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Martes, 22 Octubre 2013 13:50

París: Bailando al compás de Washington

Escrito por  Arnaldo Musa
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La desconfianza ante los partidos tradicionales ayuda a avanzar a la ultraderecha en Francia. En la foto, la líder del Frente Nacional, Marine Le Pen, quien piensa convertirse en presidenta. La desconfianza ante los partidos tradicionales ayuda a avanzar a la ultraderecha en Francia. En la foto, la líder del Frente Nacional, Marine Le Pen, quien piensa convertirse en presidenta.

Solo en Francia se produjeron 73 millones de actos de espionaje en solo un mes a ciudadanos y empresas, en total irrespeto a la privacidad y para sacar beneficios comerciales a favor de los monopolios norteamericanos.

Recientemente, la cadena latinoamericana Telesur inquiría en una rápida encuesta cuál sería la respuesta de Estados Unidos ante la protesta francesa por el constante espionaje de la inteligencia norteamericana, revelado por el exagente Edgard Snowden en una entrevista realizada por el periódico Le Monde. De una forma u otra, las respuestas coincidían en que no habría disculpa alguna, lo cual revelaba cuánto «baila» el actual gobierno de Francois Hollande al compás de lo que le dicta Washington.
                                                                
La elección sin discusión de un mandatario perteneciente a un partido que dice ser socialista en Francia, agradó a muchos que deseamos que la paz reine en este mundo por encima de quienes manejan los hilos de la guerra para beneficio de poderosos intereses egoístas.
                                                                                                 
Pero con Hollande, Francia refrendó la política del anterior gobierno del corrupto Sarkozy, santificó la criminal agresión a Libia, rompió bazas para respaldar la de Estados Unidos a Siria buscando una salida para asegurar el petróleo que necesita y subrayó, junto a Washington, el derecho a utilizar el arma nuclear en determinadas circunstancias.
                                                                                        
Ciertamente, se me ocurre comparar esta política dura del gobierno francés con la de alguien que aspira a ser un gigante, pero que tiene pies de barro. Ahora ocurrirán algunas declaraciones de protesta por el espionaje de su gran «amigo», al estilo de las realizadas por Gran Bretaña y Alemania.
                                                             
Solo en Francia se produjeron 73 millones de actos de espionaje en solo un mes a ciudadanos y empresas, en total irrespeto a la privacidad y para sacar beneficios comerciales a favor de los monopolios norteamericanos.
                                                                           

Pero no solo es en esta situación que se revela la debilidad del gobierno de Hollande, que año y medio después de llegar al poder es el peor valorado de la última década. No consigue atajar el desempleo, ni los problemas con los refugiados y la delincuencia. En todo esto, silenciosamente, va ganando fuerza la ultraderecha, tal como lo demostró el Frente Nacional a mediados de octubre, sin haber cambiado su política de fondo, entronizado por su fundador, Jean Marie Le Pen, de 85 años, aunque «dulcificado» por su hija y sucesora, Marine.
                                                                                                     

Mientras el padre califica de «detalle de la Historia» las cámaras de gas nazi, asegura que la ocupación alemana durante la Segunda Guerra Mundial no fue «especialmente inhumana» y azuza el racismo, la hija amplía el espectro social del partido fundado por su padre, esgrime el lema «ni derecha ni izquierda», hace de la xenofobia un tema tabú para el partido y asume posturas populistas en temas como la jubilación a los 60, el aumento a la seguridad o la relación con la Unión Europea y la Organización del Tratado del Atlántico Norte.
                                                                                                           

El triunfo del Frente en elecciones de hace unos días en el sureste del país ha envalentonado a Marine Le Pen, quien, como buena heredera de su padre, confesó que lucha por ser presidenta de Francia.
                                                                                                                

Y aunque fue una victoria en una región considerada desde hace mucho un bastión del Frente, la actual política gubernamental y la insatisfacción con los partidos tradicionales aumentan las apetencias de la ultraderecha.                                                                                                                      

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