al ingeniero y profesor Hernández Soto, donde el Comandante Ernesto Guevara, al recibir el título de Doctor Honoris Causa,  pronunciara aquel antológico discurso en el que llamó a las casas de altos estudios a «pintarse de negro, de mulato, de obrero y de campesino; hay que bajar al pueblo, hay que vibrar con el pueblo, es decir, las necesidades todas de Cuba entera. Cuando esto se logre nadie habrá perdido, todos habremos ganado y Cuba podrá seguir su marcha hacia el futuro con un paso más vigoroso…», dijo el Che aquel 28 de diciembre de 1959.

 

El curso pasado, en esa universidad del centro del país, el 76 por ciento de su matrícula cursó estudios gracias a los beneficios del plan de becas universitarias, cuyo fundador fue el compañero José Rebellón Alonso. A nivel nacional hoy suman cerca de 75 mil 853 los estudiantes beneficiados por el sistema de residencias universitarias, lo que equivale a aproximadamente un 65 por ciento del total de la matrícula.

 

Esta posibilidad de alojamiento y alimentación gratuitos ha sido también testigo de la actitud siempre solidaria de esta Mayor de las Antillas. Aun en los momentos más difíciles del Período Especial permanecieron abiertas las puertas de las becas a los jóvenes procedentes de otras latitudes, sobre todo del llamado Tercer Mundo, que se preparaban en Cuba para invertir sus conocimientos en bien de sus pueblos.

 

Desde los comienzo de la Revolución en la Isla han alcanzado título universitario estudiantes de 159 países; hoy, suman cerca de 27 mil 391 los becarios extranjeros que cursan aquí estudios superiores. Una buena parte de ellos ocupa pupitre en la Escuela Latinoamericana de ciencias Médicas, y también en la Escuela Internacional de Deportes y Educación Física, fundada en el año 2000.

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