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Martes, 08 Abril 2014 16:01

Dime qué escuchas, y te diré qué eres (+ VIDEO)

Escrito por  Rosa Fernández / Cubasí
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Foto: Jorge Luis-Baños IPS Cuba Foto: Jorge Luis-Baños IPS Cuba

En las calles de la Habana conviven diversos personajes que conforman un abanico estereotipado, dividido en grupos y subgrupos de jóvenes. La música, la moda y hasta el mínimo detalle, tienen el poder de unir o disgregar.


Los relojes marcan la una de la mañana, gran parte de la ciudad yace junto a Morfeo, pero en el parque de G, nadie piensa en dormir. Un grupo tararea desde el suelo varias canciones de rock, el sonido de un celular viene a mitigar el estribillo y dos bancos más allá alguien habla de suicidio.


Cada viernes, sábado o domingo la escena se repite. Llegan de todos lados, y de todas las formas, solo de observarlos un momento se puede definir qué son. Su vestimenta, la música que escuchan o de lo que hablan, los delatan.
Estos grupos, conocidos también como tribus urbanas, han llegado para mostrar como en el anhelo de ser diferentes la juventud peca de ser igual, de reproducir lo de afuera, de no ser originales.


Los freakis muestran un aire de descuido, como se dice vulgarmente, “no están pa' na'”, al contrario de los mickis que se refugian en la moda de Paris para mitigar sus faltas. Lo que se sobra en Cuba, son repas, son esos grupos que nacieron en los barrios marginales y escuchan reggaetón, como lo definiese uno que otro cubano, y para cerrar la noche con broche de oro, aparecen los emos, pero bueno, esa es una historia más larga…


¿Quién eres? o ¿qué eres?


El sol anda por la Rampa. Frente a la feria de 23 caminan dos muchachos. El pelo se les  atraviesa en un ojo formando un peinado que algunos llaman bistec, la ropa negra desafía el calor y una hebillita rosada aporta la información que faltaba. No cabe dudas, son un par de emos.


La palabra emo es el diminutivo de emotional (emocional), característica que los diferencia ya que son individuos en su mayoría adolescentes con problemas de autoestima y muy depresivos.


Desiré Gómez, de 15 años, refiere pertenecer a este grupo por problemas personales. Su definición de emo discrepa un poco de la de quienes creen que son aquellos que se visten de negro y rosadito e intentan suicidarse.


“Un emo se debe llevar en la sangre, no en la apariencia. Los emos no se deprimen por cualquier cosa sino por motivos que  aunque sean pequeños ellos los engrandecen. Mis padres no están en Cuba, vivo con mi abuela y ella no me entiende. Tengo tendencias bisexuales y creo que la gente me recrimina por eso. A veces camino creyendo que todos lo saben y eso me hace sentir mal”.


Rafael García, de la misma edad, se considera, una persona feliz. Hace unos años fue freaky y según comenta, los emos tienen mucho que ver con este grupo pues la música que escuchan nació del punk corn, género muy similar al rock.


“Escucho cualquier cosa mientras no sea reggaetón, tengo bastantes amigos y, no me deprimo por todo aunque a veces estoy triste, como le puede pasar a cualquiera. Me gusta esta pinta pero no la forma de pensar de quienes la llevan, nunca he pensado en suicidarme, y no creo que llegue a ese punto”.


La doctora Daibel Panellas caracterizó a este grupo como un foco de preocupación para la sociedad por sus tendencias de autoagresión que puede llegar al suicidio, aunque en su investigación, realizada hace cuatro años, explica que los emos de la Isla no se distinguen por esto.


“Los emos son los más rechazados por la sociedad y en especial por los otros grupos. Presentan una posición económica alta y se visten con ropa negra y rosada con detalles infantiles. Se maquillan, incluso los varones, usan zapatos de marcas y se peinan con un mechón de pelo en la parte superior del rostro que cubre un ojo, llamado bistec. Utilizan disímiles accesorios con toques góticos”, agregó la especialista.


