sábado, 22 septiembre 2018, 02:54
Martes, 21 Mayo 2013 09:40

¿Do you habla Spanglish?

Escrito por  Yisell Rodríguez Milán
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No me robé este título. Lo tomé prestado de un viejo artículo del académico español Alberto G. Llombart y, justo como Robin Hood, fue por una buena causa...

No me robé este título. Lo tomé prestado de un viejo artículo del académico español Alberto G. Llombart y, justo como Robin Hood, fue por una buena causa: excavar en el «spanglish», esa mezcla idiomática demonizada por tantos especialmente los lingüistas—, pero, aun así, muy de moda entre los jóvenes cubanos.


En su texto, Llombart habla de cómo Estados Unidos pasó de ser un país monolingüe a convertirse en un melting-pot, o sea, multilingüe y asimilador de las lenguas y culturas de los inmigrantes. Y define el «spanglish», según él allí surgido, como «un code-switching o código cambiante, es decir, una alternancia de ambas lenguas (inglés y español) al hablar, con pocas reglas y muchas variaciones de tipo léxico, e incluso morfológico, sintáctico y discursivo».

Sin embargo, más que tanta conceptualización, yo prefiero la conclusión personalísima que un internauta publicó en su blog: «Spanglish es pues, lo que hablo, lo que escribo. It is who I am. Lo busco and when I find it, lo celebro. That’s the reason behind this post».


Ese es el espíritu de no pocos jóvenes citadinos de la Cuba de hoy. Citadinos sí, porque en el campo eso no se ve o se ve poco. Pero aquí, sobre todo en La Habana, el hablar mezclando, usando muchas veces como y donde no se debe el inglés, ya es una jerga.  


Hay quien dice que esta forma de comunicación, en medio de un panorama históricamente matizado por curiosos cubanismos, es una muestra más de nuestra originalidad lingüística. Los detractores del fenómeno, por el contrario, ven el «spanglish» como contaminación, jerigonza bastarda, híbrido que nos acerca (esto dicen los tremendistas) al fin del castellano como lo conocemos.


Pero el hecho, en la concreta, es que más allá de todo discutir filosófico y/o metatrancoso, ya él está en los medios de comunicación. Se «coló» en la prensa, en las películas, en las novelas, no falta en la literatura cubana más contemporánea, y abunda en las conversaciones, tanto del cubano «de a pie», como del funcionario público o el más ilustre intelectual.  


Es difícil esquivarlo. Siempre ya hay en Cuba un man o una woman por ahí cogiendo un break, cambiándose el look, echando un looking, caminando por las shopping, comiéndose un bistec, reseteando o formateando la computadora, escaneando, dando un click, disfrutando de un show, usando un walkie-talkie, viendo el making de una movie, revisando el e-mail, o living la vida loca en dos idiomas.


Somos expertos en manejar las palabras a nuestro antojo, o modificarlas. Nos divierte adaptarlas a nuestros ambientes, nos gusta como suena la fusión no solo del castellano cubanizado con el inglés, sino además, con el francés, el alemán, el ruso… Carecemos de fronteras.


Nuestra jerga es tan ocurrente como el cubano mismo, y tan arraigada como su espíritu nacional, pero me parece, ya van pasando de moda los cubanismos que nos llevaron a llamar «cajetilla» a las dentaduras postizas, «casasola» a los tacaños, «chivato» al delator o «filtro» al estudiante inteligente.


La cubanosofía se moderniza al ritmo de una generación, hoy adolescente o en sus años 20, que usa iPod y tablet, cocina en microwave, participa en lo que se llama pizza party y aún sin terminar de crecer piensa en el «bisness».


Eso ha condicionado la transformación de la comunicación y también que este español nuestro, lengua nativa de alrededor de 500 millones de personas, cada vez sea menos nuestro y más del mundo, aunque la decisión de usar o no esta fórmula a medio camino entre lo hispano y lo anglosajón continúe siendo una decisión tan personal e intransferible como el carné de identidad.

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Visto 3794 veces Modificado por última vez en Martes, 21 Mayo 2013 14:12

Comentarios  

 
#7 power 24-05-2013 09:02
deberían mezclarse todos los idiomas y que se hablara en el mundo uno solo, sería un paso más hacia la unidad y la paz entre los seres humanos
 
 
#6 armando 24-05-2013 08:56
Saludos: No debemos hacer de esta situación algo demasiado destacado.

Nuestro mundo se mueve entre 2 extremos;

el bien y el mal, el ying y el yang, el disciplinado y lo indisciplinado, el enfermo y el sano, el honesto y el corrupto.

el anormal y el anormal, el chistoso y el pesao,

“QUIEN HABLA ESPAÑOL EN CUBA CORRECTO ,

Y EL GROSERO QUE HABLA EL “BASURES…..”
 
 
#5 berta 23-05-2013 16:11
Es curioso que este fenómeno no ocurre solamente a los hispanohablante s. No hay más que ver cualquier serie o película norteamericana para notar, aunque en menor medida, como mezclan su idioma con el español. Es que ya hay muchos niños que han crecido más tiempo bajo el seno de la empleada latinoamericana que de su propia madre. La influencia de la comunidad latina es cada vez más creciente. En Cuba ha pasado esto en gran parte debido a la invasión cultural procedente de los Estados Unidos.
 
 
#4 NUREYA 23-05-2013 13:50
es cierto que los idiomas, como lenguas vivas que son, se transforman y enriquecen, pero no estoy de acuerdo con determinados "modismos", que lejos de enriquecer a nuestro español, lo deningran y empobrece
 
 
#3 Amauris Domínguez Me 23-05-2013 12:53
ansina mismo...all right
 
 
#2 geral 22-05-2013 10:56
yisi if you are looking this dame un ring para darte un call...
 
 
#1 Tide 21-05-2013 10:56
Muy buen artículo. Y no me asusta en nada que algunos, aunque no les guste a otros “fisnos”, se expresen distinto. Siempre he escuchado que los idiomas los hacen los pueblos (excepción del esperanto y algunos otros que no han pegado), así que adelante con esa forma tan peculiar de mezclar inglés con el español, más producto de las tecnologías que otra cosa.
Y tal vez ya lo hemos olvidado, pero con la llegada de los automóviles se produjo algo así, como ocurre ahora. En ese giro todavía se usaron y se usan, y mucho, las palabras inglesas: fotingo (por foot and go), jausing (por housing), delco (marca de fábrica de distribuidores) , picó (por pick up), y otras que ahora no recuerdo.
¿Y quién no usa de vez en cuando, por ejemplo, frigidaire? Y todo eso ya lleva años arraigados en el habla nacional.
 

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