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Lunes, 25 Noviembre 2013 18:14

Burla confirmada

Escrito por  Arnaldo Musa
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Los hechos confirman lo pronosticado en este portal en relación a las más recientes negociaciones entre Israel y Palestina, a instancias del gobierno de EE.UU. y bajo la supervisión «benevolente» de su secretario de Estado.

Los hechos confirman lo pronosticado en este portal en relación a las más recientes negociaciones entre Israel y Palestina, a instancias del gobierno del presidente norteamericano, Barack Obama, y bajo la supervisión «benevolente» del secretario de Estado, John Kerry.
                        

La liberación de unos pocos de los muchos prisioneros palestinos y otras pocas medidas de supuesto beneficio para el pueblo ocupado, no pagan en nada la constante política de virtual exterminio del sionismo, sin que la comunidad internacional haga algo para impedirlo. Incluso la parte palestina en las negociaciones ha disimulado en algo el fracaso inminente -en aras también de que no se le acuse de no propiciar el entendimiento-, al anunciar que habrá que esperar por lo menos nueve meses para que algo se dilucide.
         

                                                   
Preguntaría qué pasará luego de ese tiempo, si es que no se interrumpen antes, y más con un primer ministro como Benjamin Netanyahu, que descuella entre quienes se han «distinguido» en la práctica racista contra los palestinos.
                                                                            

Así, en pleno ajetreo negociador, autorizó la construcción de 1 853 nuevas casas solo para judíos en Cisjordania y Jerusalén oriental, a menos de un año de iniciarse el erigimiento de otros 1 600 asentamientos en ambos territorios, y no unos 200 como había dicho anteriormente, siempre con la consiguiente expulsión de la población palestina.
     

                                                                                                 
Tal como siempre sale a la luz el dominio israelí sobre la política oficial norteamericana (incluso en la sospechosa implicación sionista en los atentados terroristas del 11 de septiembre del 2001, de los que Washington y Tel Aviv sacaron provecho), las conversaciones de Israel con los palestinos son toda una pantomima, porque han seguido ocupando tierras ajenas.
                                                                                        

Y solo pueden actuar con impunidad, porque los muy organizados sionistas tienen tomadas las riendas de los principales grupos de poder en Estados Unidos, donde, dice el politólogo James Petras, «están activos apoyando cualquier cosa que haga Israel: matar palestinos, incluso niños; desplazar familias; cortar árboles de olivos; lo que sea, los sionistas siempre lo justifican».
                                                                                                                                                 

     
Todo esto está acompañado por un andamiaje legal y no legal, pero que «pinta» lo mismo para Tel Aviv, que aplica leyes de puro apartheid, por ejemplo, en el campo de la tenencia de la tierra, ya que los no judíos no pueden poseerla, así como también son discriminados en las prestaciones sociales, la educación y otros ámbitos.
                             

                                                                
Hay un segundo nivel de políticas prácticas que discriminan a un grupo de gente solo porque son árabes: no se les proporciona los mismos beneficios que el Estado da a los demás y se les rechaza sobre la base de su origen étnico o nacional.
                                                                        

También existe el apartheid moral, que genera una segregación en la mente de la mayoría judía de que los palestinos no son una parte legítima de la sociedad. No es una política, sino una atmósfera, una mentalidad, que es peor.
                                                                              

Israel es un Estado del apartheid muy particular. No es como Sudáfrica, donde había autobuses y aseos separados. El término para esto es «pequeño apartheid», aunque es aún más malo: no lo ves, pero lo sientes.
                                                                                                                   

Y en medio de esta discriminación sigue la burla sionista en plenas conversaciones con los palestinos, contra quienes en cualquier momento, y más abiertamente, se ciernen la represión, los bombardeos, y la cada vez mayor ocupación, como respuesta injusta a sus legítimos reclamos de reivindicación.

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