miércoles, 19 septiembre 2018, 10:42
Domingo, 02 Diciembre 2012 20:34

Palestina: Derechos diferidos

Escrito por  Jorge Gómez Barata, especial para Cubasí
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Lo paradójico de este enrarecido proceso político es que Israel se convirtió en Estado con 33 votos, mientras que ahora con 105, Palestina solo alcanzó la condición de «Estado observador», que es apenas un simbólico premio de consuelo con escasas implicaciones prácticas.

Gran Bretaña apoyada por Estados Unidos, la Unión Soviética y no los palestinos concibió el proyecto para crear en el Medio Oriente un estado árabe y otro judío. La decisión fue endosada por el presidente norteamericano Harry Truman quien cortejaba electoralmente a la comunidad hebrea, mientras la Unión Soviética lo hizo por un error de cálculo de Stalin confundido por el origen filosocialista del sionismo internacional y la nacionalidad rusa o eslava de los líderes judíos.

    
Conmovidos por el destino de los judíos víctimas del holocausto, el resto de los países votaron a favor, mientras que los 10 estados árabes o islámicos votaron en bloque contra la decisión posición apoyada por Cuba. Consecuente con la «Doctrina Estrada», México se abstuvo, cosa que por sus propias razones hicieron también: Argentina, Colombia, Chile, El Salvador y Honduras.


En 1948 los árabes no constituyeron su Estado como indicaba la resolución adoptada porque, a diferencia de los hebreos que disponían de una poderosa infraestructura política y militar tanto internamente como en los ambientes internacionales, los palestinos carecían de líderes, organización, fuerzas y de recursos e internacionalmente nadie los representaba, los apoyaba ni los defendía.  


Entonces la representación del pueblo palestino fue ostentada por Amin al-Husayni, Gran Mufti de Jerusalén, ligado a los ocupantes británicos quien fue incompetente en un momento de tal trascendencia. Los estados árabes gobernados por impopulares oligarcas asumieron una pobre defensa del pueblo palestino. Años después los nacionalistas trataron sin éxito de revertir aquella situación usando la violencia en lugar de demandar la aplicación de la Resolución 181 de 1947.


Frustrado por los fracasos de las opciones violentas, Yasser Arafat, el más calificado, consecuente y pragmático de los líderes palestinos, avanzó en el terreno político y diplomático hasta lograr reconocimiento por la ONU y creando la Autoridad Nacional Palestina, un régimen autonómico para Gaza y Cisjordania que pareció ser la antesala del anhelado Estado.


La vida sin embargo no le alcanzó para llevar a feliz término su empeño, entre otras cosas, porque al final sus tácticas y las de su movimiento, Al-Fatah y la OLP encontraron la oposición de Hamas que prácticamente ha segregado la franja de Gaza y socavado los esfuerzos diplomáticos palestinos.  


Lo paradójico de este enrarecido proceso político es que Israel se convirtió en Estado con 33 votos, mientras que ahora con 105, Palestina solo alcanzó la condición de «Estado observador», que es apenas un simbólico premio de consuelo con escasas implicaciones prácticas.


Si bien es explicable que los países que en 1947 estuvieron en contra de la partición, 65 años después, consumada la existencia de Israel y la frustración del pueblo palestino, estén ahora a favor del reconocimiento del Estado Palestino. Tal es el caso de los países árabes y de Cuba.


Lo absurdo es que países que originalmente votaron a favor de la formación de sendos estados, árabe y judío, voten ahora en contra de que Palestina concrete lo acordado. Es el caso de Estados Unidos y Panamá. Inconsecuencias de la política. Allá nos vemos.

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