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Martes, 27 Agosto 2013 08:56

Siria: Rebeldes no, ¡mercenarios!

Escrito por  Arnaldo Musa. Especial para Cubasí
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Convoy de inspectores de la ONU en Siria Convoy de inspectores de la ONU en Siria

Además de belgas y criminales de otros países occidentales, ex militares colombianos engrosan las filas de los asesinos a sueldo y fundamentalistas de más de 80 países.  

 Mientras un supuestamente neutral gruido de Naciones Unidas investiga sobre la utilización de armas químicas en Siria, con el sospechoso afán de implicar peyorativamente al gobierno de Damasco, elementos mercenarios volvieron a utilizar la prohibida y letal arma contra la población civil en varias zonas del país, en su afán de contener el comprobado avance del ejército y sentar pretextos para la intervención directa militar de Occidente contra la agredida nación árabe.                                                                                                                                

No es secreto para nadie honesto y sensato que la guerra que  enfrenta Siria es planificada, financiada y armada por estados regionales y occidentales que usan a mercenarios y terroristas de más de 80 países, el último de los cuales es Colombia, donde el Ministerio de Defensa se quejó de que países del Golfo se están llevando a sus mejores tropas, pagándoles 5 000 dólares al mes, el triple de sus salarios.  

 
Tales planes buscan quebrar al Estado laico y balcanizar su unidad social y territorial en beneficio del expansionismo de Estados Unidos e Israel en la región, porque los asesinatos, masacres, terrorismo y sabotajes perpetrados por los grupos de la llamada insurgencia nada tienen que ver con la religión o la ética de los pueblos y las naciones civilizadas.                                                                                                               

Sin ser perfecta, Siria ha dado un ejemplo en el mundo árabe de lo que significa la convivencia pacífica entre grupos confesionales y religiones diversas, lo cual pretende ser destruido y sustituido por el más descarnado fundamentalismo de extremistas islámicos.                               

Por ello es lógica la postura de las autoridades de marchar hacia una solución política del conflicto, sin renunciar a la defensa nacional y el combate frontal contra los grupos terroristas que asesinan indiscriminadamente a civiles y destruyen la infraestructura.                      

Lo anterior hace imprescindible auscultar en el terreno las realidades del conflicto, teniendo en cuenta la campaña de desinformación que a nivel global practican la mayoría de los medios de comunicación respecto a la situación en ese territorio levantino.                                      

Asimismo, se ha intensificado el patrullaje de buques norteamericanos en la zona, con el fin de pertrechar y armar a esos mercenarios, mientras se vislumbra la combinación del propio EE.UU. con Francia e Inglaterra para ofrecerle cobertura aérea, tal como lo hicieron en Libia, de donde proceden muchos de esos elementos que participaron en el derrocamiento y asesinato de Muammar el Ghadaffi.                                          

En ese contexto, manos mercenarias ya manejan misiles Stinger norteamericanos, para derribar a los aviones sirios, militares o no. Moscú, cumplió con un anterior contrato para suministrar modernísimo equipamiento militar antiaéreo a Siria.                                                             

Así, se trata de anular este vastísimo complot de Occidente, Israel y satrapías monárquicas del Golfo, en la que los mercenarios, operan contra Siria, principalmente desde territorio turco, israelí y jordano         

FUNDAMENTALISMO AL SERVICIO DEL IMPERIO 

                                               
A principios del siglo pasado se trazó una línea en la arena de Acre a Kirkuk. Dos potencias coloniales –Gran Bretaña y Francia– se repartieron tranquilamente el Medio Oriente entre ellas: todo lo que estaba al norte de la línea para Francia; el sur era de Gran Bretaña. Muchos reveses y tragedias después, una nueva línea en la arena está siendo trazada por Arabia Saudita y Catar. Entre Siria e Iraq, lo quieren todo, porque hay anuencia occidental y complicidad entre la Organización del Tratado del Atlántico Norte y el Consejo de Cooperación del Golfo.   

  No hay un juego final en Siria todavía. Al contrario: el juego sectario no hace más que comenzar.  Es de nuevo el Afganistán de los años 80. Las más de 100 pandillas fuertemente armadas involucradas en la guerra civil de Siria rebosan de fondos con los cuales el CCG financia sus granadas rusas propulsadas por cohetes y compradas en el mercado negro. Numerosos salafistas-yihadistas cruzan hacia Siria, no solo desde Iraq, sino también desde Kuwait, Argelia, Túnez y Paquistán, después de llamados embravecidos de sus imanes.                                 

Secuestros, violaciones y matanzas de civiles favorables al régimen de Al Assad se están convirtiendo en la ley del país.                                             

Persiguen todavía con más ardor a los cristianos. Obligan a irse a los exiliados iraquíes residentes en Damasco, según admitió la BBC, en tanto AFP reconocía que “los guardias fronterizos iraquíes vieron que el Ejército Libre Sirio (ELS) tomó el control de un puesto de la frontera y luego«ejecutó a 22 soldados sirios ante sus ojos”.   

El cruce Bab al-Hawa entre Siria y Turquía fue invadido por más de 150 muyahidines descritos como multinacionales, provenientes de Argelia, Egipto, Arabia Saudita, Túnez, Emiratos Árabes Unidos, Chechenia e incluso Francia. Muchos proclamaron su fidelidad a Al Qaeda en el Magreb Islámico. Quemaron numerosos camiones turcos. Filmaron su propio vídeo promocional. Desfilaron con su bandera de Al Qaeda. Y declararon que la zona fronteriza era un Estado islámico.                                                                                                    

Todos ellos en estos momentos están siendo fuertemente combatidos, con un Occidente preocupado, porque, a pesar de la ayuda recibida, los enemigos de Siria han sido incapaces de mantener una zona ocupada por mucho tiempo.                                                             

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