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Miércoles, 11 Septiembre 2013 06:17

Obama-Siria: Un capítulo en suspenso

Escrito por  Nicanor León Cotayo
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En medio de un balance que en sentido general no resultaba favorable a su plan inicial contra Siria, una iniciativa rusa tiende a imponer un reacomodo a Washington.

Quizás nunca como en las últimas semanas se había puesto tan en evidencia el brutal desprecio de los gobernantes de Estados Unidos hacia la ONU y demás componentes del derecho internacional.

Ese organismo envió inspectores a la nación árabe para comprobar si fueron utilizadas armas químicas en las afueras de Damasco y asesinadas más de mil personas, entre ellas niños.

Antes de que los mencionados especialistas de Naciones Unidas terminaran su trabajo, Obama y otros funcionarios aseguraron que allí hubo empleo del referido armamento.

El aislamiento estadounidense resultó evidente, pues únicamente su dócil presidente de Francia, Francois Hollande, se convirtió en eco de sus  pronunciamientos anti-sirios.

En prevención de esto, y para dividir las penas, los gobernantes norteamericanos apelaron al Congreso, algo establecido pero no siempre cumplido, antes de emprender una de sus aventuras castrenses.

Quizás traicionado por el subconsciente, en un arranque de  prepotencia Obama llegó a decir que, aún sin el respaldo del Consejo de Seguridad de la ONU ni de su Congreso, proseguiría la agresión contra Siría.

Hasta el secretario general de la ONU, Ban Ki-Moon, reiteró días atrás  que el Consejo de Seguridad es el único autorizado  para definir esas acusaciones de armas químicas hechas por Washington.

Fue en tal escenario que Rusia formuló una iniciativa que puso en situación particularmente incómoda las versiones montadas en Estados Unidos contra esa nación árabe.

Como es sabido se trata de lo siguiente: propuso al gobierno de Siria colocar sus armas químicas bajo custodia de la comunidad internacional, algo que Damasco aceptó.

Horas después, el canciller sirio, Salid Moallen, anunció que, además, solicitarían formar parte de la Convención Internacional sobre Armas Químicas, que prohíbe su empleo.

Entre las repercusiones de esos pasos se encuentran la posposición de un encuentro urgente del Consejo de Seguridad de la ONU con el objetivo de volver a examinar el caso.

Forzado por las circunstancias, Obama afinó su lenguaje de los últimos días al conferir un valor “potencial” a la proposición rusa en cuanto a Siría.

No obstante todo lo sucedido, este martes el secretario norteamericano de Estado, John Kerry, al hablar en el Congreso insistió en sacar adelante una operación militar contra ese país árabe.

Luego hubo una comparecencia de Obama por la televisión de su país, muy fresca aún su retórica de guerra, que estuvo enfilada a presentar a su manera la incómoda propuesta de Rusia.

Durante ese discurso, Obama remitió a una investigación de su gobierno la existencia de armas químicas en Siria, claro desprecio a la misma tarea en manos de la ONU, y solicitó al Congreso posponer la sesión dedicada a dar luz verde, o no, a la agresión anunciada.

Sin embargo, este zig-zag en la conducción de un asunto muy delicado y de importancia estratégica, que llega a dividir a sus aliados y provocar disparidades en su Congreso, no parece arrojar un saldo positivo para Obama, quien tanto se ha jugado al respecto.

La propaganda estadounidense, a través de sus múltiples vías, evade mencionar que, por ahora, tiende a alejarse la posibilidad del ataque militar contra Damasco, aparentemente a la vuelta de la esquina.

¿Finaliza el capítulo Siría? No, pensar lo contrario sería un grave error, al menos, entre otras cosas, mientras ocupe su actual posición en el Medio Oriente y atesore las enormes riquezas naturales que posee.

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