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Jueves, 16 Enero 2014 12:40

Magdalenas sin Fronteras en el centro de Cuba

Escrito por  Mercedes Borges Bartutis/ para CubaSí
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Cartel del encuentro. Cartel del encuentro.

La ciudad de Santa Clara acoge una cita teatral portagonizada por creadoras, con debates, talleres y funciones.

 

El tema de la mujer en el teatro ha sido traído y llevado en muchas direcciones. Sin embargo, hace ya un buen tiempo, un grupo de mujeres de procedencias diversas, han logrado establecer una suerte de asociación, que bajo el nombre de Magdalena Project ha marcado pautas y espacios, en zonas geográficas bien disímiles.


Fundado en Wales en 1986, es una red de mujeres de teatro, que tiene entre sus activistas principales a las actrices y maestras Jill Greenhalgh (Reino Unido), Julia Varley (Dinamarca) y Geddy Aniksdal, (Noruega). Las Magdalenas, como también se les conoce, han logrado plantar un árbol en Cuba, cuidado y aupado por la actriz Roxana Pineda, una mujer que desde el Centro de Investigaciones Teatrales Odiseo, ha consolidado el Taller Magdalena sin Fronteras, que en este 2014 llegó con su cuarta edición, con el tema Dramaturgias y Representación, e incluido como parte de las celebraciones por los 25 años del Estudio Teatral de Santa Clara, que dirige Joel Sáez.


Desde el 8 y hasta el 18 de enero, el Magdalena sin Fronteras desarrolla intensas jornadas, con debates, talleres, funciones, y acciones que implican a la ciudad de Santa Clara, y una buena parte de sus instalaciones culturales.


Para Geddy Aniksdal, integrante del Grenland Friteater de Noruega, “es como las ondas que hace el agua, al caer una piedra. Se reproduce en cada lugar, y Santa Clara ha sido un espacio ideal para la discusión de mujeres de teatro. Ahora, la gente de la ciudad conoce el taller, y le llaman ‘el evento de Roxana’, o ‘el trabajo del Estudio’, o ‘las extranjeras que llegan cada cierto tiempo’.” Geddy Aniksdal presentó su trabajo Mi vida como un hombre, y según su criterio, el Magdalena sin Fronteras, sirve no solo para mostrar lo que han hecho en sus grupos, en los últimos años, sino también para intercambiar y saber qué han logrado hacer desde la última vez. La cita es como el jardín epicúreo, donde pueden caminar, pensar, jugar, comer, y estar viva como gente, trabajando.


Desde Santiago de Cuba llegaron a Santa Clara, la actriz, Fátima Patterson, líder del Estudio Teatral Macubá, y la narradora oral, Marta Cordiez, directora del Centro Cultural Africano Fernando Ortíz.


Para Patterson, el encuentro es la posibilidad de la confrontación. Convertida en una de las líderes del movimiento femenino en el teatro cubano, Fátima llegó a esta edición con una obra en proceso, bajo el título de Ropa de Plancha que se presentó en el Teatro La Caridad. Por su parte, Marta Cordiez realizó la intervención, bajo el título En el centro mismo de las historias, una atractiva demostración para tratar de explicar, a partir de las diferentes historias de santos o pataquíes cómo es la figura de la orisha Yemayá.


En un punto diferente llegó a Santa Clara la coreógrafa ecuatoriana Susana Nicolalde, quien dirige la Fundación Mandrágora, organización que durante 10 años ha trabajado a favor de la mujer, utilizando el teatro como arma. Susana Nicolalde presentó su propuesta Y no ha pasado es nada, investigación sobre la gente que está abandonada o que trabaja en las calles.


Esta artista ha participado todas las veces en el Magdalena sin Fronteras, y este año llevará la experiencia a Ecuador, haciendo más amplias las fronteras del Magdalena Project.


Santa Clara recibe cada tres años, a un número importante de mujeres, que han hecho del teatro el centro de sus vidas y también sus armas de trabajo y existencia. Solo en la ciudad de Marta Abreu puede ser posible una experiencia como esta, donde espectadores y artistas se confunden, conviven y piensan juntos.

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