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Martes, 18 Junio 2013 04:33

Ringo Quintero: Ensartar bronce en casa del trompo

Escrito por  Harold Iglesias Manresa
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¿Grandilocuente? Puede que me tilden de ello, pero al bronce ensartado por el espadista Ringo Quintero (6 de agosto de 1990) en el Panamericano de Cartagena de Indias hay que darle su merecido valor.

 

¿Grandilocuente? Puede que me tilden de ello, pero al bronce ensartado por el espadista Ringo Quintero (6 de agosto de 1990) en el Panamericano de Cartagena de Indias hay que darle su merecido valor.

 

Partamos de la idea de que tanto Quintero, como sus compañeros Yunior Reytor y Fidel Ferrer, carecen de un puesto entre los 100 primeros del ranking mundial. Lógico, si la precariedad de asaltos de primer nivel con que cuentan nuestros esgrimistas no les permite exhibir lauros entre el centenar de agraciados. Otra cuestión esclarecedora es el hecho de que justamente la espada constituye la vanguardia de la disciplina. Recordemos los bronces de Yamilka Rodríguez y Reinier Henríquez en Guadalajara. Justamente en suelo cafetero son la espada y el sable las armas en las que Cuba dijo presente.

 

Vayamos ahora a la magnitud del bronce de Quintero: La presencia de 49 espadistas, entre ellos 14 del top 100, incluido el as olímpico de Londres 2012, el venezolano Rubén Limardo, y su compatriota y a la postre monarca Silvio Fernández daban fe sobrada de la calidad de los aceros en pugna. De esa madeja de touchés emergió airoso Quintero, con 30 puntos para el mencionado escalafón y notorios triunfos por idénticos 15-14 sobre los estadounidenses Soren Thompson, actual 11 del planeta con 100 unidades, en la discusión del bronce, y Jason Pryor (65) en el cuadro de 32. De los contrarios enfrentados por Quintero (1.87 metros de estatura y 72 kilogramos de peso), solo el mexicano el mexicano Erick Trujillo, su víctima por 15-7, le antecede en edad.

 

Así cruzó el estambre de los cuatro semifinalistas, y justo allí se le interpuso 12-15 el canadiense Hugues Boisvert-Simard (35 mejor ubicado del orbe), quien en definitiva quedó plata, tras sucumbir 10-15 frente al diestro venezolano de 34 años Silvio Fernández, viejo zorro, forjado a la usanza del D’Artagnan de Alejandro Dumas, con una técnica endemoniada, milimétrico sentido de la distancia y ataques a fondo amparados en sus 1.90 metros de estatura. No por gusto exhibe el quinto peldaño del universo gracias a 151 rayas.  

 

Fíjense si es así que conociendo al dedillo a su coequipero Limardo (puntero del ranking con 244 puntos) lo envió a la discusión del otro bronce, tras pleito decidido 15-9.

 

Canadienses y estadounidenses fueron los otros espadistas temibles en concurso. Y que nadie dude que de la confrontación los antillanos salieron bien parados, pues Ferrer y Reytor blandieron sus espadas con tino, para culminar en la sexta y séptima posiciones, con botín de 21 rayas a sus posiciones actuales y doblegados nada más y nada menos que por Limardo y Fernández, en el caso de Reytor en apretado 15-14. Así, el saldo general de nuestros mosqueteros fue de siete sonrisas y tres fracasos, en su mayoría ante rivales mucho mejor posicionados y de mayor kilometraje al máximo nivel.

 

 Aún resta ver que pueden hacer arma en mano sablistas y las espadistas damas, comandadas por el avezado Pedro Enríquez. Por ahora ya sonaron los aceros con sabor a podio, confiemos en que algún otro metal se pueda ensartar.

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