Identidad, ¿dónde estás?


Para la doctora María Isabel Domínguez, psicóloga del (CIPS), la identidad no es más que el fenómeno psicológico, al margen de los procesos estructurales de base, que se ven afectados por los cambios en los contextos económicos, políticos y sociales, reflejados a su vez en las interacciones entre los propios grupos.


La juventud es una etapa muy controversial afirmó la psicóloga Idania Rego, especialista del CIPS. Si bien en la infancia el referente a seguir era la familia, en este período el grupo de amistades se torna un patrón indispensable a la hora de forjar la identidad.


“La aceptación del grupo es un factor que acarrea consigo la creación de una imagen de sí mismos que claramente debe de estar en sintonía con los elementos afines de los demás integrantes. La música es considerada por muchos como el elemento que no pude faltar, sin embargo, creo que esta no pude ir desligada de otros como el espacio, la vestimenta, la forma de actuar y el lenguaje”, señaló la licenciada Rego.


Desde su experiencia con estos muchachos, la especialista Daibel Panellas comenta que los lazos de identidad no están estrechamente relacionados con sus características ideológicas, sino por lo estético.


“La música no es lo que junta a los jóvenes de la sociedad actual, a pesar de que muchos de los nombres de estos grupos devienen de géneros musicales. Es importante recalcar que más allá de un sentimiento común basándose en las maneras de pensar o de actuar, estas identidades se están levantando desde un punto de vista estético construido no desde una ideología, sino desde la apariencia”.


Mezclando salsa con reggaetón


Otrora quienes escuchaban salsa eran conocidos como repas, apocope de repartero, palabra vinculada a los pobladores de los barrios marginales. Este grupo se identifica de los otros por la utilización de accesorios extravagantes, de dientes y cadenas de oro, gorras y ropas de colores fosforescentes.


Hoy, quienes escuchan reggaetón, género musical introducido en Cuba en la segunda mitad de los 90, proveniente de Puerto Rico, son conocidos también como repas, pues adoptan el modo de vestir y la forma de quienes en un principio se consideraban así.


“Cuando estaba en la secundaria fui repartero, pero ahora ya no estoy pa' eso, qué va, los repas son muy conflictivos, llevan a las fiestas punzones y machetes y a la mínima cosa saltan a fajarse, yo estoy pa' andar tranquilo y fuera de las broncas, cuando uno es chamaquito no analiza bien las cosas y después vienen los problemas. Todavía me gusta el reggaetón y bailo casino, pero no me considero un repa”, apuntó Michel González, de 23 años.


Henry Carlos Méndez, de 25, opina que este movimiento surgió en el país como respuesta a las situaciones económicas y de vivienda, luego del comienzo del período especial.


“Cuando el problema de la vivienda apretó, la gente se puso a inventar y nacieron los solares. La ley del más fuerte se interpuso y la chusmería y la guapería aparecieron. Aquí lo que más hay son repas porque eso viene con el cubano y no se le puede quitar, nosotros no tenemos un modo determinado de vestirnos porque nos ponemos lo que hay, lo mismo andamos con un pullover ancho y una gorra, que con un jeans y un pinguerito apretao”.


Jorge Hernández, conocido también como Jorge Junior, en sus inicios como músico hacía hip hop, y ahora es uno de los más conocidos cantantes de reggaetón, el cambio repentino asegura se debe a que la moña es muy seca y al cubano lo que le gusta es moverse. “Este género latino es muy contagioso. Al público hay que darle lo que le gusta y a los cubanos lo que les gusta es esto”.


Esto es pa' los mickis…


Los mickis en sus inicios eran conocidos también como discotequeros, son similares a los pijos españoles, los pitucos peruanos o los fresitas mexicanos.


