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Domingo, 03 Noviembre 2013 07:48

Gambia acusa

Escrito por  Arnaldo Musa
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Mientras la actitud de Cuba es admirada por los gambianos, no sucede así con las principales potencias occidentales, acusadas de promover asonadas, financiar a la oposición e introducir agentes de inteligencia.

Mi vecina Martica estuvo casi cinco años como enfermera en Gambia*, pequeño país africano con el que Cuba ha mantenido cordiales y respetuosas relaciones y colaborado en la esfera de la salud, en la cual, subraya la susodicha, decenas de médicos y otros trabajadores isleños dejaron indelebles huellas de agradecimiento y admiración, tanto entre la modesta población, como en los círculos gobernantes.
                                                                                                          

Pero mientras la actitud de Cuba es admirada por los gambianos, no sucede así con las principales potencias occidentales, acusadas de promover asonadas, financiar a la oposición e introducir agentes de inteligencia en las esferas oficiales.
                                                            

Y uno se pone a pensar qué es lo que buscan estos elementos adversos al pueblo en un país de apenas 10 380 kilómetros cuadrados, aunque superpoblado con un millón 825 000 habitantes.
              

Estados Unidos ahora habla de dictadura, violación de los derechos humanos e irrespeto a los homosexuales en territorio gambiano, luego de que el gobierno de Yahya Jaméd, electo democráticamente desde 1996, según los cánones occidentales, rechazó el acuerdo de seguridad marítima planteado por Estados Unidos y que, dijo el Presidente, pretendía únicamente lograr «el control y la explotación total de las aguas territoriales de Gambia».
                                                                                  

Pero Washington, como de costumbre, no ha estado solo en la conjura, sino ha gozado del respaldo y compañía del Reino Unido, la antigua potencia colonial, como ha reportado la agencia noticiosa británica Reuters desde Banjul, la capital gambiana.
                                     

El pasado miércoles, 9 de octubre, el ministro de Asuntos Presidenciales, Momodou Sabally, acusó a Washington y Londres de conspirar contra su país desde 1995, y advirtió que el país africano no se rendirá ante los «vampiros» y las «langostas».
                                        

«Estas dos potencias occidentales han continuado con sus incansables esfuerzos para desestabilizar este país, utilizando de forma desesperada todos los métodos posibles, desde patrocinar golpes hasta financiar a la oposición e impulsar campañas de difamación», criticó.
                                                                                                        
La Embajada británica ha rechazado las acusaciones y ha insistido en que Reino Unido «es un amigo de Gambia y de su gente» y que a ambas naciones les interesa mantener una relación «de amplio espectro», basada en «el respeto, la confianza y el beneficio mutuos». La respuesta de Gambia fue retirarse de la Commonwealth (Mancomunidad de Naciones Británicas), al considerar que se trata de una «institución neocolonial».
                           

Ya el Presidente había tenido una tensa relación con el Reino Unido, al que acusó de inmiscuirse en los asuntos internos por apoyar a la oposición en las elecciones del 2011 y difamar a su gobierno, achacándole violaciones de los derechos humanos.
                                   

En este sentido, Banjul ha indicado la complicidad de las potencias occidentales en la introducción de drogas en el pequeño país, con el fin de minar la industria turística y la moral de la población.
                          

Al respecto, una amplia batida policial logró el decomiso de la impresionante cifra de dos toneladas de cocaína (con un valor comercial de mil millones de dólares) y la detención de 12 narcotraficantes —ninguno de ellos gambiano—, así como el hallazgo de una importante cantidad de armas y dinero.
                                                

África Occidental se ha convertido en los últimos años en una importante región de tránsito para la cocaína sudamericana destinada a los mercados europeos. Altos funcionarios gambianos, incluyendo al director de la Agencia Nacional de Lucha contra la Droga, fueron arrestados en febrero último, y en marzo Yahya Jamé declaró: «Quienes ocupan posiciones elevadas en el sector de la seguridad no deben estar involucrados en el tráfico de drogas. Yo juro que este país jamás será un narco-Estado».
                                                                                    
A fines de abril, el Ministerio de Justicia de Gambia acusó al exjefe de la policía, Ensa Badjie; al exdirector de la Agencia Nacional de Lucha contra la Droga, Ebrinma Bun Sanneh, así como a cuatro oficiales, de haber conspirado en el 2009 contra el gobierno de Jamé, sobre todo para robar dinero y drogas.
                                                                        
En una declaración, este Ministerio los acusó de haber «propagado mentiras en público, afirmando que el Presidente de la República los había contratado para vender drogas prohibidas en su nombre y entregarle los ingresos de ese tráfico».
                                                   

Pero de esto no se hace eco la prensa estadounidense ni la británica, hoy inmersa en el complot para defenestrar a un gobierno que, con aciertos y errores, virtudes y defectos, trata de proteger los recursos naturales, con el fin de elevar la calidad de vida de una población aún con altos índices adversos.


*
Gambia, oficialmente República del Gambia (la Gambia), es una nación en África occidental. Se encuentra rodeada en su totalidad por Senegal, excepto en la desembocadura del río Gambia en el océano Atlántico. El 18 de febrero de 1965, Gambia logró su independencia del Reino Unido. Su capital es Banjul, aunque la mayor ciudad del país es Serekunda. Hoy es punto de mira de una conspiración yanki-británica para eliminar a su gobierno y arrebatarle los recursos naturales.

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