miércoles, 20 junio 2018, 15:11
Viernes, 02 Diciembre 2011 22:33

Exposición Montaje muestra en La Habana rostros de celuloide

Escrito por  Prensa Latina
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La exposición Montaje, del artista cubano de la plástica Luis Camejo, abrió hoy al cine las puertas del Pabellón Cuba, otro espacio para los más jóvenes adictos del séptimo arte latinoamericano.

La exposición Montaje, del artista cubano de la plástica Luis Camejo, abrió hoy al cine las puertas del Pabellón Cuba, otro espacio para los más jóvenes adictos del séptimo arte latinoamericano.

Doce fotogramas de filmes inolvidables, plasmados en acrílico, recibieron al público, congregado en esa subsede, enclavada en las inmediaciones de La Rampa, arteria más céntrica de La Habana.

El cineasta cubano Fernando Pérez (Clandestinos; Martí, el ojo del canario) destacó el movimiento latente en las imágenes difusas de la muestra, detalle en el que alienta la magia del arte verdadero, agregó.

Cintas norteamericanas como Cantando bajo la lluvia (Stanley Donen), Blade runner (Ridley Scott), Taxi driver (Martin Scorsese), Deconstructing Harry (Woody Allen), Manhattan (Woody Allen) y Stranger than paradise (Jim Jarmusch), mostraron uno de sus miles de rostros, esos que desfilan con vértigo, de 24 en 24 cada segundo.

Vieron a un ciclista a todo pedal, escapando por las calles de la Roma de la posguerra y el neorrealismo, y todos los congregados en el salón expositivo acaso intuyeron las sensaciones del mismísimo Vittorio de Sica, cuando rodaba su clásica Ladrón de bicicletas (1948).

El neón de Las noches de Cabiria (Federico Felini) brilló en la tarde de un diciembre tropical con todo el glamour de las obras imperecederas. Tomás Gutiérrez Alea (Titón) y el propio Fernando Pérez fueron los realizadores cubanos convidados para este Montaje del pintor Camejo. Memorias del subdesarrollo (Titón), para muchos la mejor película del cine en Latinoamérica, reveló las olas de un malecón embravecido cayendo sobre un impávido protagonista.

La toma refleja toda una metáfora de la convulsión social producida por la Revolución Cubana en los años 60 de la pasada centuria, yuxtapuesta al existencialismo coagulado de algunos intelectuales de entonces.

El malecón habanero, el banco más largo de esta ciudad conquistada por el cine, apareció una vez más en una vista de Los sobrevivientes (Titón).

Madagascar y Suite Habana, de Pérez, regalaron otras visiones de La Habana, tan real y maravillosa como en una novela de Carpentier.

Gente que cruza un riacho sobre un puente de hierro o se cobija de la lluvia pertinaz bajo paraguas silenciosos, en un lugar hecho de celuloide.

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