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Viernes, 23 Noviembre 2012 09:04

Israel por el exterminio palestino

Escrito por  Arnaldo Musa
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Tal como Israel vota a favor de EE.UU. en cada masivo rechazo a la criminal política de bloqueo contra Cuba, así Washington lo protege en sus acciones de odio al mundo árabe y especialmente al pueblo palestino.

 

La resistencia palestina que Israel trata de acabar de una vez y para siempre en Gaza, caiga quien caiga, encuentra en estos días a una población judía que aprueba mayoritariamente la represión ejercida a sangre y fuego por su gobierno, tal es el efecto de una propaganda bien dirigida para hacer creer que cualquier conato contra el coloniaje sionista debe ser castigado. 
                                                

Independientemente de diversas muestras internacionales de repudio a la constante guerra de exterminio que Tel Aviv realiza contra el pueblo palestino, nada se mueve a favor de los desfavorecidos de siempre, y permanece intacto el apoyo de Estados Unidos para vetar los intentos de impedir las acciones de venganza de su aliado sionista.
  
                                                                                                              
Más en los momentos en que este puede tener su puesto como Estado en la Organización de Naciones Unidas, al tiempo que el partido gobernante israelí adquiere el papel de salvador ante supuestas amenazas de enemigas, a fin de lograr la victoria en próximos comicios.
 
                                                                                                        
Este afán por terminar con la resistencia palestina data de1948, cuando la élite política en Israel quiso formar parte de Occidente, por lo que tuvo que navegar entre aguas incompatibles: mantener un Estado étnico y racista por un lado y, por otro, dar la imagen externa de ser un Estado democrático.
  
                                                               
Una manera de hacerlo ha sido mantenerse constantemente inmerso en un llamado proceso de paz, porque de este modo puede tener esa ocupación y discriminación en lo que es Palestina, bajo el pretexto de que existe un conflicto y que sus abusivas medidas ayudarán a terminarlo.
 
                                                                                    
Pero no quiere que el conflicto acabe, porque es el modo en que puede sobrevivir, es la forma de echar a los palestinos de su hogar. No desea alcanzar una solución.
   
                                                                                                                                                                                                    
Pero es que además de las medidas reales de fuerza, que dejan un abierto rastro sangriento, Israel aplica contra los palestinos lo mismo que hacía el régimen racista sudafricano antes de la liberación: el apartheid. 
                                                                                                                    

Se hacen más latentes las leyes al efecto: las hay de puro apartheid, por ejemplo, en el campo de la tenencia de la tierra. Los no judíos no pueden poseer la tierra. Hay otras legislaciones que discriminan a los no judíos en las prestaciones sociales, educación y otros ámbitos.
 
                                                                                            
Hay un segundo nivel de políticas prácticas que discriminan a un grupo de gente sólo porque son árabes: no se les proporcionan los mismos beneficios que el Estado da a los demás y se les niegan sobre la base de su origen étnico o nacional.
                                                                        

Y por último existe el apartheid moral, que genera una segregación en la mente de la mayoría judía de que los palestinos no son una parte legítima de la sociedad. No es una política, sino una atmósfera, una mentalidad, que es peor. De ahí que el 80% apruebe la actual represión en Gaza, los asesinatos masivos y selectivos.
 
                                                                                                       
Israel es un Estado del apartheid muy particular. No es como Sudáfrica, donde había autobuses y aseos separados. El término para esto es “pequeño apartheid”, aunque es aún más malo: no lo ves, pero lo sientes.
                                                                                                                   

Y en medio de esta discriminación siguen la represión, los bombardeos y la cada vez mayor ocupación, como respuesta injusta a los legítimos reclamos palestinos de reivindicación.
                       

Ahora se lucha porque haya un Estado palestino, antecedido hace algún tiempo por el izaje de la bandera de Palestina en la sede de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, en Ginebra, Suiza.
                                                           

Así, la mayor parte de la  comunidad internacional estaba reconociendo la heroica resistencia de un pueblo que aún no ha recuperado sus tierras, ni construido un Estado.

                                                                  
La respuesta del Imperio fue eliminar la ayuda a la entidad de la ONU, y la israelí, la de volver a bombardear la Franja de Gaza, como hoy lo sigue haciendo, y reprimir manifestaciones y detener dirigentes en Cisjordania, sin provocación alguna o fabricando esta. La situación es tal que la incertidumbre nubla nuestra comprensión de hasta donde podrá llegar la resistencia del heroico pueblo palestino, inerme muchas veces ante el poderío militar de un enemigo que quiere borrarlo del escenario mundial.        

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