lunes, 25 junio 2018, 10:18
Miércoles, 18 Septiembre 2013 06:47

Dilma: Luz roja a la barbarie

Escrito por  Nicanor León Cotayo
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La presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, canceló la visita que debía realizar en octubre a Estados Unidos, debido a no recibir las excusas que esperaba de la Casa Blanca por el tema del espionaje.

Esa actividad llegó, incluso, a espiar el sistema de comunicaciones al servicio de la mandataria, hecho que originó una protesta oficial de Brasil ante las autoridades de Washington.

Desde aquel momento el gobierno brasileño advirtió que la visita de Rousseff al Norte estaría supeditada a que la Casa Blanca se excusara por el grave hecho de espionaje acaecido.

Observadores opinaron en ambas capitales, que la mencionada suspensión del viaje presidencial “marca un empeoramiento de las tensiones entre los dos países”.

Estas se iniciaron cuando el ex analista de la CIA Edward Snowden reveló que Brasil fue uno de los principales objetivos del espionaje internacional desplegado por la Agencia de Seguridad Nacional de Estados Unidos.

Todo se complicó aún más este lunes al trascender que fueron robados sensibles datos vinculados a la gigantesca reserva de hidrocarburos que maneja la empresa Pretrobras.

Debido al escándalo, el gobierno brasileño se vio forzado a suspender la licitación (subasta) vinculada al presente y futuro de esos recursos de importancia estratégica.

El domingo 12 de septiembre, un importante canal de televisión,   Globo, presentó documentos donde se comprueba que los servicios de inteligencia de Estados Unidos además espiaron a Petrobras.

La denuncia se remite a comprometedores documentos entregados por Snowden al periodista Glenn Greenwald, columnista del diario británico The Guardian, quien reside –protegido- en Río de Janeiro.

Según la televisora Globo, lo mostrado ante las cámaras corresponde a un curso impartido a sus agentes por la Agencia Nacional de Seguridad, dirigido a espiar empresas.

Como el nombre Petrobras aparece repetido en esos cursos, ello, apuntó Globo, “contradice la afirmación” de que el espionaje no tiene objetivos económicos ni comerciales.

Muy importante que la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, haya suspendido el viaje a Washington en respuesta al grosero, cínico y masivo despliegue de su maquinaria secreta en toda la vida nacional.

Ello forma parte de un intento del gobierno estadounidense de transformar su actividad de intrusión en el planeta como un mal necesario, una pieza más del horizonte natural de cada nación.

Una simple mirada al escenario del planeta alerta con mucha fuerza respecto a la decisión de la máxima jefatura de Estados Unidos, y Siria lo demuestra, de actuar impúdicamente al margen del derecho internacional.

En medio de esta situación, la airosa postura de Dilma Rousseff, defendiendo a ultranza la soberanía y el honor de Brasil, hace las veces de una luz roja de cara a los bárbaros del Norte.


La presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, canceló la visita que debía realizar en octubre a Estados Unidos, debido a no recibir las excusas que esperaba de la Casa Blanca por el tema del espionaje.

Esa actividad llegó, incluso, a espiar el sistema de comunicaciones al servicio de la mandataria, hecho que originó una protesta oficial de Brasil ante las autoridades de Washington.

Desde aquel momento el gobierno brasileño advirtió que la visita de Rousseff al Norte estaría supeditada a que la Casa Blanca se excusara por el grave hecho de espionaje acaecido.

Observadores opinaron en ambas capitales, que la mencionada suspensión del viaje presidencial “marca un empeoramiento de las tensiones entre los dos países”.

Estas se iniciaron cuando el ex analista de la CIA Edward Snowden reveló que Brasil fue uno de los principales objetivos del espionaje internacional desplegado por la Agencia de Seguridad Nacional de Estados Unidos.

Todo se complicó aún más este lunes al trascender que fueron robados sensibles datos vinculados a la gigantesca reserva de hidrocarburos que maneja la empresa Pretrobras.

Debido al escándalo, el gobierno brasileño se vio forzado a suspender la licitación (subasta) vinculada al presente y futuro de esos recursos de importancia estratégica.

El domingo 12 de septiembre, un importante canal de televisión, Globo, presentó documentos donde se comprueba que los servicios de inteligencia de Estados Unidos además espiaron a Petrobras.

La denuncia se remite a comprometedores documentos entregados por Snowden al periodista Glenn Greenwald, columnista del diario británico The Guardian, quien reside –protegido- en Río de Janeiro.

Según la televisora Globo, lo mostrado ante las cámaras corresponde a un curso impartido a sus agentes por la Agencia Nacional de Seguridad, dirigido a espiar empresas.

Como el nombre Petrobras aparece repetido en esos cursos, ello, apuntó Globo, “contradice la afirmación” de que el espionaje no tiene objetivos económicos ni comerciales.

Muy importante que la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, haya suspendido el viaje a Washington en respuesta al grosero, cínico y masivo despliegue de su maquinaria secreta en toda la vida nacional.

Ello forma parte de un intento del gobierno estadounidense de transformar su actividad de intrusión en el planeta como un mal necesario, una pieza más del horizonte natural de cada nación.

Una simple mirada al escenario del planeta alerta con mucha fuerza respecto a la decisión de la máxima jefatura de Estados Unidos, y Siria lo demuestra, de actuar impúdicamente al margen del derecho internacional.

En medio de esta situación, la airosa postura de Dilma Rousseff, defendiendo a ultranza la soberanía y el honor de Brasil, hace las veces de una luz roja de cara a los bárbaros del Norte.

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