jueves, 20 septiembre 2018, 10:38
Lunes, 28 Noviembre 2011 13:42

Joseph E. Stiglitz: «hay una sensación de que el sistema fracasó»

Escrito por  Prensa Latina
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Según el economista, el aumento de la desigualdad es producto de una espiral viciosa: los ricos rentistas usan su riqueza para impulsar leyes que protegen y aumentan su riqueza (y su influencia).


Las protestas de indignados en Wall Street y en diversas ciudades de Estados Unidos hallaron terreno fértil en todas partes, indicó hoy Joseph E. Stiglitz, premio Nobel de Economía.

La protesta social halló en todas partes terreno fértil: hay una sensación de que el «sistema» fracasó, sumada a la convicción de que, incluso en una democracia, el proceso electoral no resuelve las cosas, o por lo menos, no las resuelve si no hay de por medio una fuerte presión en las calles, aseveró.

Hay una misma idea que se repite en todos los casos donde hay protestas, y que el movimiento expresa en una frase muy sencilla: «Somos el 99 por ciento», sostiene el también profesor de la Universidad de Columbia en un comentario que publica el diario La Opinión.

Al abordar el lema de los que protestan, se refiere al enorme aumento de la desigualdad en los Estados Unidos: el uno por ciento de la población controla más del 40 por ciento de la riqueza y recibe más del 20 por ciento de los ingresos.

Añade que los miembros de este selecto estrato no siempre reciben estas generosas gratificaciones porque hayan contribuido más a la sociedad, sino que a menudo las reciben porque, hablando mal y pronto, son exitosos (y en ocasiones corruptos) buscadores de rentas.

Según el académico, en todo el mundo la influencia política y las prácticas anticompetitivas (que a menudo se sostienen gracias a la política) fueron un factor central del aumento de la desigualdad económica.

Explica la existencia de una tendencia reforzada por sistemas tributarios en los que un multimillonario como Warren Buffett paga menos impuestos que su secretaria (como porcentaje de sus respectivos ingresos) o donde los especuladores que contribuyeron a colapsar la economía global tributan a tasas menores que quienes ganan sus ingresos trabajando.

Plantea que el aumento de la desigualdad es producto de una espiral viciosa: los ricos rentistas usan su riqueza para impulsar leyes que protegen y aumentan su riqueza (y su influencia).

Cita la famosa sentencia del caso Citizens United, en la cual la Corte Suprema de Estados Unidos dio a las corporaciones rienda suelta para influir con su dinero en el rumbo de la política.

El académico asegura que mientras los ricos pueden usar sus fortunas para hacer oír sus opiniones, en la protesta callejera la policía no me dejó usar un megáfono para dirigirme a los manifestantes del OWS.

En relación con el movimiento de indignados, subraya que tienen razón los manifestantes cuando dicen que algo está mal en nuestro «sistema».

Al abordar una crítica que se les hace a los manifestantes por no tener un programa, señala que eso supone olvidar cuál es el sentido de los movimientos de protesta.

Son ellos una expresión de frustración con el proceso electoral. Son una alarma, acentúa.

Los manifestantes actuales, subraya, piden muy poco: oportunidades para emplear sus habilidades, el derecho a un trabajo decente a cambio de un salario decente, una economía y una sociedad más justas. Sus esperanzas son evolucionarias, no revolucionarias.

Pero, plantea, en un nivel más amplio, están pidiendo mucho: una democracia donde lo que importe sean las personas en vez del dinero, y un mercado que cumpla con lo que se espera de él.

Al abogar por una democracia que refleje los intereses de todos, no los intereses del uno por ciento, el economista sostiene que el mejor gobierno que el dinero puede comprar ya no es suficiente.

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