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Martes, 10 Diciembre 2013 18:14

Crónicas del Festival: La herida

Escrito por  Yuris Nórido/ CubaSí
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Una auténtica pieza, que no pretende ser optimista. Algunos se fueron del cine estupefactos…

 

Uno tiene que saber qué va a ver, para que no le pase lo que les pasó a muchos de los que fueron a ver La herida (Fernando Franco, España, 2013). Se trata de una más de esas películas de mano en cámara, con una producción esencial, sin grandes alardes… Una pieza, en el más estricto sentido de ese concepto dramático. La cinta sigue el itinerario de una mujer deprimida, afectada por una ruptura mal digerida y otros asuntos no resueltos. Pero nadie espere una dramaturgia convencional, una presentación contundente de los conflictos, una concatenación “lógica”. El juego aquí es acompañar a la protagonista, asistir a sus momentos más íntimos, ser testigos de sus cambios de humor y de la progresión de su estado depresivo. La herida no es una película “hermosa”, ni aleccionadora. Lo dicho: es crónica casi voyerista. La puesta es sencilla, casi hasta el punto de la elementalidad. Sin embargo, la edición regala secuencias inspiradoras. Las actuaciones, muy realistas, son uno de los fuertes de esta propuesta: Marina Álvarez hizo un gran trabajo en ese sentido, hasta el punto de que arrastra al espectador en su caída. Hablando de espectadores, muchos salieron de la sala estupefactos. “No soporto estas películas donde no pasa nada” —se quejaba una señora. Pero el caso es que aquí sí pasa… y mucho. A nosotros mismos nos están pasando muchas cosas constantemente, lo que sucede es que a la gran mayoría no nos van a hacer una película.

 

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Título: La herida
Director: Fernando Franco
País: España
Guion: Fernando Franco
Fotografía: Santiago Racaj
Intérpretes: Marian Álvarez, Manolo Solo, Rosana Pastor
Sinopsis: Ana tiene 30 años y es conductora de ambulancias. Aunque es eficiente en su trabajo, fuera de este le cuesta relacionarse; ella no lo sabe, pero padece lo que los psiquiatras denominan Trastorno Límite de la Personalidad. Esto la lleva a impulsos autodestructivos, el abuso del alcohol y la autolesión. Ana es incapaz de lograr su máximo anhelo: ser feliz.

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