sábado, 23 junio 2018, 17:22
Martes, 24 Diciembre 2013 11:27

La Navidad en tu cepillo de dientes

Escrito por  Dayron A. Rodríguez Rosales
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Quiero celebrar la Navidad de una forma distinta. Quiero olvidar todos esos villancicos y dejar de perder el tiempo decorando un arbolito que poco alegra un hogar...

 

¡Ya estamos en Navidad! Y yo la uso como trampolín para reflexionar acerca de algunas cuestiones que siempre deberíamos atender, pero que muchas veces obviamos. Es en momentos como este donde caminamos sobre nuestros propios pasos y juramos no cometer los mismos errores en tiempos futuros. Es en épocas como estas que nuestra sensibilidad se dispara (como si durmiese o se hubiese tomado un descanso el resto del año) y allí es donde entra este servidor al juego.

 

Pero esta vez quiero participar del juego de una manera diferente. Quiero celebrar la Navidad de una forma distinta. Quiero olvidar todos esos villancicos y dejar de perder el tiempo decorando un arbolito que poco alegra un hogar, si dentro de él no hay alegría. Quiero llegar, con un homenaje a estas fechas a través de los objetos. Si, objetos, cosas que uno usa el año entero y que merecen formar parte de esta celebración, no como lo que son sino por lo que representan.

 

Tal vez esta reflexión es solo mía. Quizas el bicho raro sea solo yo, pero ¿nunca se ha detenido a pensar en lo siguiente? ¿Cómo puede uno prestarle tanta atención a algunos objetos y tan poca a otros? ¿Cómo podemos sacralizar esa camisa que usamos una vez al año y olvidarnos de ese par de espejuelos que tantas veces nos ha sacado de apuros? Eso sucede, sucede siempre, pero como ya dije antes la Navidad nos activa la vista larga, nos hace ver más allá.

 

En estas navidades quiero homenajear a ese viejo butacón que nos aguanta tengamos el peso que tengamos, a ese inodoro que tanto tiene que soportar, a ese bastón que tanto apoyo suele brindar y a esa cinta donde guardamos nuestros primeros cumpleaños y a la que solo acudimos cuando nos entra el gorrión y queremos repasar el aspecto de nuestro rostro tiempo atrás.

 

Todos ellos, sin excepción, tienen algo en común. Ninguno de ellos discrimina. Y asi mismo debemos actuar nosotros. Dejar de abrazar a ese osito de felpa que no pasa de lucir bonito y comenzar a valorar a los objetos que nos rodean atendiendo a su verdadero significado, a su utilidad práctica y también porque no, a su procedencia.

 

Si lo hacemos, empezaremos a apreciar lo que nos rodea desde otra perspectiva y un día nos sorprenderemos de hallar cascabeles y guirnaldas de colores en cualquier sitio, podremos ver la Navidad hasta en nuestro cepillo de dientes.

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