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Lunes, 12 Agosto 2013 14:50

La punta del iceberg de la maldad

Escrito por  Arnaldo Musa
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La revista Rolling Stone publicó la foto de un soldado norteamericano que se disponía a mutilar a un inocente civil afgano La revista Rolling Stone publicó la foto de un soldado norteamericano que se disponía a mutilar a un inocente civil afgano

¿Para qué buscar chivos expiatorios? La verificación de crímenes atroces cometidos por soldados ocupantes norteamericanos hace algún tiempo en Afganistán coincidió con la noticia de que 211 personas perecieron...

La verificación de crímenes atroces cometidos por soldados ocupantes norteamericanos hace algún tiempo en Afganistán coincidió con la noticia de que 211 personas perecieron en un solo día, el sábado 10 de agosto, a causa de la violencia y la destrucción incoadas por Estados Unidos en el atrasado país centroasiático.                                  

                                                             
Las revelaciones sobre la muerte de forma atroz de afganos a manos de militares estadounidenses venían produciéndose desde hace algún tiempo, pero, realmente, no hay que buscar mucho al respecto, sin haber esperado ni las verdades expresadas por Julian Assange en Wikileaks, ni las denuncias del soldado Bradley Manning, ni lo dado a conocer por Edward Snowden sobre el espionaje norteamericano, todo lo cual viola la privacidad y atenta contra los derechos humanos.                                                                 

                                    
Para EE.UU. la solución no es jugar limpio, por supuesto, sino buscar personas que carguen con la culpa de sus errores, sin arrepentirse de ellos.

Así, trató de que se pasara por alto aquellas espantosas fotos publicadas por la revista de noticias semanal alemana Der Spiegel de civiles afganos asesinados por militares norteamericanos.
                                                                                                          

Dos de las tres fotos muestran a dos soldados posando junto a un cadáver parcialmente desnudo y manchado de sangre. La víctima es Gul Mudin, muerto el 15 de enero de 2010 en el pueblo de La Mohammed Kalay. Uno de los militares sonreía a la cámara, mientras sujetaba la cabeza del asesinado. La tercera foto muestra dos cadáveres ensangrentados, sentados uno junto al otro, con las manos atadas.
                                                                                     

Esto fue revelado hace tres años, subrayo, pero es una cuestión latente donde esté cada uno de los invasores de naciones más pequeñas.

Graig Murray, exembajador británico en Uzbekistán y hoy activista de derechos humanos, resume así esta situación:

«Algo huele a podrido en la cultura militar de EE.UU., de lo cual (las fotos de Der Spiegel) no son más que un síntoma. No diré mucho más, porque ahora mismo siento más pena que enfado. Solo os dejaré con estas verdades. Es más común entre los soldados estadounidenses la posesión de estas “fotos trofeo”, que el hecho de que sean expuestas en una revista internacional. Y es mucho más frecuente que los soldados estadounidenses asesinen por puro disfrute de su poder sobre la vida y la muerte, que el hecho que se incriminen a ellos mismos grabando los hechos».
                                                                                                               

Esto no es más que la punta de un iceberg de la maldad engendrado por la anterior administración de George W. Bush y sustentado por la actual de Barack Obama, a pesar del anunciado retiro de tropas, que deberá concluir en el 2014.
                                                                            

La constante propaganda de que la situación de los ocupantes va mejorando y la insurrección no puede lograr un triunfo total, se contradice con el convencimiento de que la misión agresora aupada por Estados Unidos se encuentra ante un callejón sin salida.
                                                                                               

                                                 
La insurgencia continúa su ritmo ascendente, y convierte su actividad en un verdadero infierno para las fuerzas invasoras.

Según el investigador y periodista Wayne Madsen, los servicios secretos norteamericanos no saben a ciencia cierta contra quiénes se lucha. Sin embargo, entre los insurgentes, a quienes califican siempre de terroristas, se encuentran remanentes del Talibán, una gran cantidad de musulmanes de países vecinos y numerosa gente común del pueblo, quienes han logrado articular un fuerte accionar contra el enemigo común.

«Nuestras fuerzas mostraron de nuevo que no quieren tropas extranjeras en el país», dijo un portavoz talibán.

Miles de prisioneros en 25 centros de detención en Afganistán, víctimas de continuadas torturas, no ayudan a despejar las expectativas y hunden aún más la moral de un ejército norteamericano que tampoco pudo ganar la guerra que desató contra Iraq, por lo que tuvo que retirar el grueso de sus tropas y dejar a miles de mercenarios y una sangrienta guerra confesional por el poder, de la que no son ajenos los servicios secretos de Occidente.

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