“Para los mickis la estética juega un papel primordial en sus vidas, combinan sus ropas y hacen hincapié en la importancia de estar arreglados, usan perfumes caros y se distingue por su alto poder adquisitivo, puesto a que provienen de familias adineradas”, agrega Panella.


Daniel González, con solo 12 años, se considera micki. “Me gusta la música tecno, vestirme con ropa de marcas originales que me queden bien y andar siempre con una buena pérfuma. A veces oigo reggaetón cuando voy a una fiesta y lo bailo y eso, pero prefiero la música tecno y por eso no me considero un repartero”.


Yilian Moreno, estudiante de Historia del Arte, comenta: “A mí siempre me ha agradado andar bien vestida y frecuentar lugares caros. Aunque la gente me dice que soy micki, yo no me veo así. Mi solvencia económica no es mala y por eso prefiero pagar por un buen lugar antes de ir a uno mediocre, tengo amigos de todos los modos, repas y freakis, y no creo que pertenecer a un grupo determinado sea capaz de definir algo”.


Claudia Cancio Bello, estudiante de Psicología de primer año, piensa en este grupo como un estilo de vida y no como una subcultura. “Los mickis son bastantes plásticos y superficiales, se creen superiores a los demás solo por tener buena posición económica y eso no lo es todo, hay cosas más importante que van más allá de un celular o de las marcas”.


Desembarcando en los freakis


El término freaky proviene de su significado en inglés: extraño o raro. Los jóvenes que pertenecen a este mundo son tildados así por su modo de vestir y su manera de actuar para con la sociedad. Se distinguen  por usar ropas negras, con accesorios de metal y hasta botas, escuchan música rock, tienen tendencias a la drogadicción y poco poder monetario, así los denomina María Soledad Sonora, Licenciada en Investigaciones Jurídicas, en un estudio realizado sobre este grupo.


Ariel Sánchez ya tiene 23 años. Escucha música rock desde los 14, y aunque en un principio todos creían que se le pasaría con el tiempo todo esto de sentirse freaky, hoy sigue considerándose tan rockero como siempre.


“Recuerdo que cuando estaba en la secundaria me gustaba escuchar a los grupos más radicales, ahora me he abierto un poco a todo y hasta escucho reggaetón. Me gusta el rock, la pinta y la filosofía de quienes son como yo, pero no soy tan cerrado como muchos que andan por ahí que no quieren saber de otra cosa que no tenga que ver con su mundo. Mi mejor amigo es repa y a mí no me importa que lo sea”.


“Eso de andar por ahí con el pelo requeté largo y vestido de negro a mí no me gusta, yo escucho mis cositas y tengo mi pinta un poquito freaky, pero no ando por ahí gritando por un poco de atención”, señaló Fabián Grillo, estudiante de Derecho.


Lauren Conde, de 18 años, estudia música en la escuela Amadeo Roldán. Desde pequeña le gusta el rock y aunque en la academia no le enseñan ese género, es lo que más le gusta tocar.


“Antes yo me cerraba y no escuchaba más nada que no fuese rock, recuerdo que siempre andaba vestida de negro aunque hubiese tremendo calor y llena de pulsos de pincho, cuando uno crece va dejando a un lado esas cosas y empieza a pensar diferente, ahora lo mismo que puedo andar vestida muy radical hoy que ponerme unos tacones y un vestido para ir a un teatro, eso no tiene nada que ver”.


Ernesto Rembrandt toca en una banda de rock, según su criterio los medios han ido desplazando a esta cultura juvenil, “antes por lo menos teníamos Cuerda Viva, un programa dedicado solo para nosotros, ahora poco a poco nos han ido quitando todos nuestros espacios y horita hasta nos quedamos sin G”.


Según agrega Panella, los rockeros devienen muchas subculturas como los punks que escuchan géneros similares, los integrantes de estos grupos tienen una mayor tendencia a mantener su identidad basándose en estos ideales hasta traspasar el límite de la adolescencia y a diferencia de los otros grupos, se afianzan más a un ideal musical compartiendo sus gustos basados en este patrón.


