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Miércoles, 23 Abril 2014 06:42

Ernán López-Nussa, un músico sacrílego que sabe lo que hace

Escrito por  Elizabeth López Corzo/Cubasí
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En “Sacrilegio” Ernán combina su pasión por lo clásico y versiona emblemáticos temas de Chopin, Beethoven, Lecuona y Leo Brouwer a la música popular cubana.

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 El álbum está nominado a Cubadisco 2014 en cuatro categorías: Antología de versiones, Grabación, CD-DVD y Jazz.

En otra época el pianista cubano Ernán López-Nussa pudo haber perecido en la hoguera por hereje- y seguro nunca hubiera renegado de su pasión por la experimentación en la música-, pero hoy es inmensamente aplaudido y seguirá siéndolo mientras nos haga regalos como “Sacrilegio”, el álbum que acaba de presentar con Producciones Colibrí.

 

No hace falta documentarse sobre la figura de Ernán que, por cierto, es uno de los grandes pianistas cubanos, reconocido a nivel mundial. No hace falta que alguien nos insinúe siquiera que se trata de un disco interesante, porque hasta el más neófito, con solo escucharlo una vez, puede confirmar que estamos ante una obra valiosa, única.

 

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Y esto Ernán lo consigue, una vez más, gracias a esa dualidad mágica que caracteriza su obra y calidad interpretativa y que le permite conocer lo clásico tan profundamente como él puede amar lo popular, “la rumba”, como él mismo confiesa. Porque para disfrutar “Sacrilegio” no se precisa de academia, pero sí de pasión por la música (cubana y universal).

 

Este disco doble (“Rondó” y “Molto vivo”), acompañado de un DVD, es una lección de piano y música en general para los estudiantes de arte. Estos tracks no son simples interpretaciones, en cada uno de ellos hay mucho del interior del músico que toca; de lo que significó para él conocer y revisitar años después las obras de Bach, Beethoven, Scarlatti, Lecuona o Cervantes.

 

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Cada tema “profanado” es una provocación a los clásicos, pero también es una demostración de amor y admiración de este cubano de la vida moderna hacia los grandes que lo precedieron en su propia Isla y en el viejo continente.

 

Todos los números son deliciosos porque en ellos se imbrican felizmente lo clásico con lo popular y se siente tan orgánico, tan coherente que en ocasiones resulta difícil no imaginar que las piezas originales muy bien que pudieron haber sido concebidas de la forma en que Ernán nos las propone en “Sacrilegio”.

 

Imaginen un danzón en el Vaticano o un Doménico Scarlatti, cuyo sonido de las cortes europeas se mezcla con la cadencia inconfundible de los cantos yorubas. O mejor, escuchen el vals de Chopin con voz y letra de Kelvis Ochoa.

 

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Solo el atrevimiento ligado al talento podría hacer realidad un disco como este, que conquista al público de un golpe, porque así se escucha “Sacrilegio”, de principio a fin sin necesidad de escalas.  Cuando se termina se sabe que fue concebido para ser escuchado muchas, muchas veces.

 

Lo que fue un sacrilegio años atrás ya no lo es. Quienes tuvieron que cargar con el estigma de ser profanos por amar la ciencia y las artes vivirían un escenario muy diferente en el siglo XXI. Desde aquella época Ernán hubiera pasado a la Historia. Para la Inquisición hubiera sido un hereje que profanaba sagradas partituras y luego hubiera sido reivindicado por otros visionarios como él que comprendieran la música en toda su dimensión.

 

Por fortuna para nosotros, Ernán vive en esta época, es un jazzista con swing que gusta de estudiar a los clásicos, no puede vivir sin la rumba y es cubano.

 

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Si alguna vez han vivido un concierto de Ernán López-Nussa o han escuchado su piano en la radio, no hará falta explicar entonces por qué decimos que este gran músico cubano porta la excelencia en sus credenciales.

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