martes, 18 septiembre 2018, 11:15
Viernes, 09 Diciembre 2011 12:09

Puertas que no rompen ventanas

Escrito por  Justo Planas
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Abrir puertas y ventanas, de la argentina Milagros Mumenthaler, concursa en la categoría de ópera prima.

No puede pedírsele a una ópera prima que tenga la madurez cinematográfica de la obra de un veterano. Y en este sentido, Abrir puertas y ventanas, de Milagros Mumenthaler, es mucho más que una película disfrutable. A ver, el público nunca sentirá esos deseos irredimibles de levantarse de la butaca, esa idea no latirá en la cabeza de nadie con este filme.

Podría decirse incluso que Abrir puertas y ventanas es la búsqueda de un estilo, y además una búsqueda encomiable, porque la directora Mumenthaler no pretende filmar el próximo rompetaquillas de policías y ladrones; se trata de una historia intimista, con exploraciones psicológicas y situaciones límites (sentimentalmente).

Pero estas tres adolescentes que tratan de resolver a su forma la falta de la abuela no logran, en tanto personajes, involucrarnos del todo con su pérdida. La abuela, él único familiar que les quedaba, no se convierte en un elemento dramático de peso, parece más bien una circunstancia.

El argumento, en sus líneas básicas, es sin duda atractivo, tiene gancho. Pero el guión y la puesta en escena carecen de eso que llamaríamos síntesis y acentos.

El tema de la síntesis tiene que ver aquí con la sensación de estar dando vueltas en círculo sobre un mismo asunto. Las situaciones dramáticas —que se presentan en un filme de esta naturaleza con el objetivo de que conozcamos un poco más del personaje— nos enseñan muchas veces cosas que ya sabíamos de estas chicas.

Aunque agudizan las diferencias entre ellas, lo que les sucede y la forma en que lo enfrentan en ocasiones no las transforma internamente. Es difícil, entonces, no sentir que muchas situaciones del filme surgen en calidad de simples peripecias y no como puntos de giro; e incluso diríamos que están allí para alargar el metraje.

En esto juega el principio básico de que el tempo (la agilidad o lentitud) de un filme no se mide con lo que sucede fuera, sino dentro de los personajes. Abrir puertas y ventanas necesita recortar arabescos para volverse más dinámica.

El problema con los acentos se debe al manejo un tanto arbitrario de los momentos climáticos. En películas de contención como esta, las catarsis deben ser dosificadas y en ocasiones no deberían ni existir; sin embargo, la protagonista de Abrir puertas y ventanas, una adolescente más bien retraída, explota sin que tengamos muy claro por qué en ese momento y por qué con eso.

En cualquier caso, estas catarsis deberían estar encaminadas al crecimiento del personaje, pero no se hace ver. Digo, suponemos que las tres hermanas (sobre todo dos de ellas) deben aprender a ser independientes ahora que ya no tienen un adulto que les diga qué hacer, deben vencer sus miedos: madurar. ¿Esa no es la ruta que se nos invita a recorrer junto a ellas?

Los personajes tienen atractivos, logran captar nuestra atención, porque muestran costumbres, y esconden pequeños misterios y mentiras que terminan enganchándonos de una forma u otra. Sin embargo, esa punta de iceberg debería contener mucho bajo la superficie: dolores, rencores, amores… es aquí donde la construcción psicológica de las tres hermanas se queda un poco flaca, o en todo caso, no se nos hace patente. Tenemos porqués que nos explican ciertas reacciones, pero no sucede igual con las que afectan la trama central, en este caso son demasiado epidérmicos.

Las actrices —muy jóvenes, hay que decirlo— ensayan a lo largo de la película diferentes tonos para sus personajes. En especial, la protagonista.

De manera general, nos llevamos la idea de que el equipo va descubriendo la película junto a nosotros, que no sabe a dónde se dirige; hecho que afecta, como es de esperar, el sentido, el propósito de la película. El final abrupto (¿apresurado?) del filme es la evidencia más clara de lo anterior.

 

Sin embargo, más allá de estas irregularidades, Abrir puertas y ventanas parece ser la promesa de una buena directora. Las inquietudes de existencia de Milagros Mumenthaler, su interés detenido en la feminidad, la moderación, y la renuncia a cualquier efectismo, son cualidades encomiables que otros directores no logran conquistar en toda una vida.

Visto 2353 veces Modificado por última vez en Viernes, 09 Diciembre 2011 12:24

Comentarios  

 
#1 GL Foto-Video 09-12-2011 12:58
Las personas fuera de Cuba... es decir, los de las áreas verdes... ¿cuándo podremos ver algo de lo que se ha estado pasando en este festival????...
 

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