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Lunes, 25 Marzo 2013 12:11

Nicolás el otro hombre, crónica de una batalla espiritual

Escrito por  Madelein García
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Chávez lo juro mi voto es por Maduro, tarareaba la gente al ver pasar al presidente Nicolás Maduro por la Circunvalación 2 en Maracaibo capital del estado Zulia.

 

 

Allá va! gritaba una mujer que al percatarse del autobús que conducía, se bajó del carro como muchos otros, sacó su bandera de Venezuela, puño arriba y al ritmo del viento que ondeaba el tricolor nacional brincaba diciendo "Maduro estamos con vos".

 

La principal avenida pronto se tiñó de chavistas que salían de sus casas al llegarle el rumor cual pueblo pequeño, que por allí estaba Nicolás, el hijo del líder de la revolución Hugo Chávez.

 

La autopista que atraviesa la ciudad de norte a sur se paralizó, los conductores abandonaron sus puestos, dejaron las puertas abiertas de los carros y celular en mano trataban de captar ese momento histórico.

 

Si, un momento histórico, era la primera visita del alto gobierno luego de haberle ganado las elecciones regionales a la oposición y era también, el primer encuentro sin su comandante querido que tanto luchó por recuperar con votos uno de los estados más estratégicos del país geopolíticamente hablando.

 

Dentro, en el autobús, Cilia Flores la compañera de vida del presidente Nicolás Maduro. En el silencio se reencontraba con cada persona que se acercaba para tratar de tomar la mano del candidato "tanto amor para Nicolás es de Chávez", fue la única frase que deslizó mientras sus ojos registraban el dolor que acompaña a todo el equipo del mandatario venezolano y que tratan de llevar con la altura de los guerreros.

 

De reflexión en reflexión, las ocurrencias de la gente le ponen la fortaleza espiritual a la batalla que delineó el comandante supremo.

 

De lejos se visualizó una mujer que comenzó a dar vueltas. En sus manos cargaba algo y bailaba como si sostuviera un santo, en realidad era un par de plátanos maduros, le tocó el turno de ver de cerca a Nicolás quien detuvo el autobús para disfrutar de la ocurrencia de aquella señora que plátanos en mano le decía, Maduro este soy vos y le vamos a dar con todo a la oposición el 14 de abril.

 

LA ÚLTIMA PARADA

 

Luego de recorrer 5 kilómetros y tocar la bocina durante todo el camino para dejar huellas que allí iba el candidato de la patria, la parada final fue el majestuoso estadio Luis Aparicio El Grande.

 

En el terreno del juego, la tarima, y enseguida dando la bienvenida al presidente Nicolás Maduro se escuchaban los tambores de San Benito.

 

Nicolás poso sus ojos sobre el santo Negro, por unos minutos miro al cielo, suspiro e hizo suyo ese pequeño instante donde quizás pidió fortaleza, tomó en sus manos al santo y lo bailó al ritmo de su plegaria.

 

Subió a la tarima, el show debe continuar dirían los artistas. Su cara pronto se transformó y dibujó una sonrisa "yo no debo desmayar ni flaquear frente a todo el pueblo que sufre" dijo un día en una entrevista a teleSUR.

 

Así que comenzó el mitin anticipado por la presentación del animador Wiston Vallenilla que se unió a los socialistas el pasado 10 de enero fecha en que el pueblo simbólicamente se juramentó mientras el presidente Chávez luchaba por su vida en La Habana, "aquí esta Nicolás Maduro el autobusero que la oposición quiere humillar por sus orígenes de obrero, pero es el candidato de la revolución, el hijo de Hugo Chávez como somos cada uno de nosotros y que es y seguirá siendo el próximo presidente de Venezuela", acentuó el artista revolucionario.

 

La continuidad del plan de la patria escrito por el propio presidente Chávez, el fortalecimiento de las misiones sociales principalmente barrio adentro y los médicos cubanos fueron el centro del discurso.

 

La obsesión de Capriles por Nicolás marcó también el mitin, de allí surgió el baile Nicolás, Nicolás, Nicolás que impone el estilo del presidente Maduro que desde un principio en los momentos más duros donde el llanto dejaba sin respiro al alma, aclaró que él no era Chávez "soy su hijo y trataré de hacerlo lo mejor juntos todos seremos Chávez".

 

El gran desafío, dijo José Vicente Rangel reconocido periodista y asesor del presidente Chávez, era que Maduro tratara de ser él mismo, así que siguiendo su espontaneidad, marcó la diferencia, se inventó el baile Nicolás, Nicolás, Nicolás una oda contra Henrique Capriles el candidato adversario que constantemente ataca a Maduro menospreciando sus raíces obreristas "el duerme y de pronto se despierta con sus ojos puyuos y dice Nicolás, Nicolás, Nicolás, está obsesionado conmigo", puntualizó Maduro mientras movía la cabeza de manera esquizofrénica.

 

Pronto invitó al público para que siguiera el nuevo baile mientras leía los mensajes de twitter que responde sin ninguna exclusión a chavistas y opositores, un elemento más que marca la diferencia.

 

En medio de la interacción con el pueblo que incansablemente no deja de recordar que "Chávez vive la lucha sigue", un adolescente fue escogido para estar en la tarima "yo no voto pero mi familia sí y todos te vamos apoyar por Chávez, nuestro padre, nuestro líder que nos dio voz a nosotros, los pobres y rodilla en tierra -inclinándose continuó- te digo Nicolás cuenta con este pueblo que somos los hijos del comandante supremo".

 

La madurez política del pueblo se hizo verbo en ese joven de apenas 14 años de edad. Nicolás lo tomó por sus manos, lo levantó y lo abrazo cobijando su dolor en el chamo que es sin duda el legado más sublime, la semilla revolucionaria que dejó el presidente Hugo Chávez.

 

Enseguida se estrenó la canción Maduro desde Mi Corazón, que inicia con las palabras pronunciadas por el presidente Chávez antes de partir a La Habana a su última operación el 8 de diciembre "mi decisión irrevocable, absoluta, como la luna llena es que frente a un hecho sobrevenido el candidato sea Nicolás", en ese momento Maduro apretó con sus manos el podio tratando de llenarse de fortaleza, cerró sus ojos asumiendo las palabras de Hugo Chávez, a su lado el Potro Álvarez que interpretando lo que en ese momento estaba sintiendo Nicolás, tomó el micrófono, le tocaba a él salir adelante mientras el llanto interno terminaba de bañar al presidente ahora el candidato por las circunstancias que el destino y la historia le designó.

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