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Sábado, 18 Mayo 2013 23:39

Obama:¿Yes we can?

Escrito por  Milenio
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Si Obama fracasa al tratar de controlar estos escándalos, en los próximos meses sólo conseguirá aumentar la desconfianza de los ciudadanos y alimentar la estrategia de los ultraconservadores...

 

 

El presidente Barack Obama intenta reconducir el segundo mandato tras una semana de escándalo, y nunca mejor dicho. Acceso secreto a los registros de las llamadas de los periodistas de Associated Press. Persecución de la Agencia Tributaria (IRS, pos sus siglas en inglés) a los grupos conservadores e «inexactitudes» respecto a la información facilitada al público sobre el atentado terrorista en Bengasi (Libia). Estos escándalos han desviado la atención del relato que el presidente había pensado para comenzar su segundo mandato. Además, ha dado munición a los republicanos para atacarle y negociar en sus próximas iniciativas legislativas.

 

Obama ha iniciado el contraataque con la destitución del máximo responsable del IRS y una investigación al Departamento de Justicia, acciones con las que, según el experto en política de la Universidad de St. Joseph´s Randall Miller, «quiere proyectar liderazgo». Por ello, se mostró adecuadamente enfadado ante la situación del IRS y se ha puesto a «limpiar la casa» y aclarar el aire. «Este posible escándalo de Hacienda es el más peligroso de todos (en referencia a Bengasi y Associated Press) porque la gente en general teme a la Agencia Tributaria, piensa que actúa de forma arbitraria, y se preocupa por ser perseguido por alguna razón», comenta el experto. «Los impuestos afectan a todos los estadounidenses. Por ello, cuando leen noticias así, piensan que esto me podría haber pasado a mí», añade.

 

Si Obama fracasa al tratar de controlar estos escándalos, en los próximos meses sólo conseguirá aumentar la desconfianza de los ciudadanos y alimentar la estrategia de los ultraconservadores para que los estadounidenses se centren en lo que no funciona y no le apoyen en las «gestas» que pueda conseguir en su último mandato.

 

Entre ellas podría destacar la reforma de las leyes sobre armas, a la que se oponen algunos senadores de su propio partido, temerosos de perder las elecciones de 2014. También, el intento de empezar a aplicar la reforma sanitaria que tanto le costó sacar adelante en marzo de 2010. A esta última tarea se añade otra complicación: una de los responsables de la Agencia Tributaria, sospechosa de haber perseguido al Tea Party, Sarah Hall Ingram, está ahora al frente de la oficina de la agencia de la ley sanitaria.

 

Estos escándalos también afectarán a los nuevos intentos del presidente por cerrar Guantánamo, la base que ha vuelto a las portadas de los medios de comunicación a consecuencia de la huelga de hambre iniciada por reos que llevan años encerrados. Ha sido otro de los grandes fracasos de Obama. Fue aplaudido por la comunidad internacional cuando en su campaña de 2008 prometió su clausura, pero se topó con la oposición del Congreso y la opinión pública de país, que no quiere a los presos dentro de sus fronteras.

 

Otro frente lo tiene Obama en la Prensa. Es fundamental que recupere su buena relación con los periodistas tras el escándalo de Ap, su mejor vehículo para hacer llegar su mensaje a los ciudadanos. No obstante, Miller considera que la «luna de miel» con los medios de comunicación acabó, y recuperar la confianza de otros sectores le llevará tiempo. Ha decepcionado a los progresistas con decisiones que tomó y otras que no tomó: además de no cerrar Guantánamo, ha sido más secretista que la Administración Bush y ha «vendido la reforma sanitaria y migratoria a los conservadores», concluye Miller en referencia al gran número de concesiones que ha hecho en estas leyes con el objetivo de que fueran aprobadas a toda costa.

 

Sin duda, si Obama no se hace con la confianza de los votantes pronto, se verá afectada la tarea de sacar este año la reforma migratoria, que prometió a los hispanos. Miller confía en que «pueda beneficiarse de su talento para la oratoria y de su suerte. «Siempre ha tenido suerte y más con sus rivales republicanos, mucho más torpes al tratar con la prensa y conectar con el público», resalta Miller.

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