¡Éramos tan jóvenes!…


“Antiguamente no existía nada de eso de ahora de freaky, micki o repa, estaban los hippies, los que escuchaban a los Boni M, y los demás eran los pepillos, nosotros los dinosaurios, a diferencia del ligerito Mp3 o 4 salíamos con el radio BF arriba del hombro, pero eso sí, éramos felices”, dice entre sonrisas Baudilio Espinosa, locutor del programa La Neurona Intranquila.


Para Enrique Fernández sus tiempos de hippie fueron los mejores, “andaba a mi aire, con el drum, sin bañarme, con el cuarto pintado de negro y una juventud que ya no vuelve, después me casé y tuve un niño y todo ese mundo se desvaneció”.


“Cuando mi época las cosas eran diferentes a como son hoy, la gente no andaba por ahí volviéndolo todo un estereotipo y la música tenía otra connotación”, expone Oniel Castro, de 51 años.


Para encontrarse a sí mismo no hay que recurrir a las banalidades, ni a la superficialidad. A veces, intentando ser originales, reproduces un estereotipo y te conviertes en lo que más temías, alguien que por querer ser diferente, es igual a los demás.

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Comentarios  

 
#5 Reynier Romero 03-05-2018 01:18
cundo tenia como 14 o 16 me musto el mundo de los emos su ropa, su musica, su pinta como se dice;llege hasta usar el bistec y pintarme las uñas de negro , como le scuneto soy fan de del mundo emo ,friky,y todos los grupos urbanos que le guste el rock sin importar el genero, yo creo que nuestra sociedad esta un poco atrassada encuanto a los gustos y formas de pensar de nosotros los jovenes, por eso por medio de articulos y revistas creo que se le debe dar mas atencion a los cambios y formas de vida de nosotros los jovenes.
 
 
#4 angel rodriguez 18-04-2014 10:51
UNA VEZ MAS , ES LA MUESTRA DE LA LIBERTAD INDIVIDUALO GRUPALEN CUBA.
BRAVO POR ESTE TIPO DE REPORTAJES SIN MIEDOS.SOY PERIODISTA Y FOTOGRAFO Y LOS FELICITO POR ESTE TIPO DE TRABAJO.
ANGEL DE CUBA EN VALAIS
 
 
#3 angel rodriguez 18-04-2014 10:51
UNA VEZ MAS , ES LA MUESTRA DE LA LIBERTAD INDIVIDUALO GRUPALEN CUBA.
BRAVO POR ESTE TIPO DE REPORTAJES SIN MIEDOS.SOY PERIODISTA Y FOTOGRAFO Y LOS FELICITO POR ESTE TIPO DE TRABAJO.
ANGEL DE CUBA EN VALAIS
 
 
#2 Jose Oriol 10-04-2014 13:51
tengo 25 años y vivo en la capital convivo con esta cultura urbana con la cual me integro y disfruto tanto del reggaeton ,la salsa, el tecno ,house, rock .E aprendido a aceptar y disfrutar sin descriminar a nadie por sus gustos personales pero no apoyo la violencia ni la arrogancia , me gusta la libertad con responsabilidad y lo bueno tambien como a todo el mundo, respeto a los demas aunque siempre hay sus payasos por ahi.
 
 
#1 Jose Oriol 10-04-2014 13:51
tengo 25 años y vivo en la capital convivo con esta cultura urbana con la cual me integro y disfruto tanto del reggaeton ,la salsa, el tecno ,house, rock .E aprendido a aceptar y disfrutar sin descriminar a nadie por sus gustos personales pero no apoyo la violencia ni la arrogancia , me gusta la libertad con responsabilidad y lo bueno tambien como a todo el mundo, respeto a los demas aunque siempre hay sus payasos por ahi.
 

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