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Sábado, 21 Septiembre 2013 06:32

Si de bravucones hablamos…

Escrito por  Arnaldo Musa
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Estados Unidos se lleva todas las palmas. Ha estado poniendo al mundo al borde de una Tercera Guerra Mundial, utiliza las más burdas justificaciones para agredir a naciones más pequeñas...

Estados Unidos se lleva todas las palmas. Ha estado poniendo al mundo al borde de una Tercera Guerra Mundial, utiliza las más burdas justificaciones para agredir a naciones más pequeñas, da el visto bueno a cualquiera de sus aliados que emprenda supuestas acciones humanitarias con el verdadero fin de preservar intereses económicos y geopolíticos imperiales, y dedica cuantiosos recursos bélicos que pudieran poner fin a todo tipo de vicisitudes en el mundo a mantener su economía de guerra.
                                                         
Pienso que si Rusia no tuviera la capacidad de respuesta a una guerra de agresión nuclear de Estados Unidos, el Imperio ya habría desbrozado abiertamente su plan de chantaje para apoderarse de importantes recursos naturales o destruir todo aquello que le estorbe, según sea el caso.
                                                                               
Así, contenido por el momento por el inteligente manejo ruso de eliminar las armas químicas sirias como pretexto para una agresión directa a Siria, el presidente Barack Obama mantiene abierta una opción de guerra que se está diluyendo cada vez más por la aceptación de Damasco, aunque siempre queda lo imprevisible que resulta de la concentración de fuerzas navales y aéreas de todo tipo en el Mediterráneo y frente a las costas del país árabe.
                                        

La decisión de Moscú de hacer todo lo posible por evitar una guerra que pudiera ser regional y hasta mundial, tiene en cuenta la prepotencia de un Imperio que ha utilizado diversos recursos para proseguir un accionar que lo lleve a obtener los más importantes recursos naturales, principalmente los energéticos.
                                         
Ese quehacer tramposo imperialista se pudo observar desde que francotiradores a las órdenes de la Organización del Tratado del Atlántico Norte dispararon contra el pueblo sirio para culpar de estos asesinatos al gobierno y justificar una intervención en Siria –la misma táctica utilizada en Libia- para derrocar a al Assad y hacerse con el control del país.
                                                                                  

A esta elite de poder, como ya hizo en Libia, no le importa asesinar a miles de personas para conseguir sus objetivos, mientras la mayor parte de los gobiernos del planeta apoya, justifica o permanece inerme ante esas masacres.
                                                               

No es traído de cabezas el argumento de que cualquier agresión a Siria, llevaría a cero el proceso de descolonización abierto con el fin de la Segunda Guerra Mundial, e instalaría a Israel como única potencia en la zona.
                                                                                                

Es la típica respuesta del capitalismo a una larga crisis económica que no cesa: el capital financiero internacional espera, como en el pasado, salir del estancamiento con una gran guerra que destruya bienes y a millones de personas y cree el gran negocio de la reconstrucción en condiciones mundiales de servidumbre y semiesclavismo.
                                                                                           
Por eso está todo unido: la desocupación creciente en Europa; la anulación masiva de conquistas sociales; la prolongación de la edad para jubilarse y la reducción de las ayudas sociales, como en Francia; los ataques especulativos contra la moneda brasileña; los fallos en Estados Unidos en favor de los fondos buitres en el caso de Argentina, para llevarla a la quiebra; los esfuerzos para desestabilizar a Venezuela, así como la represión en Túnez o la desestabilización en Egipto.
                                                                                                              
Es demasiada casualidad que el mismo día en que Foreign Policy publicó documentos desclasificados de la Agencia Central de Inteligencia y del Departamento de Estado que comprueban que en 1988 estos sabían que Saddam Hussein tenía gas sarín y lo utilizaría contra Irán y lo ayudaron a lanzarlo, Estados Unidos anunciara que atacaría a Siria, sin esperar siquiera el informe de la comisión investigadora de la ONU en ese país para dilucidar si se utilizaron armas químicas y, en caso de que así fuere, quién lo hizo, si un grupo opositor o el ejército sirio.
                                                                   

Pero, aunque fuera verdad el hipotético caso de que la misión de la ONU determinara –quizás por presión de Occidente- que Damasco hubiera utilizado las armas químicas, ¿qué derecho le da a Estados Unidos agredir al pueblo sirio y causar más muerte y destrucción de las que está propiciando desde hace más de dos años?
                                                                                                            
Como en el caso de la agresión a Iraq, el veredicto de los piratas está listo de antemano, sin importarle la catástrofe que pudiera acarrear, y que solo se ha evitado hasta el momento por el inteligente desmontaje del pretexto y la imprescindible postura firme ante las bravuconerías imperialistas.

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